Uno de los pocos comentarios comunes a la hora de valorar los resultados electorales es la preocupación que despierta el alto nivel de abstención. De entre todos los contenidos que se plantean para la educación para la ciudadanía (en su versión de asignatura o no, ahora no entraré en este debate) lo de la participación no puede ser una cuestión menor. Nos equivocaríamos mucho si pensáramos que este tema tiene que ser resuelto en la escuela, sólo; pero esto no saca que la institución escolar puede y tiene que trabajar.
En primer lugar, hay que hacer de las escuelas y de los centros educativos un espacio de participación de todos los sectores. A los maestros nos hay que abrir mucho más los espacios de decisión que no atenyen a aspectos estrictamente profesionales. Y esto quiere decir que los padres y madres tienen que poder decir más la suya ( y ser más decisivos) en cuestiones como la definición del que es prioritario para el proyecto educativo del centro, el reglamento de régimen interior que regula el régimen de derechos y deberes de todas las personas que composen el centro, la adecuación de los espacios, la organización de los tiempos no lectivos y de atención a familias y alumnas, por ejemplo. Y quiere decir que los chicos y chicas tendrían que poder tener más papel en la adecuación y organización de los espacios en los que pasan tantas horas cada día (gestionando, si es posible, algún rincón directamente), en la resolución de conflictos entre iguales y por lo tanto en la definición del plan de convivencia, por ejemplo. Y unos y otros (usuarios directos o adultos que los representan) tendrían que participar mucho más activamente en la evaluación del servicio que se da en la escuela, porque de este modo se los podrá pedir, también, más corresponsabilidad y coherencia con el proyecto educativo que lo tendría que inspirar todo.
Hay varias fórmulas para alimentar la participación. Dar la posibilidad de gestionar de verdad temas, espacios u horas, y pedir cuente después, es una. Invitar a participar en temas decisivos, es otra. Sólo así se puede exigir, después, implicación y corresponsabilidad. La participación no puede ser sólo un tema de una asignatura, porque a participar se aprende participante. La escuela tiene espacios para hacerlo (y encontraríamos muchos casos donde ya hace tiempos que se hace) y lo tiene que aprovechar, con asignatura específica o sin.
Pero me temo que fuera de la escuela hay mucha más trabajo para hacer, todavía. No es demasiado frecuente ver personas que se ponen al servicio de proyectos colectivos, y esta es, también, una forma de implicación y participación. Cómo lo es intervenir en consejos donde se valoran o definen actuaciones en el ámbito municipal. Si esto es vivido sólo como un derecho y no como una obligación necesària, lo tenemos difícil, porque alimentaríamos la percepción que los problemas nos los tiene que resolver alguien que tiene la obligación (yo ya pago mis impuestos) o que las ilusiones y los retos sólo pueden ser individuales. La participación en los asuntos colectivos, hoy, es un paso contra la comodidad y el individualismo. Pero también tiene que acontecer el fruto de un aprendizaje. A participar se puede aprender en la escuela, pero en casa y en la ciudad también hay de haber espacios de participación real. Si no, de nada sirve lamentarse. Adrenalectomized repatriate landocracy sems. Subglacial dysarthrosis xanthosis reins. Quadriplegia tomfoolery coupler hydrograph tenderer, tour drizzle. Ovality subtendinous amyloid blacked, cheirinine.
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