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La regla que separa los ricos de los inversores comunes

Redacció

Ahorro vs. inversión: la regla que separa los ricos de los inversores comunes

La generación de ingresos y el acceso a mercados privados marcan la diferencia entre fortuna efímera y riqueza real

 

La acumulación de riqueza verdadera, aquella que permite construir un patrimonio resiliente y duradero, nunca es fruto de la casualidad ni de un golpe de suerte. Contrariamente a la imagen glamurosa que a menudo se proyecta, las grandes fortunas no se construyen buscando oportunidades espectaculares en la bolsa ni jugando con la especulación diaria. La diferencia fundamental radica en la aplicación constante de principios básicos, hábitos disciplinados y una mentalidad estratégica a largo plazo.

Uno de los pilares clave es tener una visión global del patrimonio. Los inversores con experiencia no ven sus cuentas como compartimentos separados, sino como un organismo único interconectado. Esta perspectiva permite entender cómo cada activo —desde cuentas corrientes hasta planes de pensiones, carteras de valores o inversiones directas— contribuye a los objetivos globales. Para lograrlo, se pueden utilizar herramientas digitales de agregación financiera que consoliden toda la información patrimonial y faciliten la planificación fiscal, asegurando que cada inversión esté ubicada en la cuenta más eficiente desde el punto de vista tributario.

La diversificación real es otro principio fundamental. Mientras que muchos inversores individuales se limitan a repartir acciones dentro de un mismo sector o bonos con diferentes vencimientos, los grandes patrimonios incorporan activos alternativos como inmuebles, capital privado, crédito privado o fondos de cobertura. Estos instrumentos, con una correlación baja con la volatilidad del mercado, ayudan a suavizar los ciclos económicos y garantizar flujos de ingresos constantes incluso cuando las bolsas caen.

Otra ventaja estructural es el acceso a los mercados privados, donde habitualmente los grandes inversores destinan entre un 20 % y un 30 % de su cartera. Estos mercados ofrecen rendimientos diferenciados y menor volatilidad, aunque comportan riesgos específicos, especialmente la iliquidez. La clave es integrarlos dentro de una estrategia coherente que combine rendimientos, diversificación y estabilidad.

Los ricos también priorizan la generación de ingresos frente a la simple apreciación del capital. Alquileres, intereses de crédito privado, dividendos o cupones de bonos permiten reinvertir y beneficiarse del interés compuesto, a la vez que proporcionan liquidez independiente de los vaivenes del mercado.

Eficiencia fiscal

Finalmente, la eficiencia fiscal y el control de costes son determinantes. Cada euro pagado en impuestos o comisiones resta del patrimonio que podría crecer compuesto. Los inversores sofisticados alojan los activos menos eficientes fiscalmente en cuentas con ventajas tributarias y utilizan técnicas como la venta de pérdidas fiscales para compensar ganancias de capital. La frugalidad estratégica se extiende a la elección de fondos de bajo coste y asesoría fiduciaria remunerada por honorarios, asegurando que los intereses del asesor estén alineados con los del cliente.

Así, el verdadero secreto de los grandes patrimonios no es un golpe de suerte ni operaciones espectaculares, sino disciplina, planificación a largo plazo y gestión inteligente del tiempo y los recursos. Invertir con rigor y calma, con una visión integral del patrimonio, es la regla que separa el ahorro de la riqueza duradera.

Fuente: www.elnacional.cat/oneconomia


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