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Cugat Comas

"Una persona con enfermedad mental puede llegar donde quiera, si no se rinde"

Entrevista con Albert Gutiérrez Gallemí, presidente de ‘Viure, asociación de salud mental y bienestar’ de Mataró sobre la labor que desarrolla a nivel comarcal, siempre en el marco de la solidaridad

 

En Mataró, el nombre de Albert Gutiérrez Gallemí es sinónimo de solidaridad y perseverancia. Charlatán, afable e incansable, este mataronés conocido y querido recibió un diagnóstico de trastorno psicótico con solo 17 años. Lejos de hundirse, decidió hacer frente a la enfermedad con esfuerzo, disciplina y el apoyo incondicional de su familia. Con los años no solo ha podido llevar una vida plena, sino que se ha convertido en una de las voces más activas en la defensa de la salud mental en la ciudad. Es el fundador de la Marcha por la Salud Mental de Mataró y el alma de Viure, una asociación de Salud Mental y Bienestar que trabaja para que ninguna persona con dificultades psicológicas se quede sin apoyo por motivos económicos. Hablamos con él sobre el origen del proyecto, los retos de la salud mental hoy y la importancia de no rendirse nunca.

En Mataró, gracias a iniciativas como Viure, la salud mental ya no es solo una cuestión privada. Es un compromiso colectivo. Y Albert Gutiérrez es la prueba viva: convivir con una enfermedad mental no impide vivir, liderar y transformar la realidad de los demás.

¿Cómo empezó la asociación Viure?

Hace cuatro años, en una cena con amigos, surgió la idea. David Bote me animó. Yo hacía muchos años que estaba implicado en iniciativas solidarias, en salud mental, en caminatas, en proyectos vinculados al cáncer, en colaboraciones con entidades… Tenía infraestructura, experiencia y contactos. Con un grupo de amigos decidimos crear la asociación. La idea era aprovechar todo lo que ya sabíamos hacer, pero focalizándolo claramente en la salud mental.

¿Cómo definirías la asociación? ¿Es apoyo logístico? ¿Atención directa?

Tenemos una infraestructura muy grande —una nave de 650 metros cuadrados— y un equipo de unas 20 personas que colaboran. Hay mucha complicidad de mucha gente, como Sergi Quintana, de La Morera. Organizamos actos, caminatas, conciertos, actividades solidarias… Pero nuestra finalidad es muy clara: ayudar a personas con problemas de salud mental a mejorar su calidad de vida. Todo el dinero que recogemos —de la caminata, de Sant Jordi, de tómbolas, de conciertos— va destinado a eso. Nadie cobra. Todo es voluntario.

¿Cómo se concreta esta ayuda?

Uno de los problemas que tenemos es que mucha gente con pocos recursos solo puede ir al psiquiatra cada medio año. Y esto no es suficiente. El trabajo psicológico necesita seguimiento.

Hemos llegado a un acuerdo con una psicóloga: si una sesión cuesta 70 euros, ella la deja a 35. Y nosotros, con el dinero que recogemos, ayudamos a pagar una parte. Si la persona puede aportar 10 o 15 euros, nosotros ponemos el resto. Es una especie de cofinanciación para que tenga valor para la persona, pero no sea una barrera. Empezamos con dos casos, pero queremos crecer. Lo hacemos poco a poco y con criterio profesional.

Por lo tanto, ¿su objetivo es evitar que la gente se quede sin seguimiento?

Exacto. La enfermedad mental, si no la trabajas, crece más rápido que tú. Si te quedas cinco años en casa, cuesta muchísimo volver a salir. En cambio, si desde el primer momento le pones apoyo, disciplina y ayuda, puedes salir adelante.

La Marcha por la Salud Mental y las charlas públicas también forman parte de vuestro trabajo. ¿Por qué es tan importante visibilizar?

Porque todavía hay mucho silencio. La gente no quiere hablar de salud mental. Y es una enfermedad como cualquier otra. La cabeza es la parte más importante del cuerpo, y la más compleja. Cuando doy charlas explico mi experiencia. He vivido momentos muy duros, pero también cosas muy grandes. Lo explico para que la gente vea que una persona con enfermedad mental puede llegar muy lejos.

Marcha por la salud mental

¿Qué quieres decir con eso?

Que no somos superhéroes, pero tampoco somos menos que nadie. Yo he hecho 18 maratones con la enfermedad. He trabajado toda la vida. Incluso fui jefe de control de calidad de un proyecto industrial mundial en la empresa familiar en una época en que estaba muy tocado. Lo explico para que la gente entienda que no todo se acaba con un diagnóstico. Si trabajas, si no te rindes, puedes tener una vida plena.

¿De dónde sale esta energía?

Yo llevo la salud mental dentro. He pasado momentos muy difíciles y sé lo que es sentirse hundido. Pero también sé que la ayuda funciona. A mí me ha ayudado mucho ir al psicólogo cuando lo he necesitado. Mi vida es aumentar la solidaridad. Tengo horas para dedicarle, y las quiero dedicar a eso. He renunciado a proyectos en el extranjero porque quiero quedarme aquí, con mi familia, mi ciudad y la asociación.

¿Qué te imaginas de aquí cinco o diez años?

Veo una asociación muy firme. Lo tenemos todo para crecer: infraestructura, equipo, ilusión y experiencia. Cada vez somos más gente y más conscientes de la necesidad que hay. Yo cada vez me encuentro mejor. Hay momentos difíciles, sí, pero al final pesan más los momentos buenos. Y esto también lo quiero transmitir: se puede estar mal y, aun así, construir cosas muy bonitas.

¿Qué mensaje enviarías a una persona que ahora mismo está sufriendo?

Que no se quede en casa. Que no se rinda. Que pida ayuda. Que se mueva. La enfermedad mental no es una sentencia. Todo el mundo puede conseguir salir adelante, pero hay que empezar pronto y no dejar pasar los años. Por eso luchamos: para que la gente tenga apoyo, para que pueda ir al psicólogo, para que sienta que no está sola.


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