¡Noche de gloria y de Fiesta Mayor, la de este martes 2 de junio de 2026 en el barrio de Sant Andreu de Barcelona para el Assolim CN Mataró! La piscina Pere Serrat hasta arriba asistió a un golpe de genio, de autoridad y de rebeldía protagonizado por un equipo que durante todo el año ha ido creciendo y que en el play-off lo ha ido confirmando. Campeonas de liga con el factor piscina en contra. Sí, campeonas de liga por tercera vez, hecho que las confirma todavía más en el olimpo como el mejor equipo de la historia del deporte de nuestra casa. Históricas y únicas las jugadoras de Dani Ballart y más meritoria —probablemente— esta victoria en la final que en las dos ocasiones precedentes. Venciendo —y sufriendo y resistiendo, sobre todo al final— en casa de las vigentes campeonas de Europa, el día que con todo a favor aspiraban a la primera liga. Un título que pasa a engrosar el palmarés de las mataroninas.
Que las Santas Juliana y Semproniana guarden espacio en medio del cortejo celestial para cada jugadora del Assolim CN Mataró. Que se lo merecen. Han hecho méritos durante toda la competición y también en la singladura en la Champions, donde del 10 al 12 de junio estarán en una Final a 4 más que costosa, en Malta. El equipo había crecido, se había reforzado de forma precisa y quirúrgica. Funcionaba. A Dani Ballart, si se le escucha, se le entendía cómo le debía complacer lo que iba viendo. Dentro del equipo, con las nuevas piezas y la ascendencia creciente de algunas jugadoras de la casa, también crecía una convicción. Las cosas iban bien. Y se puede mirar desde el epílogo de la temporada y con el título en la vitrina: la 'cosa' ha ido más que bien.
La afición, la gente del club, la claca de la piscina también es un buen termómetro. Ayer en Sant Andreu el Assolim CN Mataró iba propulsado por un doble corazón latiendo al unísono. Uno dentro del agua y el otro fuera. Decenas de mataronins con los ojos como platos viendo cómo se dominaba el tercer y decisivo partido de la final de la primera a la última ventaja. Cada vez que se ponía por delante o hacía un gol el equipo del Maresme, resonaba la canción del '¡No n'hi ha prou!' de Les Santes entre el público. Cuando se ganó sonó el Bequetero y cuando la capitana Clara Cambray recogió la copa, llevaba una senyera colgada del cuello donde las cuatro barras eran la silueta de los cuatro Gegants de la Família Robafaves. A su lado, Sílvia Morell ondeaba la bandera de Mataró. Queralt Bertran era el alma de la fiesta. Martina Claveria había hecho un partidazo y tampoco paraba. El mataronismo de este grupo y club es emocionante.
Un partidazo de autoridad
Si la primera liga se ganó en fase regular y la segunda en un partido en Mataró que acabó resultando placentero, la tercera será recordada sobre todo por este tercer partido forzado en piscina contraria y por el tono, por la seriedad, por el rigor con que el Assolim CN Mataró lo supo jugar. Un partido blindado en la defensa donde durante prácticamente todos los minutos el equipo de Dani Ballart llegó a parecer ese tipo de estudiantes que, de tanto que se saben la lección, incluso la recitan en voz alta cuando no toca. Metódico en defensa, abrigándose muy bien para no dejar fluir al Sant Andreu, el equipo se entregó a otra jornada de 'Roemeria' —¡qué fichaje y qué rendimiento, todo el año, de Jewel Roemer!— y en la orla hay que poner bien grande también el nombre de Mariona Terré, providencial en paradas como la última y reivindicándose en el enésimo duelo fratricida con su hermana en la portería de enfrente. En defensa la mención al mérito y la actitud es global. Y cómo llegaron a arañar y a soltarse delante fue definitorio.
De verdad. El Assolim CN Mataró firmó una auténtica masterclass en la Pere Serrat, una piscina donde hacía tres años que no conseguía ganar, y lo hizo con una actuación de madurez, oficio y seriedad competitiva enorme. En un ambiente ensordecedor y con dos aficiones entregadas, las mataronenses entraron en el partido con las ideas clarísimas: defender fuerte, correr cuando tocaba y castigar cada resquicio. Roemer abrió el camino con una actuación imperial, bien acompañada por Martina Claveria y un bloque que supo mantener siempre el pulso del duelo. El Sant Andreu respondió con calidad y orgullo, pero el Assolim dominó el ritmo desde el primer cuarto, sin descomponerse en ningún momento y llegando al descanso con ventaja después de haber impuesto su plan con una solidez admirable.
Parecía que no podía ser, pero la presión y las ganas de ganar, a quien estaban jugando una mala pasada, era a las locales. Un Sant Andreu que notó el peso histórico de una oportunidad única, ya que el equipo parece que se deshará de sus piezas más primordiales a partir del año que viene.
El tercer cuarto
El tercer cuarto terminó de marcar el partido. Y eso ya es noticia porque es un parcial que a veces, en días grandes, ha tenido una cierta leyenda negra en Mataró. Con Mariona Terré gigante bajo palos, deteniendo un penalti clave a Elena Ruiz y sosteniendo al equipo en los momentos de mayor presión local, el Mataró construyó el triunfo sobre todo desde la defensa. Cada ayuda, cada bloqueo y cada posesión defensiva tuvieron peso de oro, y el gol revisado por el VAR de Martina Claveria para situar el 6-9 fue un golpe de autoridad. Sant Andreu todavía empujó hasta el 9-10 final, con la grada creyendo en la remontada —y la mataronense presente recordando el segundo partido, donde casi lo consiguen— pero el Assolim CN Mataró resistió con una serenidad extraordinaria. Entre Mariona y una defensa de manual, las de Dani Ballart impidieron el empate y cerraron una victoria de prestigio, de las que explican un equipo grande: dominando del principio al final, con carácter mataronense y con una lección de waterpolo en un escenario de máxima exigencia.
SANT ANDREU 9 - ASSOLIM CN MATARÓ 10
Parciales: 3-3 / 2-3 / 1-3 / 3-1
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