El alcalde de Calella, Marc Buch, califica la situación vivida en Rodalies este inicio de año como “un desastre absoluto”, en referencia a las averías graves, trenes parados por la lluvia y jornadas de caos ferroviario que han afectado a miles de usuarios, aunque admite que era un escenario perfectamente previsible. “Ha pasado ahora porque ha llovido, pero no nos sorprende”, asegura. Para Buch, los incidentes recientes abren un interrogante inquietante: “Si de repente ha dejado todo de funcionar y ha habido todos los incidentes que hemos ido viendo, ¿nos hemos estado jugando la vida hasta ahora?”.
Más allá de los episodios puntuales, el alcalde sitúa el problema en una falta estructural de inversiones en el Alt Maresme. Considera que la situación actual es la consecuencia de años de desatención por parte del Estado. “Aquí hay reproches a repartir para todos los colores, pero el problema principal es que durante años se ha dejado de invertir y de hacer el mantenimiento necesario”, afirma. Buch recuerda que la línea del Maresme fue la primera del Estado español, construida con fondos privados, y denuncia que posteriormente “el Estado ha dejado de invertir en ella”. Según él, la situación evidencia que “hay cosas que no se quieren solucionar desde Madrid”.
En cuanto a las soluciones, plantea una doble vía. A corto plazo, reclama actuaciones inmediatas en Rodalies para garantizar el funcionamiento del servicio y mejorar el estado de las estaciones. “Hay que empezar por hacer que funcionen los trenes y que las estaciones estén en condiciones”, apunta.
Vía entre Sant Pol y Calella, en el Maresme
A largo plazo, sin embargo, defiende una transformación profunda: quitar la línea de tren de la primera línea de mar. En Calella, especialmente en el tramo conocido como la línea de las rocas, advierte que los temporales impactan directamente sobre la infraestructura. “Los trenes llegan a mojarse; en algún momento esta línea se la acabará tragando el mar”, alerta. Por ello, se muestra partidario de alejar el trazado del frente marítimo, tanto por seguridad como porque considera que la vía actual es “una barrera arquitectónica y un peligro”.
Sobre el modelo de gestión, Buch apuesta claramente por que la infraestructura y el servicio pasen a manos de la Generalitat a través de Ferrocarriles de la Generalitat. “Se ha demostrado que Renfe no funciona y que tiene la mentalidad de que en Cataluña no debe invertir”, sostiene. En este sentido, reclama “un traspaso del 100% de Rodalies” y concluye: “Si ellos no lo quieren hacer, que nos dejen hacerlo a nosotros, que sí que lo haremos”