Una máscara CPAP para evitar las apneas
Una máscara CPAP para evitar las apneas

Apneas del sueño: el trastorno silencioso que afecta el descanso y la salud cardiovascular

Los especialistas alertan del riesgo cardiovascular y de la somnolencia diurna asociada a este trastorno

Promocional Febrero 26 (2)
 

Las apneas del sueño son un trastorno más habitual de lo que puede parecer y a menudo pasan desapercibidas durante años. Se caracterizan por interrupciones repetidas de la respiración mientras la persona duerme, habitualmente acompañadas de ronquidos fuertes y pausas que pueden superar los diez segundos. Estas interrupciones se repiten durante toda la noche e impiden un descanso profundo y reparador.

Según el neurólogo y jefe de la Unidad de Trastornos del Sueño del Hospital Clínic, Alejandro Iranzo, algunas personas pueden llegar a sufrir entre 100 y 120 apneas por hora. Aunque estos episodios provocan microdespertares que la persona no recuerda, el sueño se fragmenta constantemente, generando fatiga diurna, dolor de cabeza, irritabilidad y pérdida de concentración.

Hay tres tipos principales de apnea del sueño. La obstructiva es la más frecuente y se produce cuando los músculos de la garganta se relajan y bloquean el paso del aire. Esto provoca los ronquidos y las interrupciones respiratorias, especialmente cuando la persona duerme boca arriba. La apnea central, en cambio, es menos habitual y se debe a un fallo del cerebro a la hora de enviar las señales adecuadas para respirar. Puede estar relacionada con enfermedades como un ictus, tumores cerebrales o insuficiencia cardíaca. Finalmente, la apnea mixta combina las dos formas anteriores.

Este trastorno afecta entre el 2% y el 4% de la población adulta, especialmente hombres con sobrepeso e hipertensión, así como mujeres posmenopáusicas. Entre los principales factores de riesgo se encuentran la obesidad, la edad —sobre todo entre los 40 y los 60 años—, anomalías anatómicas como amígdalas grandes o lengua voluminosa, y enfermedades como la diabetes o problemas cardiovasculares. También contribuyen hábitos como el consumo de alcohol, tabaco o sedantes.

Las consecuencias de no tratar las apneas pueden ser graves. La falta de oxígeno obliga al corazón a trabajar más intensamente, lo que incrementa el riesgo de hipertensión, arritmias, infartos e ictus. Además, la somnolencia diurna puede provocar accidentes laborales o de tráfico, problemas de concentración y un rendimiento académico o profesional inferior.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico se realiza habitualmente mediante una polisomnografía, una prueba que estudia el sueño durante la noche y permite determinar la gravedad del trastorno. A partir de aquí, se puede establecer el tratamiento más adecuado.

En muchos casos, los cambios de hábitos son fundamentales: perder peso, hacer ejercicio, dormir de lado, mantener horarios regulares y evitar alcohol, cafeína y sedantes pueden reducir significativamente los síntomas. Dejar de fumar y mejorar la respiración nasal también ayuda a mejorar la calidad del sueño.

Cuando estas medidas no son suficientes, existen tratamientos específicos. Lo más habitual es la CPAP, una mascarilla que mantiene las vías respiratorias abiertas mediante aire a presión durante la noche. También hay dispositivos de avance mandibular o, en casos seleccionados, cirugía para ampliar las vías respiratorias. En situaciones extremas, se puede recurrir a una traqueotomía.

Las apneas del sueño son, pues, una patología con un impacto importante en la salud y la calidad de vida, pero con diagnóstico y tratamiento adecuados se pueden controlar y reducir sus consecuencias.

Fuente: www.3cat.cat/3catinfo


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