Dormir mal no es normal, el cansancio que se acumula
Dormir mal no es normal, el cansancio que se acumula

Redacció

Dormir mal no es normal: el cansancio que se acumula

El insomnio, los horarios irregulares, el estrés y las pantallas deterioran el descanso, pero dormir mal de manera persistente puede tener muchas causas y no se debería resolver solo con soluciones improvisadas

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Dormir poco o dormir mal se ha convertido en una experiencia tan habitual que a menudo se asume como una consecuencia inevitable de la vida adulta. Horarios laborales extensos, desplazamientos, obligaciones familiares, estrés y una oferta constante de estímulos hasta bien entrada la noche contribuyen a reducir o fragmentar el descanso. El problema aparece cuando una mala noche deja de ser un hecho puntual y la sensación de cansancio se instala durante semanas o meses.

El insomnio no presenta una única forma. Hay personas que tienen dificultades para dormirse, otras que sufren despertares repetidos y también las hay que abren los ojos mucho antes de la hora prevista y ya no consiguen volver a dormir. A esto se añaden los casos en que aparentemente se duerme un número suficiente de horas pero el descanso no resulta reparador. Esta variedad explica por qué "dormir mal" debe entenderse como un síntoma que puede tener causas muy diferentes, y no como un diagnóstico en sí mismo.

Estrés y ansiedad son factores habituales, pero no los únicos. El dolor, algunos medicamentos, los horarios irregulares, el consumo de alcohol o estimulantes, los cambios hormonales, problemas respiratorios nocturnos o trastornos específicos del sueño pueden estar detrás del problema. En algunos casos, además, el propio insomnio acaba generando un círculo difícil de romper: la preocupación por no dormir lleva a la persona a pasar más tiempo en la cama, modificar horarios, compensar con siestas o controlar constantemente las horas que faltan hasta el despertador. El descanso se convierte así en una obligación que genera más activación y más dificultades para dormir.

Las recomendaciones habituales siguen teniendo valor. La Sociedad Española de Sueño (SES) insiste en mantener horarios regulares, reducir estimulantes durante las horas previas al descanso, evitar cenas excesivas, practicar actividad física y establecer rutinas tranquilas antes de ir a la cama. Limitar el uso de pantallas durante la tarde también puede ayudar, especialmente cuando estas mantienen activa el trabajo, las conversaciones, las redes sociales o el consumo constante de contenidos. Ahora bien, la higiene del sueño no resuelve por sí sola todos los casos de insomnio persistente.

Desconfiar de las 'ayudas'

Esta es una distinción importante porque alrededor del descanso ha crecido también una oferta extensa de soluciones rápidas: aplicaciones de relajación, almohadas, infusiones, complementos alimenticios o productos con melatonina. Algunos pueden tener usos concretos, pero no sustituyen una valoración adecuada cuando el problema se mantiene. La SES recoge, por ejemplo, la evidencia favorable de la terapia cognitivo-conductual específica para el insomnio, que trabaja tanto los pensamientos asociados al problema como los hábitos que pueden contribuir a cronificarlo.

Médicos de familia, psicólogos y especialistas en sueño pueden intervenir en diferentes momentos del proceso, especialmente cuando hay que descartar causas médicas o abordar factores emocionales y conductuales. También es importante evitar que la automedicación acabe convirtiéndose en la respuesta habitual. Un producto que facilite el sueño durante unos días no explica por qué una persona lleva meses descansando mal, del mismo modo que dejar el móvil una hora antes no solucionará una apnea del sueño, un dolor persistente o una situación de ansiedad significativa.

Este mismo septiembre de 2026, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha publicado una alerta relacionada con un complemento alimentario procedente de Estados Unidos con un contenido elevado de melatonina, un recordatorio de que los productos comercializados como complementos también requieren criterio en la dosis y en el uso. La idea de que aquello que no necesita receta es necesariamente inocuo puede llevar a trivializar sustancias que tienen efectos sobre el organismo.

En una comarca como el Maresme, con mucha población que trabaja fuera del municipio de residencia, horarios intensos y desplazamientos cotidianos, no siempre es posible construir una rutina ideal. La cuestión no es alcanzar obligatoriamente un número perfecto de horas, sino detectar cuándo el descanso ha dejado de cumplir su función reparadora. Si el cansancio interfiere en el trabajo, la conducción, el estado de ánimo o la concentración; si los despertares se hacen persistentes o aparece una somnolencia excesiva durante el día, conviene considerarlo un problema de salud y no simplemente una característica inevitable de la vida moderna.


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