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Clara Cambray

Cugat Comas

Clara Cambray se nos retira: adiós al alma del CN Mataró

La trayectoria de la jugadora mataronina en el CN Mataró es legendaria: de heroína de la Copa LEN del Sorrall a líder e hilo conductor del cambio generacional; se va con la tercera liga

 

Clara Cambray se nos retira. Es ley de vida y tiene todo el derecho, claro. Pero se nos retira y a partir de septiembre será extraño —muy extraño— no verla en los partidos del Assolim CN Mataró. La capitana y jugadora con más partidos jugados de la historia del equipo se retira. Lo había estado pensando los últimos años, reflexionándolo abiertamente incluso. Se retira después de 12 temporadas y de una trayectoria que la eleva a la condición de leyenda del CN Mataró. El palmarés de la sección femenina deberá separarse a partir de ahora entre AC y DC, antes de Clara y después de Clara. Y acciones como su gol heroico que dio la Copa LEN europea al Mataró en aquella mítica Final Four del Sorrall son directamente leyenda del deporte local.

De Clara Cambray hay una y todo el mundo de la Piscina sabe que no vale la pena buscarle sustituta. Que a partir de ahora será otra cosa. No encontrarás en kilómetros a la redonda a nadie que pueda decir nada malo de ella. Ninguna compañera de equipo. Ha sido el ingrediente perfecto, el truco de cocina inconfesable que ha permitido la mejor época del CN Mataró femenino. Desde levantar la sección a rebufo de la generación de Marta Bach y Roser Tarragó —un poco más mayores— hasta consolidarse como el referente del equipo, tanto dentro como fuera del agua. Que en el primer equipo femenino haya gente de todas partes del mundo pero se vuelvan más "capgrosses" que si nacieran en el Maresme es cosa de Clara. La integración y dinamización del grupo, la vidilla de equipo, el listón de la exigencia, el buen humor y también la mala leche es cosa de Clara.

Será extraño no verla con esa altivez postural suya en las presentaciones, concentrada y brazos cruzados. Se echarán de menos sus toques de juego pícaro, la mordacidad, ese motorcito y el brazo de los momentos y ángulos imposibles. Lo deja con 30 años y con plenitud. Y con la cosa más que madurada y pensada. Digerida, comunicada y concelebrada en tiempo y forma. Ya pueden estar ingeniándose en el CN Mataró la manera de homenajearla.

La capitana Clara Cambray. Foto: R. Gallofré


Mucho más que títulos, el ejemplo

Hay trayectorias que no se miden solo por los títulos, aunque en el caso de Clara Cambray los títulos pesen como una vitrina entera. Se miden también por la permanencia, por la fidelidad, por la manera como una jugadora se convierte en paisaje de un equipo y acaba siendo su memoria, carácter y acento. Cambray se retira como capitana del Assolim CN Mataró después de 12 temporadas en el primer equipo, pero su historia viene de antes: con solo 14 años ya asomaba la cabeza en la piscina grande, cuando el proyecto femenino del Centre empezaba a imaginarse un techo que entonces parecía lejanísimo.

Doce años después, aquel techo se ha convertido en una sucesión de alturas conquistadas. Clara Cambray ha ganado todo lo que podía ganar con el CN Mataró menos la Champions: la Copa LEN, primer título europeo de la sección; tres ligas españolas, la última conseguida hace pocas semanas; Copas, Supercopas y títulos que han ido engrandeciendo el palmarés de un club que ya no es una alternativa, sino una potencia. Solo le ha faltado la corona grande de Europa, aquella Champions League que ha disputado en cuatro Final Four, la última este mismo año en Malta, como si el destino le hubiera querido reservar hasta el final el reto más feroz.

La histórica Copa LEN 2016


Cambray ha sido muchas cosas a la vez. La jugadora de casa que no se marchó. La superviviente de la primera gran generación. La compañera que vio crecer el proyecto cuando todavía se hacía sitio a base de brazadas. La capitana que recibió el relevo de Marta Bach y que ahora lo pasa a una nueva hornada. No podría tener mejor sustituta que Queralt Bertran, que ha sido como una especie de discípula filosófica de ella. La capitanía está en muy buenas manos.

El gran valor de Clara Cambray es este: haber sido hilo conductor de las tres grandes generaciones del waterpolo femenino del CN Mataró. La de la LEN y el estallido inicial, la que convirtió al equipo en aspirante real a todo en Europa, y la que ahora queda, joven y poderosísima, preparada para continuar la historia. Ella misma lo explicaba en una entrevista en Capgròs, antes de una de aquellas grandes citas europeas, con una frase que hoy suena casi como una síntesis de todo el camino: "son muchos años trabajando mucho para ganarnos el respeto a base de rendimiento". Esta ha sido la biografía colectiva del CN Mataró femenino. Primero hacerse mirar, después hacerse temer, finalmente hacerse respetar.

Su carrera también explica la metamorfosis de un club. Cuando Cambray empezó, el Mataró todavía estaba construyendo la apuesta por el femenino. Con los años, aquella apuesta se convirtió en proyecto, el proyecto en equipo ganador y el equipo ganador en una referencia europea del waterpolo femenino. En aquel trayecto ha habido entrenadores, fichajes, jugadoras internacionales, cantera y talento, pero Cambray ha puesto una cosa menos visible e igualmente imprescindible: continuidad. Estuvo allí cuando el club levantó la Copa LEN con un gol suyo clave; estaba allí cuando el Mataró empezó a romper hegemonías; estaba allí cuando el Sorrall se acostumbró a mirar de igual a igual a cualquier rival; y estaba allí, todavía, cuando la Champions volvió a llamar a Malta.

Clara Cambray, toda una vida en el CN Mataró. Foto: R. Gallofré


Por eso su adiós tiene una dimensión que va más allá de una baja deportiva. Se retira una jugadora, sí, pero también se retira una manera de entender el grupo. Cambray ha sido capitana en el sentido más amplio de la palabra: no solo brazalete, sino costura interna. En Capgròs explicaba que una capitana debe “velar para que esta mezcla funcione dentro y fuera del agua”, y esta mezcla ha sido una de las claves del Mataró de los últimos años: talento local, jugadoras de fuera, estrellas internacionales, jóvenes de cantera y una idea compartida de club. Ella añadía un matiz profundamente mataroní: “que quien venga se sienta Mataró muy suyo”. Hacer equipo también era eso: hacer ciudad.

Clara ha sido, además, una jugadora contra el tópico físico. En un deporte de impacto, contacto y centímetros, ella convirtió el cuerpo pequeño en ventaja, la lectura en fuerza, el nervio en arma. Lo decía con una mezcla de orgullo y lucidez: “me sé las debilidades físicas pero las solvento de otra manera”. De esta otra manera han salido goles inesperados, acciones de pícara, defensas incómodas y partidos donde su pulso parecía marcar el ritmo emocional de todo el equipo. Si Clara estaba, el Mataró tenía una chispa diferente.

Su legado queda en el palmarés, en las imágenes, en las finales, en las copas y en aquella Copa LEN que encendió la primera hoguera continental. Pero queda sobre todo en las jugadoras que vienen detrás. Clara Cambray no ha sido solo una jugadora con muchos títulos. Ha sido una época. Una voz. Un puente. El hilo que cose la primera Europa del CN Mataró con el presente de las grandes finales y con el futuro que ya empuja desde la cantera. Se va sin la Champions, pero con algo quizás más difícil: haber ayudado a construir un club que ya no pide permiso para soñarla.

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