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Caminar descalzo

Redacció

Caminar descalzo por casa: salud sí, pero con condiciones

Expertos alertan que tiene beneficios para la circulación y el equilibrio, pero no es recomendable en todos los casos ni sobre cualquier superficie

 

Descalzarse al llegar a casa se ha convertido en un hábito cada vez más extendido. ¿Pero es realmente saludable caminar descalzo? Según el podólogo Manel Pérez Quirós, presidente del Colegio de Podólogos de Cataluña, la respuesta es clara: sí, pero con matices. La edad, el estado de salud, el tipo de superficie o la higiene de los pies son factores determinantes.

Los beneficios de quitarse los zapatos

Cuando liberamos el pie del zapato, ganamos ángulo de movimiento y favorecemos que huesos y músculos trabajen con más naturalidad. Caminar descalzo mejora la circulación sanguínea y el aporte de nutrientes a los tejidos, reforzando también la actividad del sistema inmunitario. Además, genera una sensación de descanso y relajación muy beneficiosa después de una jornada larga.

En niños y adolescentes, especialmente hasta los 16 o 18 años, esta práctica puede contribuir al correcto desarrollo óseo. Durante el crecimiento, es esencial que la musculatura y los huesos experimenten todos los ángulos de movimiento posibles.

Un elemento clave son los receptores propioceptivos, responsables de informar al cerebro sobre la posición del cuerpo en el espacio. Cuando el pie está en contacto directo con el suelo, estos receptores reciben más estímulos: detectan si la superficie es inclinada o irregular y ajustan la musculatura para mantener el equilibrio. Los calcetines antideslizantes permiten más información que las zapatillas, y estas, más que los zapatos.

Las precauciones necesarias

Ahora bien, para que caminar descalzo sea saludable, la superficie debe ser segura. Hay que evitar suelos fríos, sucios, con irregularidades o riesgo de cortes y resbalones. También es importante que la piel esté sana e hidratada.

La piel actúa como primera barrera del sistema inmunitario. Si presenta heridas o lesiones, virus, bacterias y hongos pueden penetrar con más facilidad. Además, el pie tiene una flora bacteriana propia —con aproximadamente un 30% de bacterias no patológicas— que nos protege de infecciones. Un exceso de higiene o el uso de antibióticos puede alterar este equilibrio. Por eso se recomienda lavar los pies con jabón de pH neutro, hidratarlos correctamente y secarlos bien, sobre todo entre los dedos.

Determinados colectivos deben extremar las precauciones. Las personas con diabetes no deberían ir descalzas, ya que pueden perder sensibilidad y no darse cuenta de pequeñas lesiones que pueden derivar en úlceras graves. También puede no ser recomendable en casos de artritis.

Mascotas y superficies: riesgos escondidos

Un riesgo poco conocido son los pelos de mascotas, que pueden clavarse en la piel, especialmente si está húmeda. Por eso es conveniente aspirar bien el suelo antes de caminar descalzo. Tampoco se recomienda hacerlo en espacios públicos como gimnasios, piscinas, duchas o habitaciones de hotel.

Finalmente, hay que evitar temperaturas extremas y no caminar siempre sobre superficies duras. Los suelos excesivamente calientes pueden provocar inflamaciones por vasodilatación. Siempre que sea posible, es saludable pisar superficies más naturales y blandas, como césped, arena o caminos de montaña, que benefician el sistema musculoesquelético y la circulación.

Caminar descalzo, pues, puede ser un hábito muy saludable si se hace con sentido común y atendiendo a las necesidades de cada persona. Los pies son la base de nuestro cuerpo: cuidarlos es invertir en salud.

Fuente: www.3cat.cat/3catinfo


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