Parc de la Misericòrdia
Parc de la Misericòrdia

El parque modernista del Maresme diseñado por Josep Puig i Cadafalch y Domènech i Montaner

El Parque de la Misericòrdia de Canet de Mar esconde una historia donde confluyen dos de los grandes nombres del modernismo catalán

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Cuando se habla de patrimonio modernista en el Maresme, el nombre de Canet de Mar aparece inevitablemente asociado a la obra de Lluís Domènech i Montaner. Su huella es visible en todo el municipio, desde su antigua residencia —actual casa museo— hasta diversos edificios que han convertido a la villa en una referencia del modernismo catalá. Pero pocos saben que Canet conserva también otro espacio estrechamente vinculado a otro de los grandes maestros del movimiento: Josep Puig i Cadafalch.

Se trata del Parc de la Misericòrdia, un extenso recinto verde que rodea el santuario homónimo y que constituye uno de los conjuntos paisajísticos y patrimoniales más singulares del Maresme.

Parc de la Misericòrdia a Canet

Parc de la Misericòrdia en Canet. Foto: Maresme Film Commission

Un parque nacido de la devoción popular

La historia del parque está íntimamente ligada al Santuario de la Mare de Déu de la Misericòrdia, construido entre 1853 and 1857 según el proyecto del arquitecto Francesc Daniel Molina. Aunque el actual parque es fruto de una actuación de finales del siglo XIX, el entorno del antiguo templo ya había sido objeto de mejoras mucho antes.

Según explica Jordi Díaz en el portal especializado Jardins i Patrimoni, desde el siglo XVIII se fueron plantando árboles y cipreses, acondicionando caminos y creando fuentes y espacios de estancia para los peregrinos y visitantes que acudían al santuario.

El aumento constante de la devoción popular acabó haciendo necesaria una ampliación de los terrenos. El paso decisivo se produjo en el año 1895, cuando el Patronato del Santuario adquirió la huerta de Can Torrus por 17.500 pesetas. Aquella compra es considerada el origen directo del actual parque.

Los nuevos terrenos se transformaron siguiendo la moda del momento: el modelo de "parque-bosque", muy extendido en santuarios y espacios de peregrinaje de finales del siglo XIX. El resultado fue un gran jardín que combinaba vegetación autóctona y especies ornamentales —pinos, encinas, robles, cedros, plátanos, eucaliptos o cipreses— con fuentes, bancos y otros elementos integrados en un paisaje aparentemente natural.

Santuari de la Misericòrdia

Santuario de la Misericòrdia. Foto: Wikimedia Commons

La intervención de Josep Puig i Cadafalch

A pesar de que a menudo se relaciona a Puig i Cadafalch con algunos elementos concretos del parque, su aportación real fue diferente y está documentada históricamente.

A finales del siglo XIX, el arquitecto recibió el encargo de proyectar el cerramiento simbólico de los nuevos terrenos adquiridos por el santuario. Su propuesta consistía en la construcción de quince hitos monumentales, cada uno dedicado a uno de los quince misterios del rosario, que debían delimitar el conjunto.

El proyecto, sin embargo, no se llegó a completar. De los quince hitos previstos solo se construyeron dos, que aún hoy se conservan dentro del recinto.

Años más tarde, en 1910, Puig i Cadafalch proyectó también el Hotel del Parc, un edificio destinado a alojar a los numerosos romeros, peregrinos y visitantes que acudían al santuario. Esta es una de las intervenciones arquitectónicas más destacadas que se conservan vinculadas al arquitecto dentro del conjunto de la Misericòrdia.

Puig i Cadafalch

Puig i Cadafalch

El papel de Domènech i Montaner en los accesos al santuario

La relación entre el parque y el modernismo no acaba aquí. El segundo gran protagonista es Lluís Domènech i Montaner, profundamente vinculado a Canet de Mar.

En el año 1915 recibió el encargo de mejorar la conexión entre el núcleo urbano y el santuario. Su propuesta era muy ambiciosa: un gran eje monumental que debía unir el templo con el centro de la población y llegar hasta la costa.

El proyecto incluía una gran plaza ajardinada escalonada con fuentes frente al santuario, concebida para corregir el desalineamiento existente entre el nuevo paseo y el edificio religioso. Sin embargo, las dificultades económicas y el coste de las expropiaciones impidieron su ejecución completa.

Finalmente solo se construyó el tramo más cercano al recinto religioso, que es el actual Passeig de la Misericòrdia, una elegante rambla de unos 500 metros flanqueada por dobles hileras de plátanos. La gran plaza monumental proyectada por Domènech i Montaner nunca se llegó a materializar.

Un racó del Parc de la Misericòrdia

Un rincón del Parc de la Misericòrdia. Foto: Maresme Film Commission

Un espacio único en el Maresme

Esta doble presencia de Puig i Cadafalch y Domènech i Montaner convierte al Parc de la Misericòrdia en un caso prácticamente único en el Maresme. Mientras el primero intervino directamente dentro del recinto con sus proyectos arquitectónicos y simbólicos, el segundo actuó sobre su relación con la ciudad, ordenando sus accesos y la conexión urbanística.

El resultado es un espacio que va mucho más allá de un simple parque urbano. Es un lugar donde confluyen historia, paisaje, religiosidad popular y patrimonio modernista, rodeado de una vegetación exuberante y convertido hoy en uno de los rincones más singulares y menos conocidos de la comarca.

Para los visitantes, además, el parque sigue siendo una magnífica puerta de entrada a algunos de los itinerarios que suben hacia la Creu de Pedracastell, uno de los miradores más emblemáticos del Maresme. Un lugar que demuestra que, incluso en una villa tan asociada a Domènech i Montaner, todavía hay tesoros patrimoniales por descubrir bajo una mirada diferente.

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