La mitad de la población adulta sufre cefaleas, pero más de una persona de cada diez convive con migraña. En Cataluña esto representa unas 700.000 personas, y en España más de cinco millones. A pesar de estas cifras, la migraña sigue siendo una gran desconocida. A menudo se confunde con un dolor de cabeza fuerte, cuando en realidad es una enfermedad compleja del sistema nervioso central y la más incapacitante en menores de 50 años, según la Organización Mundial de la Salud.
Una cefalea habitual suele ser un dolor leve o moderado, que se sitúa entre el 1 y el 5 en una escala de 10, y suele mejorar con analgésicos comunes como el paracetamol o el ibuprofeno. No acostumbra a ser invalidante y a menudo está relacionada con tensión muscular, estrés, falta de sueño o infecciones leves.
La migraña, en cambio, va mucho más allá del dolor. Tal como explica la neuróloga Neus Fabregat, directora de la Unidad de Cefalea y Algia Facial del Hospital Clínic de Barcelona, se trata de una patología neurológica que puede incluir sensibilidad extrema a la luz, a los ruidos y a los olores, náuseas, vómitos, problemas de concentración y, en algunos casos, aura: alteraciones visuales, hormigueo o dificultades para hablar.
Uno de los grandes retos es el diagnóstico. Se calcula que la mitad de los pacientes con migraña no están diagnosticados y que pueden pasar hasta seis años antes de obtener una confirmación médica. El estigma social y laboral juega un papel importante, especialmente entre las mujeres, que la padecen tres veces más que los hombres. Además, no aparece en pruebas de imagen, lo que dificulta aún más el reconocimiento de la enfermedad.
Existen migrañas episódicas y crónicas. Se habla de migraña crónica cuando hay más de 15 días de dolor de cabeza al mes, al menos ocho de los cuales son migraña, durante tres meses consecutivos. En estos casos, el impacto en la vida personal y profesional es enorme: un 25% de los pacientes tiene problemas laborales y casi un 30% ve frenada su carrera.
La migraña tiene una base genética en ocho de cada diez casos y está relacionada con un cerebro especialmente sensible a ciertos estímulos. Factores como el estrés, los cambios hormonales, las alteraciones del sueño o de las comidas pueden desencadenar las crisis.
No tiene cura, pero se puede tratar y prevenir
Aunque no tiene cura, sí que se puede tratar y, en muchos casos, prevenir. Mantener hábitos regulares, dormir bien, evitar ayunos, hacer ejercicio y aprender a identificar los propios desencadenantes es clave. También existen tratamientos específicos, tanto para los ataques agudos como de forma preventiva, adaptados a cada paciente.
El mensaje principal de los especialistas es claro: ante dolores de cabeza recurrentes o incapacitantes, hay que consultar al médico lo antes posible. Un diagnóstico precoz puede evitar la cronificación y mejorar notablemente la calidad de vida. Y, sobre todo, hay que hablarlo: la migraña existe, es real y merece ser entendida.
Fuente: www.3cat.cat/3catinfo/
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