Mi madre, Isabel Salud Prados, falleció la madrugada del 4 de marzo en el Hospital de Mataró. Ahora toca agradecer la intervención, la talla humana y la dedicación impecables de todos, a menudo más allá de lo estipulado.
Una larga lista de profesionales, implicados en la atención recibida por mi madre durante sus últimos años de enfermedad severa e incapacitante. Trabajadores sociales, personal de cuidados domiciliarios, médicos y enfermeras, con una mención especial para el personal de la residencia geriátrica Cerdanyola de Mataró. Sin todas ellas, no solo habría sido aún más doloroso, sino imposible. Gracias.
Ahora más que nunca creemos que es necesario poner en el lugar de honor que merecen los cuidados a la persona, lamentablemente menospreciados. Porque, al contrario de lo que algunos defienden, mercadear con la salud no es libertad (sic), sino un negocio obsceno.
Y por último, agradecimiento infinito, por la profesionalidad y por el tacto, a la enfermera de urgencias que supo explicar a mi padre, de noventa años, el qué y sobre todo el cómo.
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