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Panorámica del parque natural de Montnegre Corredor

Vern Bueno Casas

El Maresme que parece Pirineo: caminos y bosques para disfrutar de la naturaleza cerca de casa

Tres parques naturales en el Maresme que ofrecen bosques frondosos, cumbres panorámicas y un patrimonio monumental sorprendente, con rutas sencillas para descubrirlos cerca de casa

 

Cuando pensamos en el Maresme, la imagen que nos viene a la cabeza es la del mar, las playas y los paseos marítimos. Pero basta con subir unos cuantos kilómetros hacia el interior para que el paisaje cambie radicalmente. Las rieras se encajan entre colinas, los caminos se adentran en bosques sombríos y las cumbres ofrecen miradores que recuerdan, salvando las distancias, los paisajes del Prepirineo. No encontraremos grandes picos ni nieve persistente, pero sí una sensación de montaña verde y silenciosa que sorprende por su proximidad a la ciudad.

Este “Maresme que parece Pirineo” es fruto de una combinación única: relieves suaves pero constantes, orientaciones que retienen la humedad y una transición climática entre el Mediterráneo y el Vallès que permite la presencia de especies propias de climas más frescos. A diferencia de los Pirineos, aquí todo es más accesible, más cercano, más cotidiano. No hay grandes alturas, pero sí una enorme riqueza de paisajes, patrimonio y caminos. Tres parques naturales lo hacen posible: la Serralada de Marina, el Montnegre i el Corredor y la Serralada Litoral.

Sant Marti de Montnegre

Parque de la Serralada de Marina: el bosque junto a la ciudad

Enclavado entre Badalona, Santa Coloma, Tiana y Montgat, el Parque de la Serralada de Marina es una auténtica frontera verde entre el área metropolitana y el Maresme. Con más de 2.000 hectáreas protegidas, forma parte de la Serralada Litoral y actúa como un corredor ecológico entre Collserola, el Besòs y los valles interiores.

La espectacular cartuja de Montalegre

A pesar de la presión urbana, conserva una sorprendente diversidad de hábitats. En las laderas más húmedas dominan los encinares y robledales, mientras que en las zonas soleadas aparecen pinares, garrigas y matorrales. Destacan también los bosques de ribera y los prados de diente, que conectan ecológicamente las diferentes zonas del parque. Esta variedad favorece la presencia de aves migratorias como el collalba rubia, el alcaudón común o la curruca tomillera, y rapaces como el halcón abejero o el halcón de Eleonora.

La Marina es también un museo al aire libre. Encontramos yacimientos ibéricos como Puig Castellar, les Maleses o el turó d’en Boscà, y joyas monumentales como la Cartuja de Montalegre, única cartuja activa de Cataluña, el Monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, Sant Pere de Reixac o Sant Cebrià de Cabanyes. Las fuentes naturales –del Tort, del Amigó, de l’Alzina o de l’Alba– completan un paisaje donde historia y naturaleza se funden.

El Mirador de Galzeran, entre Alella y Tiana

Un tercer elemento que define el parque es su vitalidad. Todavía hay viñedos, huertos y cereales, y el sector servicios ha crecido con iniciativas como “Parc a taula”, que promueve la gastronomía de proximidad. La gestión, integrada en la Xarxa de Parcs Naturals de la Diputació de Barcelona, apuesta por un equilibrio entre conservación y uso social, con programas como “Viu el parc” o “Poesia als parcs”, que acercan la cultura al entorno natural.

Para descubrirlo sin dificultad, la Diputació de Barcelona propone itinerarios como la Ruta de las Fuentes de Santa Coloma (4 km, circular) o el recorrido entre Sant Jeroni y la Cartuja de Montalegre. Se pueden consultar en este enlace.

Parque del Montnegre y el Corredor: el gran pulmón verde del Maresme

Si hay un espacio que hace entender por qué se habla de un “Maresme pirenaico”, es el Parque del Montnegre y el Corredor. Con 15.010 hectáreas, se extiende entre la costa y el Vallès Oriental y está formado por dos macizos bien diferenciados: el Corredor, de relieves suaves y coronado por el santuario del mismo nombre (657 m), y el Montnegre, más abrupto y sombrío, con cimas que superan los 760 metros.

Ciclistas en el santuario del Corredor

Aquí el contraste climático es evidente. En las laderas litorales predominan los pinares, encinares, alcornocales y robledales, mientras que en el interior abundan los castaños y los bosques caducifolios, que crean un ambiente más fresco y húmedo. Esta combinación permite la convivencia de especies mediterráneas y centroeuropeas, algo poco habitual tan cerca del mar.

La riqueza natural se refleja también en la fauna: ginetas, ardillas, lirones caretos, aves como el pechiazul o la becada, y grandes rapaces como el águila culebrera o el ratonero común. Es un territorio vivo, donde la biodiversidad convive con la actividad humana.

Dólmenes en el parque natural de Montnegre-Corredor

El parque conserva dólmenes neolíticos como la Pedra Gentil o Ca l’Arenes, iglesias románicas y góticas, santuarios como el del Corredor, y masías históricas como Can Pradell de la Serra, Can Bosc o Ca l’Oller de Fuirosos. Tradicionalmente, la economía se ha basado en el aprovechamiento forestal –corcho, leña, piñones– y hoy se añaden la biomasa y la ganadería extensiva, que ayuda a prevenir incendios.

Entre las rutas fáciles destacan el Itinerario del Santuario del Corredor (3,5 km) y la Ruta de la Pedra Gentil en Vallgorguina. Para más información, haga clic aquí

Parque de la Serralada Litoral: el balcón verde entre el mar y el Vallès

El tercer gran espacio es el Parque de la Serralada Litoral, situado entre el río Besòs y la riera de Argentona, con una superficie de 7.408 hectáreas. Incluye el Espacio de Interés Natural Conreria–Sant Mateu–Céllecs y actúa como conector ecológico entre el litoral y los valles interiores del Vallès.

Céllecs, en el Parque de la Serralada Litoral

El parque se caracteriza por un clima mediterráneo, relieves suaves y una gran diversidad de hábitats: encinares, pinares de pino piñonero y pino blanco, zonas agrícolas y pequeños cursos de agua. Esta variedad acoge una fauna muy rica, con mamíferos como la ardilla, el zorro o el tejón, así como numerosas aves forestales, rapaces y anfibios como el tritón verde.

La presencia humana es antiquísima y ha dejado un patrimonio excepcional: dólmenes neolíticos, poblados ibéricos, ermitas románicas y castillos, entre los que destaca el castillo de Burriac, auténtico símbolo del parque y del Maresme. También sobresalen espacios como la Roca d’en Toni, la Cruz de Montcabrer o las rutas prehistóricas de Céllecs, que permiten leer el paisaje como un libro abierto.

El castillo de Burriac, emblema del Maresme

Hoy, la agricultura, la ganadería y la explotación forestal conviven con el turismo sostenible, los equipamientos pedagógicos y las iniciativas gastronómicas como “Parc a taula”, que conectan territorio y producto local.

La subida al castillo de Burriac desde Cabrera de Mar (3 km) o la ruta prehistórica de Céllecs son dos opciones sencillas para adentrarse en esteentorno. Todos los detalles, aquí