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Cuando los auriculares dejan de ser inocentes

Redacció

Música a todo volumen: cuando los auriculares dejan de ser inocentes

El uso prolongado y a volumen alto puede provocar pérdida auditiva, irritaciones y alterar la manera como interactuamos con el entorno

 

Auriculares en la calle, en el transporte público o incluso caminando por el barrio. Para muchas personas, se han convertido en un complemento imprescindible del día a día. Música, podcasts o llamadas nos acompañan constantemente, a menudo a volúmenes elevados y durante muchas horas. Pero este hábito aparentemente inofensivo puede tener consecuencias tanto para la salud auditiva como para la manera en que nos relacionamos con el entorno.

El uso prolongado de auriculares a volúmenes altos puede provocar daños irreversibles en el oído. Según los especialistas, escuchar música fuerte de manera continuada puede causar lo que se conoce como trauma acústico, una lesión que afecta la audición y que no siempre tiene marcha atrás. A partir de los 85 decibelios, el riesgo aumenta de manera significativa, y si necesitamos subir mucho el volumen para oír bien, puede ser un primer signo de alerta de pérdida auditiva.

Para proteger el oído, los profesionales recomiendan aplicar la conocida regla del 60/60: no superar el 60% del volumen del dispositivo y hacer pausas cada 60 minutos. Activar límites de volumen en el móvil o poner un temporizador puede ayudar a seguir esta pauta sin obsesionarse. En entornos ruidosos, como el metro o la calle, los auriculares con cancelación de ruido son una buena opción, ya que permiten escuchar contenidos a un volumen más bajo. En conciertos y festivales, los tapones protectores también pueden prevenir exposiciones extremas.

No todos los auriculares afectan al oído de la misma manera. Los especialistas aconsejan priorizar los modelos de diadema frente a los intracanal, que se introducen dentro del conducto auditivo. Estos últimos pueden favorecer irritaciones, acumulación de humedad e incluso infecciones. Además, compartir auriculares —sobre todo los de botón— no es recomendable, ya que pueden transmitir bacterias y hongos. Mantenerlos limpios y secos es clave para evitar problemas.

Señales de alarma

Las señales de alarma más habituales son el tinnitus —un zumbido o silbido tras escuchar música—, la sensación de oído tapado o la dificultad para seguir conversaciones. Si estos síntomas persisten, se debe consultar a un especialista. También influyen factores como el consumo de alcohol, tabaco o drogas, así como el envejecimiento natural del oído.

Más allá del impacto físico, los auriculares también influyen en la manera en que nos relacionamos. No generan aislamiento por sí solos, pero sí que pueden reducir la interacción con el entorno y favorecer una atención más centrada en uno mismo. Escuchar música en el metro puede ser inofensivo, pero hacerlo en calles con mucho tráfico o en compañía puede afectar tanto la seguridad como la conexión social.

Los expertos coinciden en que no hay que demonizar los auriculares: pueden ayudar a relajarnos, concentrarnos o gestionar el estrés. El problema aparece cuando se hace un uso abusivo o evasivo. Tal vez, de vez en cuando, convenga quitárselos, levantar la cabeza y volver a escuchar el mundo que nos rodea.

Fuente: www.3cat.cat/3catinfo


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