La llegada de las altas temperaturas también comporta cambios en las necesidades de nuestro organismo. Una alimentación ligera, una buena hidratación y algunos hábitos saludables pueden ayudarnos a soportar mejor el calor y a prevenir problemas como la deshidratación o las intoxicaciones alimentarias.
Según la presidenta del Col·legi de Dietistes-Nutricionistes de Catalunya, Roser Martí, durante los meses de verano es recomendable apostar por una dieta fresca, variada y basada en productos de temporada. Las frutas y las hortalizas se convierten en las grandes protagonistas porque aportan una elevada cantidad de agua, vitaminas y minerales, además de ser más sabrosas y nutritivas cuando se consumen en su momento óptimo.
Entre las frutas más recomendables se encuentran la sandía, el albaricoque o las zanahorias, ricas en pigmentos que favorecen la protección de la piel frente al sol. También destacan los frutos rojos, como las moras y las frambuesas, que contienen compuestos antioxidantes con efecto antiinflamatorio.
El verano también es un buen momento para ser creativos en la cocina. Las ensaladas se pueden enriquecer con fruta, legumbres o frutos secos, y platos tradicionales como el gazpacho admiten ingredientes sorprendentes, como la sandía, el melocotón o las cerezas. El objetivo es incorporar más vegetales al menú diario sin caer en la monotonía.
En cuanto a las cantidades, no es necesario comer menos que en invierno, sino adaptar la dieta al nivel de actividad física de cada persona. En cambio, sí que es recomendable reducir el consumo de salsas, platos muy salados, picantes o excesivamente dulces. Estos alimentos obligan al cuerpo a utilizar más agua para equilibrar la concentración de sal y azúcar, lo que puede favorecer la deshidratación.
La hidratación es otro aspecto fundamental. El agua sigue siendo la mejor bebida, mientras que los refrescos azucarados, el alcohol y las bebidas con cafeína no son buenas opciones porque pueden dificultar una correcta hidratación. Los especialistas recomiendan beber aproximadamente diez vasos de agua al día, sin esperar a tener sed, ya que esta sensación es una señal de que el organismo ya ha empezado a perder líquidos.
El agua muy fría no refresca más
Contrariamente a lo que a menudo se piensa, el agua muy fría no refresca más. Cuando se consume a temperaturas muy bajas, el cuerpo tiene que gastar energía para calentarla hasta la temperatura corporal, un proceso que acaba generando más calor. Por eso es preferible beberla fresca, pero no helada.
Finalmente, los expertos recuerdan que una buena alimentación debe ir acompañada de actividad física en las horas de menos calor, una exposición moderada al sol para favorecer la síntesis de vitamina D y una manipulación segura de los alimentos. Con las temperaturas elevadas aumenta el riesgo de intoxicaciones alimentarias, por lo que es esencial conservar correctamente los alimentos y refrigerarlos tan pronto como sea posible.
Así pues, seguir una dieta equilibrada, hidratarse adecuadamente y adoptar pequeños gestos cotidianos son las mejores herramientas para afrontar el verano con salud y bienestar.
Fuente: www.3cat.cat/3catinfo
Las noticias más importantes de Mataró y Maresme, en tu WhatsApp
- ¡Recibe las noticias destacadas en tu móvil y no te pierdas ninguna novedad!
- Entra en este enlace, haz clic en seguir y activa la campanita