Hay ciudades que se miran deprisa y ciudades que piden ser releídas. Mataró, que a menudo pasa delante de sus propios edificios con la urgencia del día a día, tiene ahora una invitación explícita a detenerse. En Can Serra, el Museu de Mataró presenta “Nulla dies sine linea. Una mirada a edificios de Mataró”, una exposición del artista y diseñador gráfico mataronense Pere Fradera que convierte la línea en una manera de interrogar el patrimonio arquitectónico de la ciudad.
- La muestra reúne dibujos de 21 edificios patrimoniales de Mataró, entre los que se encuentran Santa Maria, Sant Simó, L’Escorxador, la Presó, el mercado de la plaça de Cuba, Can Marfà o Can Serra.
- Pero la exposición no es solo un catálogo de edificios queridos, ni una sucesión de fachadas reconocibles.
- Es, sobre todo, una invitación a mirar. A mirar mejor. A interesarse por aquello que tenemos al alcance y que, precisamente por tenerlo tan cerca, a menudo dejamos de ver.
La directora del Museu de Mataró, Anna Capella, explica que la muestra se entiende dentro del contexto de la Capitalidad Mundial de la Arquitectura y del Año Gaudí, pero también como una apuesta propia de ciudad. “Es un proyecto de ciudad en cierto modo, de mirada patrimonial de la ciudad”, afirma. Y este es el punto clave: no se trata solo de reivindicar la obra de un artista, sino de activar una conversación colectiva sobre el patrimonio, sobre cómo lo habitamos y sobre qué hacemos con él. Capella recuerda que Fradera ya hacía tiempo que trabajaba esta propuesta y que la había planteado como una herramienta para difundir el patrimonio mataronense. La idea inicial podía haber derivado en postales, carteles o materiales de promoción de ciudad. Finalmente, sin embargo, el Museu la ha convertido en exposición. “Da un punto de vista diferente”, señala Capella, que destaca esta mezcla entre mirada artística y valor patrimonial. Según la directora, los dibujos “te ayudan a pensar, a ver elementos nuevos o a ver situaciones diferentes”.

Ningún día sin una línea
El título, "Nulla dies sine linea", remite a la frase atribuida por Plinio el Viejo al pintor griego Apeles: ningún día sin una línea. En manos de Fradera, la divisa deja de ser solo una disciplina de oficio para convertirse en una actitud ante la ciudad. Cada línea es una manera de volver a pasar por la calle, de volver a levantar la cabeza, de volver a preguntarse qué hay detrás de una fachada conocida. Fradera lo explica con una claridad que desarma cualquier exceso interpretativo: "No explico los edificios". Para hacerlo, dice, haría falta una fachada, una planta, una sección, una perspectiva. "Yo no es eso lo que he querido hacer", precisa. Su propósito es otro: "He querido hacer los alzados y lo que vemos pasando por la calle, cómo nos relacionamos como ciudadanos, también". Es decir, una arquitectura vista desde abajo, desde la acera, desde el paso cotidiano del peatón.
Por eso sus dibujos parecen arquitectónicos, pero no lo son del todo. Se reconoce el edificio, el orden, la proporción y el rigor, pero también hay una mirada personal que selecciona, traduce y pone de relieve. "Yo soy dibujante y por tanto lo que he hecho es dibujar lo que se veía", dice Fradera. Y todavía lo sintetiza más cuando rechaza adjetivos demasiado técnicos: "Dibujo sin apellidos". Esta es una de las gracias de la exposición. Que no pide al visitante que sea arquitecto, ni historiador, ni especialista en patrimonio. Le pide, simplemente, que mire. Que descubra que hay cúpulas que muchos mataronenses no saben que están ahí, que hay detalles que pasan desapercibidos y que hay edificios que nunca hemos visto enteros a pesar de haber pasado cien veces por delante. "Dibujar a mí me sirve para entender bien las formas", explica Fradera. Y cuando estas formas se comparten, añade, también adquieren "un valor comunicativo" para los ciudadanos, porque "ayuda a valorar qué tenemos".
La elección de los edificios combina patrimonio canónico y sensibilidad personal. Hay grandes referentes, pero también una casa de cuerpo, incorporada como homenaje a aquella arquitectura popular que hace ciudad sin hacer ruido. Fradera lo vincula con "la arquitectura sin arquitecto", con los maestros de obra y con una manera de construir que da identidad a Mataró y al Maresme. La muestra, en este sentido, no solo mira los edificios nobles: también reivindica las manos que los hicieron posibles.
Uno de los momentos más reveladores es cuando el artista habla del detalle y del oficio. Al dibujar la Prisión, explica, tuvo que rehacer los ladrillos porque no estaban colocados como él había pensado inicialmente. Aquella descubrimiento lo lleva a una idea esencial: el dibujo como respeto. "Para mí ligo mi sensibilidad, mis ganas, el pasarlo muy bien dibujando con el respeto de poner en valor el trabajo de todos los artesanos, albañiles, peones, que han intervenido en todos estos edificios", afirma. Aquí la exposición deja de ser solo una muestra gráfica y se convierte en un reconocimiento a una cadena de conocimiento, paciencia y oficio. La línea, en Fradera, no es fría. Es precisa, sí, pero también afectuosa. "La línea permite explicar bien estos detallitos y hacerte fijar", dice. Y este "hacerte fijar" es casi el programa de mano de la exposición. Porque Mataró no siempre necesita grandes proclamas sobre su identidad: a veces le basta con una línea que le recuerde la forma de una ventana, la solidez de un muro, la singularidad de un mercado, la belleza severa de una prisión o la presencia de un campanario que siempre estuvo ahí y que no siempre habíamos visto.
- La muestra se complementa con un audiovisual de Pol Ponsarnau, con voces de arquitectos, artistas, historiadores, técnicos municipales y personas vinculadas a los edificios patrimoniales. También se han editado un cartel y postales con imágenes de los edificios dibujados, y habrá visitas guiadas, actividades familiares y propuestas educativas.
- "Nulla dies sine linea. Una mirada a edificis de Mataró" se puede visitar en Can Serra hasta el 31 de enero de 2027. Es una exposición sobre dibujo, sí. Pero sobre todo es una excusa preciosa para que los mataronenses vuelvan a mirar Mataró. Sin prisa. Sin darla por sabida. Como si la ciudad, de golpe, nos dijera que todavía tiene líneas pendientes de ser leídas.
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