Echando de menos al ser querido
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¿Fechas para recordar?

Cabré Junqueras reflexiona sobre cómo expertos en duelo discrepan sobre si es saludable conmemorar aniversarios de nacimiento o de muerte de quienes ya no están

Cuando muere alguien cercano, el calendario deja de ser solo una sucesión de días. Para muchas personas, las fechas importantes —el aniversario de nacimiento, el de defunción o incluso fiestas y rituales familiares— se convierten en recordatorios de quien ya no está. Ante esto, la pregunta aparece: ¿es recomendable conmemorar estas fechas o es mejor dejarlas pasar?

Los especialistas en duelo coinciden en que no hay una respuesta universal. Hay quien encuentra consuelo en marcar el calendario y dar espacio a la memoria. Para estas personas, el recuerdo se convierte en una forma de continuidad del vínculo: una manera de decir que aquel afecto no se ha disuelto con el tiempo. Celebrar el aniversario de nacimiento, por ejemplo, permite recuperar la vida antes que la muerte, y desplazar el foco del final hacia el relato global de aquella biografía.

Otros prefieren conmemorar el día de la muerte, entendiéndolo como un momento de pausa y homenaje. A menudo estas conmemoraciones son íntimas: encender una vela, visitar un cementerio, mirar fotografías o simplemente dedicar unos minutos a pensar en ello. También hay quien opta por hacer encuentros familiares o rituales más estructurados.

Pero no todo el mundo quiere marcar fechas. Para algunas personas, calendarizar la pérdida se convierte en un peso emocional. Los psicólogos explican que, si el calendario se vive como una obligación o como una fuente de angustia, puede ser más saludable dejar que el recuerdo aparezca de manera espontánea. El duelo es un movimiento interno, no un protocolo.

Los expertos apuntan que lo que realmente importa no es conmemorar o no, sino cómo se hace. Si la fecha se convierte en un ritual de tristeza crónica o culpa, puede dificultar el proceso de adaptación. En cambio, si se vive como un espacio de significado —aunque sea melancólico— puede reforzar la sensación de continuidad y dar un sentido amable a la añoranza.

También hay diferencias generacionales y culturales. En algunas familias, recordar fechas es norma: se ha hecho siempre. En otras, no hay tradición y la pérdida se integra de manera silenciosa. La globalización y las redes han introducido nuevas maneras de conmemorar: publicar una fotografía, compartir una canción o escribir un mensaje en aniversarios que antes solo existían en el ámbito privado.

Quizás la clave es entender que el duelo es una relación. Y como en cualquier relación, hay personas que necesitan rituales y personas que necesitan movimiento. Por eso los expertos insisten: no celebrar no quiere decir olvidar; y celebrar no quiere decir anclarse en el pasado. Marcar fechas es solo una de las muchas maneras de habitar la memoria. Lo importante es que, con calendario o sin él, el recuerdo pueda respirar.

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