La polémica ha vuelto a estallar en plena Semana Santa. En varios puntos del Estado, y especialmente en Sagunto, la persistencia de cofradías que limitan o impiden la participación de mujeres ha abierto un debate incómodo sobre tradición, género y religión.
En el caso valenciano, la controversia se ha intensificado este 2026 después de que la Cofradía de la Purísima Sangre de Cristo —con orígenes en el siglo XV— votara mantener sus estatutos tradicionales, vetando la entrada de mujeres como cofrades y también como portadoras en las procesiones. La decisión, avalada por una amplia mayoría interna, ha tenido consecuencias más allá del ámbito local: el Gobierno español ha iniciado los trámites para retirar a la celebración la distinción de Fiesta de Interés Turístico Nacional, que ostentaba desde hace más de dos décadas.
El caso ha generado rechazo social y ha reabierto con fuerza el debate entre tradición e igualdad, con voces que reclaman una “Semana Santa inclusiva” ante un modelo que consideran anclado en el pasado. Pero mientras este conflicto ocupa titulares, hay lugares donde la discusión hace tiempo que es historia. Es el caso, por ejemplo, de Mataró.
Hermandad de la Soledad
En la capital del Maresme, la presencia de mujeres en las cofradías no solo está plenamente asumida en su Semana Santa, sino que forma parte de su identidad. Hasta el punto de que una de sus entidades más singulares, la Cofradía de la Soledad, está integrada exclusivamente por mujeres. Son ellas quienes desfilan, quienes asumen el protagonismo y quienes dan forma a una expresión de fe que, en otros lugares, todavía se discute.
A pesar de este carácter femenino, la participación no es hermética: hombres del entorno colaboran en tareas de apoyo. Un funcionamiento que, lejos de generar controversia, se entiende con naturalidad dentro de una Semana Santa en Mataró que ha evolucionado con una lógica propia.
Una cofradía femenina con raíces en los barrios
La singularidad de la Germandad Nuestra Señora de la Soledad no es solo quien la integra, sino también de dónde nace. Su historia está estrechamente ligada a la recuperación de la Semana Santa en Mataró a mediados de los años ochenta, después de un largo período sin procesiones en las calles. En aquel contexto de renacimiento, figuras como Àngel Rubio entendieron que el futuro pasaba por arraigar la tradición en los barrios e implicar especialmente a la población de origen andaluz, muy vinculada culturalmente a estas celebraciones.
Fue en el barrio de Cirera donde un grupo de mujeres —con nombres como Pilar Sánchez (presidenta), Loli de la Rosa o María Jiménez, entre otras— decidió recuperar la devoción a la Virgen de la Soledad. Lo hicieron en condiciones precarias pero con determinación: sin imagen propia, comenzaron adaptando una figura de Santa Teresa cedida por un convento para poder salir en procesión.
Aquellos humildes inicios dieron paso, a finales de los años ochenta, a una decisión que marcaría para siempre la identidad de la cofradía: salir solo con mujeres. Lo que comenzó como una necesidad —por falta de hombres— se convirtió en un símbolo y en un rasgo distintivo dentro de la Semana Santa mataronina.
Una proceso de la Hermandad de la Soledad
Con el tiempo, se encargó una nueva imagen de la Soledad al imaginero Juan Ventura, y con el apoyo de la parroquia de la Sagrada Familia —impulsado por el mosén Mariano de la Cruz— la hermandad se consolidó como una de las entidades más activas del barrio.
Hoy, casi cuarenta años después, mantiene un fuerte arraigo en Cirera, con diversas generaciones de mujeres compartiendo devoción y un papel activo en la vida social y cultural. Es una cofradía familiar, de barrio, y profundamente vinculada al tejido asociativo local.
De los gremios masculinos a la plena participación femenina
Para entender la polémica actual hay que mirar atrás. Muchas cofradías tienen su origen en antiguos gremios profesionales —como los de carpinteros—, históricamente formados solo por hombres. Esta herencia todavía pesa en algunos casos, como el de Sagunto, donde determinadas estructuras se resisten a cambiar.
Pero en Mataró, este pasado se ha reinterpretado. Los portadores de Semana Santa —los encargados de cargar los pasos—, tradicionalmente masculinos, empezaron a incorporar mujeres hace años. Lo hicieron agrupaciones históricas y también cofradías vinculadas a espacios especialmente conservadores.
Las integrantes más jóvenes de la Hermandad de la Soledad
Incluso entidades con siglos de historia, como la Congregación de los Dolores, han contado siempre con presencia femenina, evidenciando que el modelo local se ha construido sobre una base diferente.
Una evolución hacia la igualdad reconocida fuera de Cataluña
Este proceso no se ha hecho con grandes proclamas ni confrontaciones. Simplemente ha pasado. Con el tiempo, las mujeres han ido ganando espacio en todos los ámbitos: desde los pasos hasta las juntas de gobierno, rompiendo dinámicas que en otros lugares todavía generan resistencias.
Un ejemplo claro de esta evolución es el reconocimiento recibido fuera de Cataluña. En el año 2022, la Asociación de Mujeres Cofrades de Cartagena concedió el Premio Pasos de Igualdad —en su XVII edición— a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Esperanza de Mataró, por su apuesta por la igualdad entre hombres y mujeres en la Semana Santa.
El galardón murciano a la Hermandad del Nazareno de Mataró. Foto: Cedida
El caso mataroní era especialmente significativo porque refleja una evolución en doble dirección: por un lado, una hermandad tradicionalmente masculina, la del Nazareno, que ha ido incorporando mujeres hasta el punto de tener una hermana mayor; por el otro, el caso inverso, con el paso de la Esperanza, que nació como una formación exclusivamente femenina y que con el tiempo se ha convertido en un grupo mixto. El galardón, resuelto en febrero de 2022 pero entregado posteriormente en Cartagena a causa de la pandemia, ponía en valor esta capacidad de adaptación.
Los Armados también quieren dar el paso
Uno de los últimos reductos "masculinos" de la Semana Santa de Mataró son los Armats, algo que probablemente cambiará a corto plazo, ya que este es el deseo de la actual Junta. El presidente de la entidad, Joaquim Valls, explica que la tradición y cultura de los manípulos en Cataluña es que sean solo hombres, y así lo establecen los actuales estatutos de los Armats de Mataró, pero esto no implica que tenga que ser así para siempre. "Ser Armat es un sentimiento, y este sentimiento tanto lo puede tener un hombre como una mujer", asevera.
Los Armados en la Procesión del Prendimiento. Foto: Jordi Merino
La Junta actual se ha propuesto, de cara a 2027, introducir este cambio, algo que pasa por cambiar los estatutos de la entidad, un paso que habrá que aprobar en asamblea. "Se trata, sencillamente, de ofrecer a las mujeres la posibilidad de que puedan ser Armados, porque aquí no se discrimina a nadie", insiste.
Cuando el debate de género ya no es debate
En paralelo, el papel de las mujeres dentro del tejido asociativo —también en el ámbito cofrade— no ha dejado de crecer. En muchas entidades son ellas quienes sostienen la actividad y lideran proyectos, una realidad a menudo invisibilizada. Por eso, desde Mataró, el caso de Sagunto se percibe como una realidad lejana, casi anacrónica. Aquí, el debate sobre la presencia femenina en las cofradías hace años que está superado.
La Cofradía de la Soledad, con su modelo 100% femenino y profundamente arraigado en el barrio, es una prueba clara de ello. No como una excepción, sino como una expresión más de una Semana Santa igualitaria, donde la presencia de mujeres es transversal. En un momento en que otros territorios todavía discuten si las mujeres pueden formar parte de las procesiones, Mataró hace tiempo que ha pasado página.