Las mantecas de frutos secos se han convertido en un imprescindible de muchos desayunos y meriendas. Su textura cremosa y su sabor intenso las hacen ideales para untar en tostadas, añadir al yogur, incorporar a recetas de repostería o incluso utilizar en salsas y vinagretas. Manteca de almendras, de avellanas, de pistachos o de cacahuetes: hoy en día la oferta es enorme. ¿Pero son realmente saludables?
La respuesta es sí, siempre que estén elaboradas exclusivamente con frutos secos. Según explica Alba Coll, dietista-nutricionista de la Fundació Alícia y miembro de la junta del Colegio de Dietistas-Nutricionistas de Catalunya, las mantecas naturales mantienen buena parte de los beneficios nutricionales de los frutos secos enteros. Aportan grasas saludables, proteína vegetal y fibra, nutrientes relacionados con la reducción del colesterol y del riesgo cardiovascular, así como con una mejor salud intestinal.
Ahora bien, no todas las mantecas que encontramos en el supermercado tienen la misma calidad. La clave es mirar bien la etiqueta. Cuanto más corta sea la lista de ingredientes, mejor. Una manteca saludable debería indicar únicamente "100% almendras", "100% cacahuetes" o el fruto seco correspondiente. En cambio, si aparecen azúcares, jarabes, aceites refinados o aceite de palma, ya se trata de un producto ultraprocesado con una calidad nutricional inferior.
También es importante recordar que, a pesar de ser saludables, estas mantecas se deben consumir con moderación. Los frutos secos son alimentos muy energéticos y, en forma de manteca, es especialmente fácil excederse. Además, al no tener que masticarlos, la sensación de saciedad es menor y tendemos a consumir más cantidad sin darnos cuenta.
Los estudios asocian los beneficios de los frutos secos con una ración aproximada de un puñado, es decir, entre 20 y 30 gramos diarios. En el caso de las mantecas, esto equivale aproximadamente a una o una cucharada y media sopera al día. Superar esta cantidad de manera habitual puede incrementar notablemente el aporte calórico de la dieta.
Las únicas personas que deben evitar su consumo son aquellas que tienen alergia a los frutos secos. Además, en las mantecas no naturales conviene vigilar también la presencia de leche en polvo o de edulcorantes añadidos.
La opción casera
Para quienes prefieren una opción casera, preparar manteca de frutos secos en casa es sencillo. Solo se necesita un robot de cocina o procesador de alimentos y los frutos secos escogidos, preferiblemente tostados pero no fritos ni salados. Durante el triturado, los frutos secos pasan primero a una textura de polvo y, poco a poco, van liberando sus aceites hasta transformarse en una manteca suave.
Los expertos recomiendan detener el robot cada 30 o 40 segundos para evitar el calentamiento excesivo, que podría alterar las grasas saludables. Si la textura queda demasiado espesa, se puede añadir un chorrito de aceite de oliva.
Además, estas mantecas se pueden personalizar con cacao puro, dátiles, pasas o plátano para aportar dulzor natural, evitando así los edulcorantes artificiales. Finalmente, hay que conservarlas en un lugar fresco y sin exposición directa al sol para evitar su oxidación y preservar mejor sus propiedades.
Fuente: www.3cat.cat/3catinfo
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