En una sociedad que tiende a evitar cualquier conversación incómoda, hablar de la muerte sigue siendo un tabú. A pesar de ser la única certeza compartida, a menudo se esconde bajo capas de prisa, consumo y distracción. En el Maresme, sin embargo, hay un espacio donde esta conversación se normaliza: los Cafés de la Muerte que impulsa la Fundació Re-Ser. El próximo sábado 21 de febrero, de 16 h a 18 h, en el Cafè Nou de Mataró (La Riera, 119), la entidad celebrará una nueva sesión con aforo limitado a 20 personas.
- Los Death Coffee nacieron en Londres en el año 2011 con la voluntad de crear encuentros informales para hablar del hecho de morirnos como parte natural de la vida.
- Desde hace años, esta iniciativa se ha extendido por todo el mundo y ha arraigado también en el Maresme.
- “Consisten en poder hablar de la muerte, que siempre ha sido como una especie de tabú, y quitar este miedo que la gente tiene como afrontamiento”, explica Francesc Coll, presidente de la Fundació Re-Ser.
Hablar de la muerte sin agenda ni recetas
Los Cafès de la Mort no son grupos terapéuticos ni espacios de duelo. Tampoco hay ponencias de expertos ni conclusiones cerradas. “Es una reflexión sobre la muerte. No es un grupo terapéutico ni de acompañamiento, sino venir exactamente al grupo y poderse expresar sobre los miedos que uno pueda tener”, detalla Coll. No hay seguimiento posterior ni diagnósticos: solo conversación. La dinámica es sencilla y cuidadosamente diseñada. Se forman cinco mesas con cuatro personas cada una, guiadas por un miembro de la fundación. Se proponen preguntas que actúan como detonantes: ¿Qué pienso de mi muerte?, ¿Qué sentido tiene para ti morirte?, ¿La muerte da sentido a la vida?. A partir de aquí, la conversación fluye.
“Lo que más sorprende es que desde el minuto uno la gente ya se abre y empieza a hablar naturalmente”, asegura Gregorio Fernández, miembro del patronato. “No es un grupo de duelo ni un espacio terapéutico; hablamos abiertamente y se nota que hay ganas de hablar sobre la muerte”. Fernández destaca que muchas personas no encuentran este espacio dentro de la familia o el entorno más cercano. “Muchas veces no quieren hablar de ello con la familia, pero sí con nosotros. Aquí hay un ambiente de confianza”. Esta confianza, explican, permite que salgan reflexiones profundas en muy poco tiempo.
El alivio de poner palabras al misterio
Uno de los elementos más reveladores es el ambiente con el que se cierran las sesiones. “Cuando acaban las dos horas, todo el mundo está sonriendo”, relata Fernández. “Hacemos a veces una foto final y todo el mundo está como aliviado, como si hubiera pasado algo bonito en su vida: haber hablado de algo que tarde o temprano llegará”.
Hablar de la muerte no ensombrece el ambiente; al contrario, a menudo aporta serenidad. “La muerte es un misterio”, recuerda Coll, “pero poder hablar de ella nos ayuda a vivir más plenamente nuestra vida finita”. En este sentido, los Cafés de la Muerte parten de una idea central: mirar el final de cara puede dar más sentido al presente.
Una fundación centrada en el acompañamiento
Los Cafès de la Mort forman parte de un proyecto más amplio. La Fundació Re-Ser, con sede en Arenys de Mar, trabaja en la prevención y atención al suicidio, el acompañamiento en el duelo y las pérdidas, y el apoyo en situaciones de desorientación vital. “Acompañamos a personas que han tenido una muerte súbita en la familia, que han perdido un hijo o que se sienten solas, y miramos de ayudarles a volver a ser”, explica Coll.
La entidad cuenta con una treintena de voluntarios formados, muchos de ellos con una larga trayectoria en el ámbito de los cuidados paliativos, en coordinación con el PADES y la Fundació Hospital de Mataró. Fernández y Coll acumulan más de 14 años como voluntarios en este campo. “El hecho de acompañar a personas en final de vida nos ha abierto a entender que la muerte no es tan difícil ni algo a esconder; puede ser un aliado para tener una vida más plena”, afirma Fernández. Los voluntarios reciben formación específica y se reúnen mensualmente para cuidarse emocionalmente. “Cuando hacemos acompañamiento de paliativos, dure lo que dure, hacemos un proceso también nosotros. La fundación procura no dar otro usuario inmediatamente; nos cuidamos”, explica Coll.
Romper el silencio en una sociedad que evita el tema
En un contexto social que, según ellos, “lo tapa todo con una capa de alegría obligatoria”, hablar de la muerte se convierte casi en un acto de resistencia. “Vivimos en una sociedad que todo tiene que ser happy y consumista, hacemos más que no pensamos”, reflexiona Coll. Por eso, estos espacios invitan a detenerse y formularse preguntas esenciales.
- “Más vale prevenir que curar: hablarlo antes de que llegue”, resume Coll. No se trata de buscar respuestas definitivas, sino de normalizar una conversación que nos interpela a todos.
- Este 21 de febrero en Mataró, el Café de la Muerte volverá a ofrecer dos horas para compartir dudas, miedos e intuiciones. Un espacio donde, paradójicamente, hablar de la muerte se convierte en una manera profunda de reivindicar la vida.
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