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Los pasajeros del vuelo de Vueling. Foto: R.Gallofré

Vern Bueno Casas

Tres mataronins, entre los expulsados de un vuelo en el Senegal que trasladaba un deportado

El Izhar, Àlex y en Pau denuncian el trato de Vueling y de la Guardia Civil, así como las condiciones en que viajaba el ciudadano senegalés

El Izhar, Àlex y en Pau son tres jóvenes mataronins que tenían previsto pasar las vacaciones de verano visitando el Senegal como motxillers. Con este objetivo se embarcaron al quiere Vueling VY 7888 que los tenía que traer a Dakar el pasado 15 de julio. Al mismo quiere viajaba un hombre de nacionalidad senegalesa, escoltado de dos agentes de la Guardia Civil, que tenía que ser deportado desde Barcelona a su país de origen. Lo hacía en una situación que tanto ellos como otros pasajeros han denunciado como "inhumana". Algo que generó las protestas e inquietud generalizada del pasaje, hasta el punto que el vuelo se tuvo que cancelar y realizarse a la cabeza de unas horas en otro avión. Quién pagó el pato fueron once pasajeros, identificados por la Guardia Civil al salir del aparato y cinco de ellos por el piloto cuando eran apunte de embarcarse en el nuevo. Entre ellos, los tres mataronins, que no sólo se han quedado sin vacaciones, sino que viven sumidos en la incertidumbre por las sanciones que temen que los puedan aplicar.

"Cuando ya éramos dentro del avión, apenas embarcados, sentimos unos gritos tan angustiosos que al principio no sabíamos ni si eran humanos"

"Cuando ya éramos dentro del avión, apenas embarcados, sentimos unos gritos tan angustiosos que al principio no sabíamos ni si eran humanos", explican los jóvenes. Bien pronto se dieron cuenta que provenían un hombre sentado a la última fila, acompañado de dos hombres con guantes negros. Según ellos, el hombre estaba en una condición muy precaria, llamando y llorando, repitiendo que estaba enfermo y que no quería ser allá. "Necesitaba atención médica claramente", aseguran. Dedujeron pronto que se trataba de una deportación, pero nadie del personal de vuelo ni de la compañía los informó del caso. Varios pasajeros protestaron por la situación que se estaba viviendo al avión, que todavía seguía palplantat a la pista de aterrizaje. "El pasillo estaba colapsado, todo el mundo se preguntaba qué pasaba allá y en qué condiciones viajaba aquel hombre, pero nadie nos explicaba nada", relatan los tres pasajeros. Entre el pasaje, formado por personas de nacionalidad española, senegaleses, franceses e italianos, tenía que todo, desde quienes exigía que el vuelo no se atrasara hasta los que se oponían al regreso forzoso del ciudadano senegalés. El comandante, apuntan los mataronins, salió en más de una ocasión de la cabina y se encaró "de muy malas maneras" con algunos de los pasajeros. "Estaba muy nervioso, perdió los papeles, y pensábamos que sería fuerza preocupante volar con el piloto en estas condiciones", aseguran los mataronins.

Foto: Laura Arau

Finalmente, a la cabeza de más de una hora y media, el comandante anunció que agentes de la Guardia Civil subirían al avión y desalojarían todo el pasaje, incluido el hombre que tenía que ser deportado, como si hubiera un grave problema de seguridad que los pasajeros afectados niegan. Al bajar las escaleras de la aeroplà, seis de los pasajeros fueron identificados por los agentes por, presuntamente, haber alterado la orden dentro del avión. El Izhan, Àlex y en Pau se salvaron, y volvieron a la zona de embarcament del aeropuerto para subir a un segundo avión que, teóricamente, los llevaría en Dakar. Lo hicieron sabiendo que también viajaría el hombre que iba a ser deportado. "En aquel momento aceptamos, pero estábamos bastante confundidos y hoy nos sentiríamos bastante mal si hubiéramos coger aquel avión", constatan. La cuestión, pero, es que finalmente no lo hicieron, porque cuando estaban entrando al avión el comandante los señaló a ellos tres y a dos personas más y dijo a la Guardia Civil que no los quería al aparato. Se los impidió volar, pero hoy, 72 horas después, todavía no saben los motivos oficiales.

"No somos activistas ni nada, sí que puede haber un elemento político en nuestras quejas por el trato que recibía aquel hombre, pero nosotros sólo queríamos ir de vacaciones"

Según Vueling, la compañía no expulsó "" nadie del vuelo, sino que estas once personas perdieron el avión porque estaban retenidas por la policía cuando todo el mundo volvió a entrar. Los afectados, pero, sostienen que se los señaló para que no pudieran volar. Los tres mataronins, junto con el resto de identificados, comparecieron ayer lunes ante los medios de comunicación después de encontrarse plegados por primera vez, puesto que no se conocían entre ellas antes de los hechos. "No somos activistas ni nada, sí que puede haber un elemento político en nuestras quejas por el trato que recibía aquel hombre, pero nosotros sólo queríamos ir de vacaciones", explican los jóvenes. Tanto ellos como el resto de personas a quienes se impidió volar aseguran que fueron identificados "aleatoriamente", puesto que otros miembros del pasaje hicieron el mismo que ellos, protestar sin violencia, y se los permitió acceder al segundo avión con destino en Dakar.

Incertidumbre por posibles denuncias

Los afectados no saben si serán denunciados por la vía administrativa, a pesar de que las últimas informaciones apuntan que no será así. Si fueran multados para incumplir la Ley de Seguridad Aérea se expondrían a una multa de entre 90 y 45.000 euros. Vueling de momento no los ha denunciado y el Gobierno español ha anunciado este martes que no emprenderá medidas legales contra los pasajeros, a pesar de que estos no se refien, motivo por el cual estudian abrir una caja de resistencia abierta a donaciones de particulares y entidades por si tienen que hacer frente a multas de miles de euros.