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Árboles muertos en un bosque del Maresme. Foto: ACN

Vern Bueno Casas

Los bosques del Maresme, en peligro de muerte: ni las lluvias recientes los salvan

Mueren el doble de árboles que el año anterior a pesar de las precipitaciones de los últimos meses, un fenómeno que sitúa la comarca ante un escenario de riesgo elevado de incendios y riadas

 

Solo hace falta pasear por los bosques del Maresme para comprobar que las lluvias de los últimos meses no han sido suficientes para frenar la degradación forestal. Pinos secos, encinas debilitadas y extensas zonas de vegetación muerta dibujan un paisaje preocupante en una comarca donde el 65% de la superficie es forestal. Los datos lo confirman: durante 2024 murieron el doble de árboles que el año anterior, una tendencia que, lejos de revertirse, se consolida.

Esta situación ha centrado una reunión de trabajo celebrada esta semana en el Consell Comarcal del Maresme, con la participación de la Generalitat, la Diputación de Barcelona, los parques naturales del Montnegre-Corredor y de la Serralada Litoral, las asociaciones de propietarios forestales, las ADF y el cuerpo de Bomberos.

El diagnóstico compartido por todos los agentes es claro y contundente: los árboles muertos o gravemente afectados por el estrés hídrico son irrecuperables. Por ello, los esfuerzos deben concentrarse en preservar la masa forestal sana y en reforzar la resiliencia de los bosques ante una emergencia climática marcada por sequías prolongadas y episodios de lluvias cada vez más intensas.

Contraste entre hojas verdes y árboles muertos en un bosque del Maresme. Foto: ACN

Gestión forestal o degradación acelerada

Los participantes coincidieron en que la clave pasa por una gestión forestal activa, sostenida y coordinada. Actuaciones como la retirada de árboles muertos, las claras de mejora o la reducción de la densidad forestal son imprescindibles para reducir riesgos y mejorar la salud del bosque. Pero estas intervenciones requieren un incremento significativo de los recursos económicos, en un contexto en el que la propiedad forestal está muy atomizada y el mantenimiento resulta poco rentable.

La consejera de Medio Natural del Consell Comarcal del Maresme, Marta Gómez, ha alertado de que la degradación de los bosques es especialmente grave en la comarca por su alto riesgo de incendio. “Los bosques del Maresme son un polvorín para la seguridad: somos una comarca densamente poblada, con un uso recreativo muy intenso del bosque y con un elevado número de viviendas situadas en zonas forestales”, ha advertido.

Gómez también ha puesto el foco en otro efecto a menudo menos visible pero igualmente peligroso: el aumento del riesgo de riadas. La pérdida de masa forestal reduce la capacidad del territorio para absorber el agua cuando llueve con intensidad, un fenómeno cada vez más habitual. En este sentido, ha reclamado a la Generalitat que amplíe el monitoreo de las zonas forestales del Maresme para realizar un seguimiento continuado de su evolución, advirtiendo de que las perspectivas a corto y medio plazo no son optimistas.

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Un problema estructural con consecuencias a largo plazo

La situación actual de los bosques del Maresme no es fruto de un único factor, sino de la confluencia de diversas causas. Por un lado, el impacto del cambio climático, con sequías persistentes y temperaturas más elevadas, ha debilitado gravemente los árboles. Este estrés hídrico ha facilitado la proliferación del tomicus, un escarabajo autóctono que se ha convertido en una auténtica plaga y que está matando a miles de pinos, incapaces de defenderse.

A ello se suma la falta de gestión forestal, derivada de un modelo de propiedad muy fragmentado y de unos costes de mantenimiento elevados que hacen poco atractiva cualquier inversión en el bosque.

Las consecuencias, según los expertos, pueden ser profundas y duraderas. De cara a 2050, el paisaje del Maresme podría cambiar radicalmente: los bosques densos darían paso a matorrales, con una imagen cada vez más parecida a la del sureste peninsular. Paralelamente, las riadas serían más violentas por la falta de vegetación capaz de frenar el agua, y el riesgo de incendio aumentaría por la acumulación de árboles secos y muertos.

Un escenario en el que, paradójicamente, lloverá menos pero de forma más intensa, agravando tanto los temporales marítimos como las inundaciones repentinas. Un cóctel explosivo que sitúa a los bosques del Maresme en el centro de una emergencia ambiental y de seguridad que ya no admite más aplazamientos.

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