El dolor forma parte de la experiencia humana, pero su evolución a lo largo de la vida es mucho más compleja de lo que se podría pensar. Un estudio internacional con datos de más de seis millones de personas de 118 países ha elaborado una radiografía global del dolor y concluye que los incrementos más importantes se producen antes de los 55 años.
La investigación, liderada por investigadores de la Universidad McGill de Canadá y publicada en Nature Medicine, ha analizado 902 bases de datos procedentes de 138 programas de encuestas poblacionales. A diferencia de otros estudios basados en diagnósticos médicos, los investigadores han preguntado directamente a las personas si habían sufrido dolor corporal durante el último mes, lo que permite incluir también a personas que no tienen acceso habitual al sistema sanitario.
Las conclusiones cuestionan la idea de que el dolor aumenta de manera constante a medida que envejecemos. Los investigadores estudiaron 11 zonas anatómicas y comprobaron que en siete de ellas, entre las que se encuentran la cabeza, la cara y el abdomen, la prevalencia sigue una trayectoria en forma de U invertida. Esto significa que el dolor alcanza su máximo durante la juventud o la mediana edad y posteriormente tiende a estabilizarse o disminuir.
En cambio, el comportamiento es diferente en las zonas sometidas a una mayor carga mecánica. El dolor lumbar, de cadera y de rodilla aumenta progresivamente con la edad. Entre todos los tipos analizados, el dolor de espalda destaca especialmente: puede afectar hasta al 40% de la población mundial.
Las mujeres declaran más dolor
El estudio también identifica una diferencia clara entre hombres y mujeres. Ellas reportan niveles de dolor más elevados de manera consistente en las 11 zonas anatómicas estudiadas. Las diferencias son especialmente marcadas en el dolor de cabeza, el dolor facial y las molestias estomacales o abdominales.
Los autores señalan que las causas de esta desigualdad pueden estar relacionadas con factores biológicos, hormonales y psicosociales, aunque los mecanismos exactos continúan siendo objeto de investigación.
La pobreza también hace más dolorosa la vejez
Uno de los resultados más destacados es la relación entre el dolor y el nivel de desarrollo de los países. Los datos muestran que, a partir de los 40 años, el dolor aumenta de manera mucho más pronunciada en las poblaciones de los países con menos recursos.
A los 80 años, la probabilidad de sufrir algún tipo de dolor corporal es 31 puntos porcentuales superior en los países pobres que en los ricos, mientras que el dolor lumbar es casi el doble de frecuente en las regiones con menos recursos.
Los investigadores calculan que el tabaquismo, la obesidad y los bajos ingresos explican conjuntamente un 18,3% de la carga mundial de dolor. Sin embargo, estos factores no tienen el mismo peso en todas partes. En regiones menos desarrolladas podrían tener una mayor importancia otros elementos poco estudiados, como los trabajos físicos extremos, las enfermedades infecciosas mal tratadas o la desnutrición.
Los autores recuerdan que los datos son principalmente de estudios transversales y, por tanto, no permiten seguir a las mismas personas durante toda la vida. A pesar de esta limitación, los resultados refuerzan una idea: la prevención del dolor crónico debería empezar mucho antes de la vejez, especialmente durante las etapas en que los incrementos son más pronunciados.
Fuente: www.elmundo.es/salud
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