¿A qué escuela quiero llevar a mis hijos e hijas?
Parece una pregunta inocente que toda familia con hijos e hijas llega el momento en que se hace. Pero detrás de esta pregunta hay un mundo oculto de preinscripción escolar que se te abre de golpe delante y que puede ser muy poco amable. Acompañadme en una de las muchas reflexiones que se deben haber hecho al respecto.
Aterrizamos
Tengo claro desde hace años que la educación es un compromiso y deber social. Nos recuerda que no somos solo seres individuales que nos valemos por nosotros “solitos”, sino que necesitamos de los demás para crecer y, al mismo tiempo, debemos a esta misma sociedad que nos aporta y es nuestro deber prepararnos para aportarle.
Esto convierte la educación en uno de los principales pilares políticos. Es la voluntad política la que marca la línea, el grado de calidad y los objetivos del sistema educativo. Entre estos están la oferta educativa, el currículo, el presupuesto que se destina y toda la jerarquía estatal y de toma de decisiones…
Nuestro país es un ejemplo clamoroso de la voluntad política detrás de la educación. Nos lo deja claro Damià Bardera en su último ensayo Incompetències bàsiques, donde hace una lista, entre muchas otras reflexiones, que recomiendo fervientemente repasar, de todos los cambios de leyes orgánicas que hemos vivido desde el franquismo, sin contar las leyes autonómicas de turno.
Pero aterricemos en Mataró. ¿Qué papel juega nuestro Ayuntamiento en el plan educativo local?
La zona única divisoria
Mataró no escapa de esta dinámica. Detrás del modelo educativo municipal y de las decisiones que puede tomar nuestro Ayuntamiento, también hay una decisión e interés político en la educación. En este caso, el consistorio no puede incidir en las leyes orgánicas, ni en la modificación curricular de la Generalitat, pero sí tiene potestad en otros ámbitos donde puede condicionar políticamente como es en la oferta educativa y su modelo de acceso.
Si habéis llegado hasta aquí, familias, ya sabéis que voy directo a hablar de la maldita “zona única escolar”. Un modelo que el Ayuntamiento de Mataró (PSC) defiende desde hace años en pro de una mayor inclusión social dentro de la ciudad para acabar con lo que ellos llaman ghettos (no voy a opinar sobre el uso de esta terminología). Pero una cosa es lo que se dice y otra las intenciones que hay detrás de las decisiones. Qué se quiere mostrar u ocultar. La evidencia es que los resultados no siempre coinciden con lo que se ha vendido. Y, finalmente, la lectura partidista que se hace con los datos seleccionados que interesan para justificar el modelo aplicado. Todo esto, haciendo creer a la población que quien toma la decisión final de escoger el centro donde llevar a sus hijos e hijas la toman las familias libremente. Quien ha vivido o vivirá el proceso sabrá que no es cierto de primera mano.
Gestión burocrática y autogestión emocional
Vayamos paso a paso, que esto necesita de un buen rato para ir digiriendo todo un proceso de preinscripción que se inicia a principios de año y que culmina a finales de mayo-junio. Bueno, a algunas familias esto se les alargará hasta septiembre. Utilizo el verbo digerir porque no es fácil gestionar todos los nervios, inseguridades y frustraciones que se sienten durante todo el proceso. Realmente tienes la sensación de estar compitiendo con el resto de familias y con las que empatizas porque están sufriendo, en mayor o menor medida, lo mismo que tú. Pero, al mismo tiempo, eres consciente de que podéis estar deseando ir al mismo centro y que eso reduce las posibilidades de que tu hijo o hija entre allí donde querríais.
Te ves obligado a sentarte horas con tu pareja para idear una estrategia para ordenar la petición de escuelas donde tenéis más posibilidades de llevar al hijo/a. Vas al máximo de jornadas de puertas abiertas, hipotecando tardes e incluso fines de semana, con la logística familiar que eso supone. Lees PEC’s, hablas con familias y sus experiencias, oyes rumores, entran en juego prejuicios que son difíciles de dejar de lado, tienes en cuenta la disponibilidad y distancia de los abuelos si los tienes disponibles y, para añadir más emoción, pocos días antes de la oferta de plazas y con las jornadas de puertas abiertas ya hechas, anuncian cierres de líneas (ya llegaremos más adelante). Entonces toca ir a concentraciones y manifestaciones para defender la escuela pública (aquella que es la encargada principal de velar por la inclusión y la diversidad en nuestra ciudad) y la única que ha recibido recortes de líneas durante la última década.
El factor suerte y sus efectos
Pero al final, todo se resume en un sorteo de preinscripción. Un número de corte a nivel de toda Cataluña, pero que en Mataró es especialmente determinante por la maldita zona única. Mirad el número que tenéis y empezad a especular. Hay quien respira aliviado, hay quien después de que salgan las listas ordenadas por puntos (NEE-NESE, hermanos en el centro…), ya puede estar más tranquilo porque no estaban seguros de sus cálculos previos. Pueden respirar tranquilos. Han entrado en la primera opción. El PSC defiende este modelo justificando que el 85% de las familias entran en su primera opción. Que esto es un modelo de éxito a imitar.
Pero en este dato, real pero interesado, no se explica que gran parte de estas familias no ponen como primera opción la escuela que más les gustaría para su hijo/a. La oferta educativa no está equilibrada ni bien repartida, las plazas son limitadas y te la juegas a un sorteo. Las familias hacen cábalas calculando las probabilidades de éxito y escogen la escuela donde tienen más opciones de entrar, no la que más les gusta en muchas ocasiones. Porque quien se la juega o por conciliación se ve obligado a poner como primera opción un centro de alta demanda (sí, los hay de alta y de baja y esto debería ser una señal de alarma social y de error grave del modelo), sabe que solo tiene una carta. Si el sorteo no acompaña, se puede ver obligado a acabar lejos de casa, con todas las consecuencias que eso puede tener para una familia y los próximos 9 años: mala conciliación familiar y laboral; costes extra en desplazamientos; necesidad de servicios extra de comedor, acogida y actividades extraescolares. Y todo esto no es gratis. Aquí también entra el capital económico y social. Es decir, el poder adquisitivo de la familia afectada para afrontar los sobrecostes y la red de personas disponibles para ayudar a hacer menos pesada la mala conciliación y que pueden acompañar y recoger a las criaturas (abuelos y abuelas, tíos y tías, amigos y amigas, canguros…). Si tienes esto, puedes salir adelante, pero es un desgaste muy importante que se alargará durante los próximos 9 años como mínimo y no todas las familias tienen este capital social y económico. Esta selección también determinará a qué centros irán el resto de tus hijos, cosa que puede implicar 12, 14, 16 años en un mismo centro. Entenderéis que hay que pensarlo muy bien.
Las familias se juegan, nos jugamos mucho. De ahí los nervios, inseguridades y frustraciones de las que os hablaba y que condicionan una elección que, con todos estos condicionantes, no es libre del todo. Te hacen sentir que eliges, pero no es del todo cierto.
Cuestión de oferta y demanda
Ahora centrémonos en la oferta: ¿qué nos ofrece Mataró? Nuestra ciudad tiene una gran oferta educativa. Solo hay que ver la cantidad de gigantes, gigantas y gigantones que se reúnen casi cada fin de semana para hacer pasacalles, fiestas de escuelas, de barrios, acompañando caminatas, por motivos solidarios... La Gegantada y Sant Jordi son los dos momentos álgidos. Lo digo porque la gran mayoría de estos gigantes son de escuelas públicas y concertadas. Y aquí vemos la primera gran división de la oferta: escuelas públicas y escuelas concertadas.
Hay dos posibles lecturas a hacer (bueno, seguro que hay más, pero esto es un artículo de opinión): podemos fijarnos en el número de centros educativos que ofrecen infantil y primaria, 19 públicos y 13 concertados; o en el número de plazas que se ofrecen en total, 536 públicas y 500 concertadas para el curso pasado (2025-26). En la primera lectura gana la pública por goleada. Pero si nos fijamos en la segunda vemos que, realmente, la oferta de plazas es de casi el 50-50 entre pública y concertada.
La ordinariedad de unos 30 puntos desiguales
Qué título más enrevesado. A partir de aquí, empiezan una especie de “juegos del hambre”,
si me permitís la exageración. Pero no todo el mundo juega en igualdad de condiciones. Ojo, aquí no pongo en cuestión la prioridad según las Necesidades Educativas Especiales (NEE), las Necesidades Específicas de Soporte Educativo (NESE) y todas sus tipologías y los hermanos ya en el centro. Hablo de aquellas familias con 30 puntos, la gran mayoría de familias. Las que se llaman ordinarias. Para los “dummies”, 30 puntos son los que tiene un niño por estar empadronado en Mataró. Como todo Mataró es una zona única, tener 30 puntos es como prácticamente no tener ninguno.
Os podéis imaginar que las personas de fuera de Mataró que quieren venir aquí casi quedan eliminadas de la ecuación desde el principio. Muchas se ven obligadas a solicitar un centro de muy baja demanda que quizá no se adecúa a sus necesidades reales, pero que es la manera de asegurar el tiro y entrar en una escuela de la ciudad donde trabaja alguno de los dos progenitores.
Volvamos a las familias ordinarias con 30 puntos. Os podéis imaginar la diversidad de familias que hay dentro de este saco y con casuísticas de lo más diversas que no se tienen en cuenta, al menos no todas, aunque hay algunas que de manera no explícita sí se tienen en cuenta. Hablo del capital económico y social. Pero, sobre todo, del económico.
El poder adquisitivo de la familia que se encuentra ante el dilema de tener que escoger centro educativo, puede determinar el acceso a más o menos oferta educativa. La familia que puede permitírselo incluirá dentro de su excel de escuelas (sí, muchas familias hemos hecho excels completísimos que podrían ser la envidia de muchas empresas de logística) el 100% de la oferta educativa de la ciudad. Pueden poner en la lista todos los centros de la ciudad si esa es su voluntad. Pero aquellas que no pueden permitírselo, o que por principios creen en el modelo público, solo optan a escoger entre el 50% de la oferta de plazas. Esto ya genera desigualdad de oportunidades educativas, aunque no es garantía de éxito. Recordad que al final, es un sorteo, y que las familias que optan por la concertada también se encuentran con centros de alta y baja demanda y se la juegan a no entrar donde quieren. Pero tienen más donde elegir.
Recalco la diferencia entre centros de alta y baja demanda porque, sean públicos o concertados, no todos disponen de los mismos recursos, infraestructuras, ofertas educativas, proyectos… Escoger uno u otro puede determinar que tus hijos tengan más optativas a elegir, un estudio de grabación o un gimnasio mejor equipado, más o menos sombra en el patio, calefacción en invierno y ventiladores en verano, un edificio entero o barracones… Y creo que es más grave en el caso público, donde la lógica nos debería decir que todos tendrían que ofrecer la misma calidad a todos los niveles. Evidentemente, no pongo en duda el nivel de los profesionales.
Del centro a la periferia: geopolítica barata de Mataró
Esta situación en algunas zonas de Mataró es clave, como en el Centro. Si no me fallan los cálculos, y teniendo como referencia el Ayuntamiento y los cuatro puntos cardinales de la Riera para delimitar el “Centro”, encontramos 6 centros concertados (Balmes, Valldemia, Escola Pia, Cor de Maria, M.D. Lourdes y la Coma) por 1 público (Angeleta Ferrer) y, como mucho, podríamos incluir el Anxaneta y el Joan Coromines.
Refresco la memoria a quienes os hayáis podido perder en cuanto al objetivo de la zona única, que es hacer de Mataró una ciudad más inclusiva y sin ghettos escolares.
A medida que nos alejamos del Centro, la proporción cambia habiendo más oferta de centros públicos en comparación con los concertados. Es decir, quien vive en el Centro y quiere optar por la conciliación familiar y tener el centro educativo cerca de casa (como sería ideal en la mayoría de los casos y pienso que la mejor escuela debería ser la de al lado de casa), o está dispuesto y puede pagar una escuela concertada o se la tiene que jugar a entrar en una de las otras tres, sabiendo que son centros de alta demanda y que hay muchas probabilidades de quedarse fuera. Esto también descarta a todas aquellas familias que no están dispuestas a pagar más por la educación de sus hijos o que no creen en el modelo concertado, o que son de fuera del centro pero que les puede interesar llevar allí a los hijos por temas de conciliación familiar y laboral.
La cuestión es que queriendo tener la escuela cerca, quien puede pagarla puede no moverse del Centro, quien no puede y necesita la escuela cerca descarta la zona del Centro para ir a vivir. Esto también contribuye, entre muchos otros motivos que van más allá del ámbito de la oferta educativa, a la gentrificación del centro, donde encontramos las rentas más altas, creando un “ghetto” de rentas altas al que les puede costar más ir a los barrios y que los de los barrios puedan acceder a él.
No voy a profundizar mucho en el tema de la vivienda porque abrir este melón supondría unos cuantos artículos más, aunque es un problema inmenso, que va en aumento en nuestra ciudad y que condiciona a muchas familias de Mataró dándoles menos libertad de elección y conciliación familiar y laboral. Evidentemente, estas se verán relegadas a no poder moverse de los barrios con los precios más bajos y aceptar la oferta que tengan más cercana sin poder plantearse otras opciones.
Una manera de revertir la situación y abrir las puertas a la gente de la periferia al centro (más allá de los niños NEE y NESE que tienen plaza reservada por convenio en las concertadas) y potenciar la inclusividad y la mezcla, sería aumentar la oferta de centros públicos en el Centro, y aquí sí podría tomar la iniciativa el Ayuntamiento ante la Generalitat. Porque la gente que no dispone de estas rentas o no está dispuesta a pagar una concertada y no entra en la única pública del centro, sí se ve obligada a mirar hacia “fuera”, más allá del Eixample, pasada la ronda.
Bien, ya he dado el salto a la periferia. Generalmente, es donde encontramos las rentas más bajas, aunque también hay de todo, como en todas partes. Pero sí es cierto que la tendencia puede ser menos propensa a poder optar a toda la oferta educativa y acceder a concertadas, por eso también hay menos y concentradas en pocos barrios: Cerdanyola, la Llàntia, els Molins y Rocafonda. Mientras que las familias de los barrios del Palau, l’Havana, l’Escorxador, Cirera, Via Europa, Vista Alegre, Peramàs y el Pla d’en Boet solo tienen oferta pública. Me olvidaba de Meritxell, pero se trata de una urbanización de casas unifamiliares donde lo habitual es tener que desplazarse en coche. Esto hace que el acceso sea aún más limitado y cree un efecto burbuja donde la inclusividad y la mezcla sean complicadas de conseguir. Quizás ya es el objetivo que busca: ser un centro alejado del resto de la dinámica de la ciudad.
Teniendo en cuenta que las familias, mayoritariamente, lo que buscan es la combinación ideal entre el proyecto de la escuela y la proximidad, vemos que la gente de los barrios que no tiene de media tanta capacidad adquisitiva y de movimiento se ve obligada a reducir sus opciones. En caso de no conseguir la primera opción, familias ordinarias se ven obligadas a llevar a sus hijos a la otra punta de Mataró. Aquellas que han conseguido entrar en la primera, han conseguido la proximidad, pero se han visto separadas de aquellas familias ordinarias con más capacidad adquisitiva que han intentado asegurar el tiro apostando por la concertada más cercana. De nuevo, segregación inter e intra barrios.
El fantasma de la zona única.
Tengo la sensación de que empiezo a dar vueltas sobre lo mismo. Ahora cuando paseo por Mataró me acompaña el fantasma de la zona única escolar, a mí y a algunas familias más. Creo que algunas se sumarán una vez comience el proceso de este curso.
Fijaos que durante toda la reflexión he tenido muy poco en cuenta los proyectos educativos de cada centro, porque, por desgracia, no son del todo determinantes. Tampoco quiero ponerme a analizar su coherencia y viabilidad pedagógica, porque esto ya no es competencia del Ayuntamiento, sino de la Generalitat. Sería otro gran debate a escala autonómica los decretos de plantillas y de direcciones y el nuevo currículo, si también están consiguiendo lo que dicen querer conseguir en relación con la inclusión.
La bajada de la natalidad
La tendencia de las últimas décadas en nuestro país es la de la disminución de la natalidad. Solo hay que seguir la evolución de la pirámide de población para entender que estamos en una dinámica regresiva típica de los países “desarrollados”. Si se ha mantenido más o menos estable es gracias a la migración que ha llegado de otros lugares del Estado, de Europa, del norte de África y de América Latina. Hace años que se ve venir esta tendencia, y el último curso 2025-26 ha coincidido con la entrada en I3 de la generación de 2022, donde la natalidad fue especialmente baja. El Ayuntamiento ha tenido 3 años para prever la situación y ponerse manos a la obra, pero las decisiones han llegado a toda prisa.
Empiezan los recortes
Las jornadas de puertas abiertas habían empezado durante febrero. Las escuelas públicas y concertadas se ven con la obligación de competir y vender su producto (como si la educación tuviera que ser una mercancía): unas para mantener la cartera de clientes y el concierto activo; las otras por miedo a ver cómo la administración les recorta una línea que podría poner en peligro todo su proyecto si no llenan las plazas con primeras opciones.
A finales de febrero, llega la noticia de que la intención de la Generalitat, conjuntamente con el Ayuntamiento, es la de recortar una de las dos líneas de las que ofertaban la Escola Rocafonda y otra del Camí del Mig. Cambian las normas habiendo empezado el partido, si me permitís el símil futbolístico. Las escuelas ya habían programado sus jornadas de puertas abiertas (y el próximo curso) con la oferta inicial. Muchas familias ya habían ido a visitar las dos escuelas, pero al cabo de unos días lo que han visto ya no valía.
Las movilizaciones y la implicación de las AFA’s fueron admirables. Ante el Pleno del Ayuntamiento se reivindicó la necesidad de mantener abiertas las dos líneas. El esfuerzo parecía en vano, y solo un rumor mantenía abierta la posibilidad de que el Camí del Mig mantuviera la línea. Lo que no sabíamos era a costa de qué.
La teoría, buceando un poco dentro de las diferentes leyes educativas, dice que la concertada debe ser complementaria a la oferta pública, pero con decisiones como estas, parece bastante evidente que es más fácil cerrar líneas públicas, a pesar de la demanda de plazas muy baja de algunas concertadas. Este inicio de curso, unas cuantas AFA lo han dejado patente en el manifiesto que se entregó a los Servicios Territoriales quejándose de esto y de la maldita zona única.
Finalmente, se cerró una línea en Rocafonda y otra en la Escola Antonio Machado, que después de ser durante años un centro de alta demanda, las inscripciones en primera opción no han sido las mismas de siempre y lo han pagado con una línea que compromete el proyecto pedagógico del centro. Hay que decir que quien tomó la decisión no tuvo en cuenta a todas las familias que habían escogido el Machado en segunda, tercera e incluso cuarta opción, con las que habrían llenado la línea. Algunas de estas familias han acabado en centros concertados.
Quiero recordar las dos líneas públicas de 1º de ESO recortadas en el Thos i Codina y en el Miquel Biada. Ya podéis ver que el paso a secundaria también puede ser dramático.
La singularidad de algunos ordinarios como factor de cambio
En los últimos cursos, algunas familias en situación ordinaria han intentado crear grupos singulares que apuestan por entrar en centros de alta complejidad y con baja demanda dentro de la oferta pública. ¿Cuáles son los motivos y qué pretenden conseguir?
Antes he comentado que no todos los centros disponen de los mismos recursos. Aquellos centros que se encuentran en barrios con realidades socioeconómicas más desfavorecidas ven afectadas sus actividades y ofertas. Las familias no pueden permitirse colonias cada año o excursiones que suban mucho de precio. Los trabajos no permiten una buena conciliación y disminuye la participación e implicación de las familias con la escuela.
Un elemento de medida puede ser el número de socios dentro del AFA. Este determina la disponibilidad de familias dispuestas a arremangarse por el centro, a participar en las actividades, a gestionar los espacios no lectivos (permanencias, comedor, extraescolares…) y a protestar ante quien haga falta para garantizar una educación de calidad, unas buenas infraestructuras y hacer toda la presión que se pueda.
Los grupos singulares tienen el objetivo, además, de asegurarse unas plazas reservadas en el centro y no sufrir por el sorteo, equilibrar el nivel socioeconómico, aumentar el número de familias implicadas en el AFA y en el Consejo Escolar del Centro, aumentar la inclusión y la mezcla para evitar que un centro se convierta en un “ghetto”, romper la mala fama infundada de algunos centros para que en los siguientes cursos más familias en situación ordinaria se planteen ponerla como primera opción… Es una medida desde abajo y hecha por los de abajo que puede compensar el despropósito de la zona única.
Un ejemplo es lo que vivió hace dos cursos la Escola Germanes Bertomeu. Pero ha habido intentos de crear grupos singulares que han acabado en fracaso por la ambigüedad del proceso de petición y la falta de concreción en los plazos por parte de los Servicios Territoriales, que han hecho imposible sacarlos adelante cuando había familias dispuestas a hacerlo posible. A día de hoy no entiendo por qué se ponen trabas cuando es una vía rápida y más eficaz para trabajar la inclusión educativa en la ciudad que no el modelo de zona única.
Animo a las familias que este curso os planteéis esta posibilidad a que anticipéis los movimientos, que informéis pronto de vuestras intenciones a Inspección, a los Servicios Territoriales y a las direcciones del centro que os interesa. No esperéis a que terminen las jornadas de puertas abiertas, porque su programación no ayuda. Parece que el Ayuntamiento ha movido ficha y ha empezado a promocionar los Grupos Singulares para este próximo curso, pero debéis tener en cuenta que las familias que os lo planteéis tendréis que hacer las solicitudes antes del día 30 de enero y sin haber tenido acceso a todas las jornadas de puertas abiertas, que se iniciarán aproximadamente a mediados de febrero. Esto hace perder el potencial de los pocos momentos bonitos del proceso por las sinergias que puedes crear con las familias que te encuentras durante este mes una y otra vez. Esto sería muy útil para crear grupos singulares, pero como he dicho antes, te hacen hacerlos antes y te pierdes conocer familias que pueden estar en el mismo punto que la tuya y con las que os animaríais. Es una medida que no acaba de solucionar el problema. Hacerlo sin haber asistido a las jornadas de puertas abiertas puede desincentivar.
Jornadas de puertas abiertas
¡Atención, familias! Durante este mes y medio podéis dejar de pagar el gimnasio porque vais a hacer kilómetros.
Las jornadas de puertas abiertas de las escuelas suelen ser entre febrero y marzo. Las escuelas las preparan a conciencia. En principio tendría que ser algo que solo debería preocupar a las ofertas privadas y concertadas, pero ya habéis podido ver que los centros públicos se juegan mantener sus líneas. Así que todo el mundo pone los cinco sentidos porque se juegan mucho.
La cuestión es que en este breve lapso de tiempo, que se os puede hacer eterno, intentaréis visitar el máximo de centros posibles, incluso, y fruto de las inseguridades generadas, visitaréis centros que ni os habíais planteado en un inicio. La recomendación es que veáis tantos como podáis, pero, por otro lado, debéis ser conscientes de que el sorteo manda. Así que, posiblemente, llegaréis a la reflexión de que tenéis que hacer una estrategia en el orden de petición para intentar tener más posibilidades de entrar en un lugar que os interese. Olvidaos de hacer una lista de deseos según el orden de preferencia por gusto.
El otro hecho es que los horarios de visita no siempre cuadran. Tendréis que hacer un tetris de jornadas de puertas abiertas, combinando días laborables y fines de semana, se pueden solapar dos centros la misma mañana, en algunos hay que apuntarse, en otros no… No es fácil. No sé hasta qué punto hay una coordinación municipal lógica.
Más allá de esto, tened claro que el proceso de inscripción empieza casi al día siguiente de la última jornada de puertas abiertas. Los “juegos del hambre” de la preinscripción. El margen de maniobra es pequeño y muy solitario, por mucho que sean cientos de familias en la misma situación.
¿Queremos acabar con la segregación?
Llamadme ingenuo, pero creo que tengo una fórmula. Seguramente hay otras, pero esta es la que marca el horizonte de mi entender: la mejor escuela es la de al lado de casa.
Hay otras ofertas públicas que no ponen en cuestión este hecho. Tú no escoges el CAP, se te asigna por zona. No escoges el Centro Electoral, también se te asigna. Porque de entrada, se sobreentiende (aunque no siempre sea así), que todos los centros están dotados con las mismas prestaciones y recursos, haciéndolos los mejores para ti y para los de tu entorno. Que da igual tu nivel socioeconómico, todo el mundo va allí y se le trata igual. Seas rico o pobre, hables una lengua materna u otra, allí serás atendido. La teoría nos dice que esto obliga a la interacción entre todos los ciudadanos, que fomenta la cohesión y la inclusión, ya que todos ellos disfrutan, quieren proteger y mejorar el servicio. El escenario actual necesita colaboración con las entidades concertadas porque la Administración no puede asumir el coste, pero el camino hacia la inclusión nos lleva a tener la mejor escuela al lado de casa, de calidad, gratuita y cohesionadora. Donde todo el mundo vela para que funcione, donde se lucha para dotarla de los mejores recursos, donde se mezcla toda la diversidad y se hace una reproducción en miniatura de nuestra sociedad para hacerla más justa y solidaria. La mejor escuela es la que no te cuestionas porque sabes que es excelente gracias a todas y todos. Así sí acabaremos con los “ghettos” y la segregación escolar. ¿Queremos? Espero que la evolución del “Pacto Local por la inclusión y la equidad educativa” avance en esta dirección.