Los Estados miembros de la Unión Europea han aprobado recientemente la firma del acuerdo de libre comercio entre la UE y el Mercado Común del Sur (Mercosur), un pacto largamente esperado que pone fin a casi 27 años de negociaciones complejas marcadas por diferencias políticas, económicas y sociales. La firma formal está prevista para el próximo 17 de enero en Paraguay, con la presencia de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
A pesar de este paso clave, el acuerdo aún no está plenamente en vigor. El texto deberá superar una última votación en el Parlamento Europeo, previsiblemente en primavera, donde los eurodiputados solo podrán aprobarlo o rechazarlo, sin posibilidad de introducir enmiendas. Paralelamente, el pacto continúa generando una fuerte oposición en varios países europeos, especialmente en el sector agrícola y entre organizaciones ecologistas.
El acuerdo UE-Mercosur, iniciado en 1999 y con un principio de entendimiento alcanzado en 2019, busca establecer un amplio marco de libre comercio entre ambas regiones, con excepciones en sectores considerados sensibles. Mercosur está formado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, mientras que Venezuela se encuentra suspendida desde 2017. También cuenta con Estados asociados como Chile, Colombia o Ecuador.
Desde el punto de vista comercial, la UE es el segundo socio más importante del Mercosur en el comercio de bienes. En 2024, este intercambio superó los 111.000 millones de euros, representando cerca del 17% del comercio total del bloque sudamericano. El acuerdo se divide en dos partes: un Acuerdo Comercial Provisional, que depende exclusivamente de las instituciones europeas, y un Acuerdo de Asociación más amplio que incluye inversión y cooperación política y que requerirá también la ratificación de los parlamentos nacionales.
Entre los puntos clave del pacto destaca la eliminación progresiva de los aranceles sobre el 91% de las exportaciones europeas hacia Mercosur y el 92% de las exportaciones del Mercosur hacia la UE. Esto beneficiará especialmente a sectores industriales europeos como la automoción, la industria farmacéutica, la química o la maquinaria. A cambio, la UE permitirá cuotas limitadas para productos agrícolas sudamericanos como la carne de vacuno y de aves de corral, el arroz, la miel o el azúcar, reservándose el derecho de suspender temporalmente estas preferencias si perjudican a los productores europeos.
El acuerdo también elimina barreras en servicios financieros, telecomunicaciones y transporte marítimo, y abre la puerta a que empresas europeas participen en licitaciones públicas en los países del Mercosur en igualdad de condiciones.
Protestas del sector agrícola
A pesar de las ventajas económicas, el pacto ha reactivado las protestas de agricultores europeos, que lo consideran no recíproco y temen una competencia desleal. Organizaciones como Greenpeace alertan, además, de que el acuerdo puede agravar la crisis climática fomentando la deforestación y el intercambio de productos contaminantes.
Con el apoyo necesario en el Consejo de la UE —a pesar de los votos en contra de países como Francia o Polonia—, el acuerdo entra ahora en su fase decisiva. El veredicto final del Parlamento Europeo determinará si este ambicioso proyecto comercial se convierte, finalmente, en una realidad.
Fuente: www.newtral.es
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