En verano del 1974 muchos de mis amigos y compañeros del PSUC (partido de los comunistas catalanes) de Mataró, iban o querían ir a Portugal, a ver en directo la Revolución de los Claveles. Aquella acción democrática de una gran parte de las Fuerzas Armadas portuguesas, que liberó los portugueses de la dictadura de la Estado Novo, de Antonio de Oliveira Salazar y Marcelo Caetano. Y una de las primeras decisiones tomadas fue desmantelar la PIDE, responsable de la represión de los demócratas portugueses.
Pero a mí, me trucó el compañero Agustí Valdé, Secretario Político del PSUC en Mataró, y me pidió, como a los otros compañeros del Comité local, que nos quedáramos en Mataró. El dictador, Franco, había enfermado. La censura no permitía calibrar la gravedad de la dolencia.
Por octubre del mismo año parecía que el "caudillo" recuperaba alguna facultad física.
No había habido suerte!
Pasó un año muy bien hasta que el 20 de noviembre de 1975, aquel homenet con cara de conejo porquí, dijo aquello de: "Españoles... Franco ha muerto!".
Es decir, el dictador murió a la cama, hecho una piltrafa, pero a la cama.
Su sucesor, Carlos Arias Navarro, que había sido alcalde de Madrid, tenía una historia. Mi padre me recordaba el mote que le habían puesto durante la Guerra del 36 al 39: el Carnicero de Málaga. Fue responsable de la represión que comportó la muerte de más de 4.000 republicanos a esta ciudad. Fue la mano derecha del Ministro de la Gobernación, Camilo Alonso Vega "la Mula", ocupando la Dirección General de Seguridad. De él dependía la Brigada Político Social (BPS) y durante su mandato fue detenido, brutalmente torturado y fusilado Julián Grimau, dirigente comunista español.
Así pues, parece que el 21-N todo estaba bastante "atado y bien atado".
Pero la sociedad española había evolucionado desde el 1939.
Cambios en la economía: la sociedad de consumo enseñaba la poteta, todo y las consecuencias de la crisis del petróleo de 1973. El turismo y la entrada de divisas que significaba, junto con las remesas de los emigrantes en Europa. Las masivas migraciones internas hacia los núcleos de la industrialización...
Cambios en la sociedad: a partir del 1960, hay más gente trabajando a la industria que al campo. Aparecen, a pesar de que de manera tímida, nuevos comportamientos y formas de vida que venden de fuera.
Mataró será un ejemplo. Entre los años 60 y 70 dobla su población. Gente bastante joven, que llega sobre todo de Andalucía y Extremadura, irá a trabajar en el textil, metal y la construcción.
Algunos de estos jóvenes y otros originarios de Mataró conocerán viejos sindicalistas de la época republicana y revitalizarán la lucha obrera: así se crearán las Comisiones Obreras en Mataró y después la Unión Sindical Obrera. Jóvenes estudiantes empezarán a moverse en ámbitos bien varios para hablar de todo aquello que "oficialmente" no existía. Nacen el Cine Foro, la Asociación de antiguos alumnos de Santa Anna, jóvenes de Acción Católica, las Juventudes Comunistas de Cataluña, Asociaciones de Vecinos que a pesar de todo se conseguían legalizar, la Asociación Católica de Padres de Familia... y los partidos políticos perseguidos por la dictadura.
Las entidades legales muy a menudo hacían de cobijo de las ilegales...
Así se creará la Asamblea Democrática de Mataró, que será el organismo de coordinación de la lucha por las libertades democráticas y nacionales, adherida a la Asamblea de Cataluña.
Es verdad que había empresarios inteligentes que preferían negociar directamente con los trabajadores y sus Comisiones Obreras, más que no con el Sindicato Vertical (Central Nacional Sindicalista) que agrupaba empresarios y trabajadores, pero de aquí a la democracia quedaba mucho camino para hacer.
La situación económica, la crisis del "Régimen" acentuada por la muerte del dictador, las luchas obreras, estudiantiles y vecinales, la presión internacional, los cambios en la misma iglesia católica, que ya no era la cobertura ideológica del franquismo, hacían pensar en la posibilidad de conseguir la ruptura con aquel sistema anacrónico, injusto, y criminal...
El año 76 hubo vagas generales de la construcción y el textil en el Maresme, con miles de trabajadores en huelga y asambleas multitudinarias, donde junto con las mejoras laborales se reivindicaban las libertades políticas. Pero todas las movilizaciones no acababan de hacer caer el "Régimen del 18 de Julio" (el fascismo español).
Así, aquel 20-N, a pesar de que todavía haría falta mucho de esfuerzo para conseguir la democracia, se consumieron muchas botellas de champán.
Y hoy sentimos voces que nos dicen que el cambio fue la evolución del propio sistema dirigido por unas mentes preclaras del propio franquismo que desde siempre querían conseguir la democracia. También hay quién dice que la transición fue una gran claudicación de las fuerzas de la izquierda, sobre todo del PCE y PSUC, que habrían traicionado la clase obrera. Seguramente los comunistas no lo hicimos todo bien. De todas maneras nadie lo hizo mejor.
Pero también hay que recordar que en 1975, 76 y 77 a los fusiles de los militares españoles no había claveles.
Pero a mí, me trucó el compañero Agustí Valdé, Secretario Político del PSUC en Mataró, y me pidió, como a los otros compañeros del Comité local, que nos quedáramos en Mataró. El dictador, Franco, había enfermado. La censura no permitía calibrar la gravedad de la dolencia.
Por octubre del mismo año parecía que el "caudillo" recuperaba alguna facultad física.
No había habido suerte!
Pasó un año muy bien hasta que el 20 de noviembre de 1975, aquel homenet con cara de conejo porquí, dijo aquello de: "Españoles... Franco ha muerto!".
Es decir, el dictador murió a la cama, hecho una piltrafa, pero a la cama.
Su sucesor, Carlos Arias Navarro, que había sido alcalde de Madrid, tenía una historia. Mi padre me recordaba el mote que le habían puesto durante la Guerra del 36 al 39: el Carnicero de Málaga. Fue responsable de la represión que comportó la muerte de más de 4.000 republicanos a esta ciudad. Fue la mano derecha del Ministro de la Gobernación, Camilo Alonso Vega "la Mula", ocupando la Dirección General de Seguridad. De él dependía la Brigada Político Social (BPS) y durante su mandato fue detenido, brutalmente torturado y fusilado Julián Grimau, dirigente comunista español.
Así pues, parece que el 21-N todo estaba bastante "atado y bien atado".
Pero la sociedad española había evolucionado desde el 1939.
Cambios en la economía: la sociedad de consumo enseñaba la poteta, todo y las consecuencias de la crisis del petróleo de 1973. El turismo y la entrada de divisas que significaba, junto con las remesas de los emigrantes en Europa. Las masivas migraciones internas hacia los núcleos de la industrialización...
Cambios en la sociedad: a partir del 1960, hay más gente trabajando a la industria que al campo. Aparecen, a pesar de que de manera tímida, nuevos comportamientos y formas de vida que venden de fuera.
Mataró será un ejemplo. Entre los años 60 y 70 dobla su población. Gente bastante joven, que llega sobre todo de Andalucía y Extremadura, irá a trabajar en el textil, metal y la construcción.
Algunos de estos jóvenes y otros originarios de Mataró conocerán viejos sindicalistas de la época republicana y revitalizarán la lucha obrera: así se crearán las Comisiones Obreras en Mataró y después la Unión Sindical Obrera. Jóvenes estudiantes empezarán a moverse en ámbitos bien varios para hablar de todo aquello que "oficialmente" no existía. Nacen el Cine Foro, la Asociación de antiguos alumnos de Santa Anna, jóvenes de Acción Católica, las Juventudes Comunistas de Cataluña, Asociaciones de Vecinos que a pesar de todo se conseguían legalizar, la Asociación Católica de Padres de Familia... y los partidos políticos perseguidos por la dictadura.
Las entidades legales muy a menudo hacían de cobijo de las ilegales...
Así se creará la Asamblea Democrática de Mataró, que será el organismo de coordinación de la lucha por las libertades democráticas y nacionales, adherida a la Asamblea de Cataluña.
Es verdad que había empresarios inteligentes que preferían negociar directamente con los trabajadores y sus Comisiones Obreras, más que no con el Sindicato Vertical (Central Nacional Sindicalista) que agrupaba empresarios y trabajadores, pero de aquí a la democracia quedaba mucho camino para hacer.
La situación económica, la crisis del "Régimen" acentuada por la muerte del dictador, las luchas obreras, estudiantiles y vecinales, la presión internacional, los cambios en la misma iglesia católica, que ya no era la cobertura ideológica del franquismo, hacían pensar en la posibilidad de conseguir la ruptura con aquel sistema anacrónico, injusto, y criminal...
El año 76 hubo vagas generales de la construcción y el textil en el Maresme, con miles de trabajadores en huelga y asambleas multitudinarias, donde junto con las mejoras laborales se reivindicaban las libertades políticas. Pero todas las movilizaciones no acababan de hacer caer el "Régimen del 18 de Julio" (el fascismo español).
Así, aquel 20-N, a pesar de que todavía haría falta mucho de esfuerzo para conseguir la democracia, se consumieron muchas botellas de champán.
Y hoy sentimos voces que nos dicen que el cambio fue la evolución del propio sistema dirigido por unas mentes preclaras del propio franquismo que desde siempre querían conseguir la democracia. También hay quién dice que la transición fue una gran claudicación de las fuerzas de la izquierda, sobre todo del PCE y PSUC, que habrían traicionado la clase obrera. Seguramente los comunistas no lo hicimos todo bien. De todas maneras nadie lo hizo mejor.
Pero también hay que recordar que en 1975, 76 y 77 a los fusiles de los militares españoles no había claveles.