Una fotografía puede explicar aquello que no sabemos decir con palabras. Un miedo, un dolor persistente, la sensación de no reconocer el propio cuerpo o un momento en que la vida parece haberse detenido. Esta es la idea que hay detrás de la denominada fotografía emocional y terapéutica, una manera de utilizar la creación de imágenes como instrumento de expresión, autoconocimiento y acompañamiento en momentos de dificultad.
No se trata simplemente de hacer fotografías bonitas ni de dominar una cámara. La clave está en utilizar la imagen para representar una emoción, observarse desde fuera, explicar una experiencia o dar forma a sentimientos difíciles de identificar. Un autorretrato, por ejemplo, puede convertirse en una manera de relacionarse de nuevo con un cuerpo que ha cambiado a causa de una enfermedad, una lesión o una situación traumática.
Este es precisamente el punto de partida de ‘Ana Capó, fotografiando la oscuridad’, un documental que explora la fotografía emocional y terapéutica a partir de una historia real y que ha sido nominado a Mejor Documental en los Premios Oriana 2026. La producción es una de las siete finalistas de la categoría documental de un festival que este año ha seleccionado 51 trabajos de entre 1.276 producciones presentadas.
Cuando fotografiarse ayuda a volverse a mirar
La protagonista es Ana Capó, fotógrafa de recién nacidos y deportista, a quien una lesión cambió radicalmente la vida. Capó desarrolló el síndrome de Sudeck, asociado a episodios de dolor intenso y persistente, y tuvo que afrontar un proceso físico y emocional que transformó su cotidianidad. En aquel momento empezó a hacerse autorretratos.
Aquello que inicialmente era una manera de documentar o exteriorizar lo que estaba viviendo se convirtió progresivamente en una herramienta para relacionarse con sus emociones y con su propio cuerpo. Su experiencia es el hilo conductor del documental, que aborda cuestiones como el dolor, la salud mental, la pérdida de identidad, la vulnerabilidad o la reconstrucción personal.
Es aquí donde se entiende mejor qué puede aportar la fotografía emocional. Imaginemos una persona que atraviesa una situación de duelo y que es incapaz de explicar exactamente cómo se siente. Fotografiar una habitación vacía, un objeto que conserva o incluso su propia sombra puede convertirse en una manera de materializar aquella emoción. La fotografía no elimina el problema, pero puede ayudar a observarlo, expresarlo y compartirlo.
De la misma manera, un autorretrato puede permitir trabajar la relación con la propia imagen después de una enfermedad, una operación, una discapacidad o cualquier cambio vital que obligue a reconstruir la percepción de uno mismo.
La cámara como lenguaje emocional
La potencia de la fotografía en este terreno tiene mucho que ver con una característica elemental: no obliga necesariamente a encontrar las palabras exactas. La imagen puede actuar como un lenguaje intermedio. Permite escoger qué se muestra, qué queda fuera de campo, qué luz tiene una escena o cómo una persona quiere representarse. Este proceso creativo puede favorecer la reflexión sobre aquello que se está viviendo.
'Ana Capó, fotografiando la oscuridad' explora precisamente cómo la creación artística puede acompañar procesos de dolor y transformación personal. El film habla del cuerpo herido, de la pérdida de identidad y de la posibilidad de encontrar nuevas formas de continuidad después de un cambio vital profundo.
Esto no significa que hacer fotografías sustituya la atención psicológica o médica cuando esta es necesaria. La fotografía se entiende aquí sobre todo como una herramienta complementaria de expresión, reflexión y acompañamiento, que también puede ser utilizada en contextos profesionales.
Un documental pionero sobre fotografía y salud mental
La producción se presenta como el primer documental en España centrado específicamente en la fotografía emocional y terapéutica como herramienta vinculada a la salud mental y la resiliencia. La historia de Ana Capó ya ha pasado por diferentes proyecciones y su recorrido ha recibido un nuevo impulso con la nominación a los Premios Oriana.
El film está codirigido por David Blanch Martínez y la mataronina Lydia Ruiz León y producido por Indiana Studio. Además del relato de la protagonista y de sus autorretratos, incorpora diferentes voces de su entorno y de profesionales para reflexionar sobre el potencial de las imágenes ante experiencias que a menudo resultan difíciles de explicar.
El proyecto ha sido desarrollado de manera altruista y con recursos propios del equipo.
Proyección en Barcelona el 15 de octubre
Después de pasar por Menorca y Olesa de Montserrat, el documental llegará el jueves 15 de octubre a Barcelona. Se proyectará a las 18:30 h en el Centre Cívic Pati Llimona, en una sesión organizada por la Associació Professional de Facilitació amb Imatges (APFI). Después del visionado habrá una mesa redonda sobre la fotografía como herramienta de expresión, reflexión y acompañamiento en procesos de transformación personal.
Una oportunidad, en definitiva, para acercarse a una disciplina todavía poco conocida y entender una idea aparentemente sencilla pero poderosa: a veces una fotografía no sirve tanto para recordar lo que hemos visto como para empezar a entender lo que sentimos.
Las noticias más importantes de Mataró y Maresme, en tu WhatsApp
- ¡Recibe las noticias destacadas en tu móvil y no te pierdas ninguna novedad!
- Entra en este enlace, haz clic en seguir y activa la campanita