La luz azul está presente de manera natural en nuestro entorno y es imprescindible para regular los ritmos biológicos del cuerpo. Sin embargo, su sobreexposición —especialmente cuando procede de fuentes artificiales y en horarios inadecuados— puede tener consecuencias negativas sobre nuestro biorritmo, afectando al sueño, el apetito, el estado de ánimo e incluso a algunos procesos hormonales.
Un tercio de toda la luz visible es azul. A menudo la asociamos a pantallas de móviles, ordenadores o televisores, pero su principal fuente es el Sol. La diferencia clave es el momento y la intensidad con la que la recibimos. La luz solar es beneficiosa: contribuye a la síntesis de vitamina D y ayuda a sincronizar nuestro reloj interno. En cambio, la luz azul artificial, especialmente la que emiten las bombillas blancas y los dispositivos electrónicos, puede resultar perjudicial cuando nos exponemos a ella durante muchas horas y, sobre todo, antes de ir a dormir.
El principal problema es la alteración del ritmo circadiano, el ciclo natural de vigilia y sueño. Durante el día, la luz ayuda a regular la producción hormonal, pero por la noche el cuerpo necesita oscuridad para segregar melatonina, la hormona que facilita el descanso. El uso de pantallas en horario nocturno inhibe esta producción y envía al cerebro el mensaje erróneo de que aún es de día. El resultado es un sueño más corto y de peor calidad.
A largo plazo, dormir mal puede tener efectos sobre el estado de ánimo, el rendimiento físico y cognitivo, la concentración y la salud en general. Diversos estudios apuntan que una alteración sostenida del ritmo circadiano puede estar relacionada con un mayor riesgo de patologías metabólicas, cardiovasculares o inmunológicas, aunque todavía no existe una evidencia científica concluyente que lo vincule directamente al uso de pantallas.
No solo afecta al sueño
La luz azul no solo afecta al sueño. También puede interferir en otros procesos regulados por relojes internos, como el apetito o la metabolización del azúcar, ya que la luz que entra por los ojos actúa directamente sobre zonas del cerebro implicadas en el control hormonal. Algunos estudios incluso sugieren que la luz artificial podría haber roto la posible sincronía entre el ciclo menstrual y el ciclo lunar, aunque este hecho no debe considerarse preocupante.
Para reducir y compensar la sobreexposición, los expertos recomiendan medidas sencillas: limitar el uso de pantallas al menos una hora antes de ir a dormir, utilizar el modo nocturno en los dispositivos y crear un ambiente progresivamente más oscuro por la noche. Al mismo tiempo, es clave exponerse a la luz natural por la mañana: abrir las persianas al despertar y recibir unos minutos de sol directo ayuda a regular correctamente el reloj biológico. Pequeños cambios de hábitos pueden tener un gran impacto en nuestra salud y bienestar diario.
Fuente: www.3cat.cat/3catinfo
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