Decir que no a un niño no significa quererlo menos. Poner límites no es volver al autoritarismo y evitarle cualquier frustración tampoco es necesariamente la mejor manera de ayudarle a crecer. Estas son algunas de las reflexiones que ha dejado la 26ª Jornada del CDIAP del Maresme, celebrada este lunes 26 de octubre en el TecnoCampus de Mataró, con más de 250 participantes entre asistentes presenciales y conexiones en línea. El encuentro, organizado en el marco del 60º aniversario de la Fundació Maresme, ha puesto el foco en uno de los grandes retos educativos actuales: ¿cómo encontrar el equilibrio entre respetar la libertad de los niños y establecer los límites que necesitan para crecer? Una pregunta que interpela a familias, maestros y profesionales de la salud y la atención precoz.
- Bajo el título "La crianza hoy. Navegando entre libertad y límites", la jornada ha reunido a unas 180 personas presencialmente y más de 70 conexiones en línea.
- Las diferentes ponencias han abordado las transformaciones de los modelos de crianza y las dificultades que experimentan muchas familias a la hora de educar en una sociedad caracterizada por la abundancia de información y los cambios en las redes tradicionales de apoyo.
¿Por qué es importante poner límites a los niños?
Una de las ideas centrales de la jornada es que adultos y niños tienen el mismo valor como personas, pero no las mismas responsabilidades. Respetar a los niños y niñas, escucharlos y tener en cuenta sus emociones no significa renunciar a la responsabilidad educativa que corresponde a los adultos. Las ponentes han invitado a reflexionar sobre una tendencia cada vez más presente en determinados modelos de crianza: querer evitar cualquier malestar, frustración o experiencia negativa a los hijos. Pero crecer también significa descubrir que no todo es posible, que a veces hay que esperar, que hay normas que se deben respetar y que no siempre podemos conseguir aquello que deseamos.
En este contexto, el encuentro ha planteado una pregunta especialmente reveladora: "¿Amar es equivalente a satisfacer?". La reflexión apunta a la necesidad de diferenciar entre acompañar emocionalmente a los niños e intentar resolver inmediatamente todas sus demandas.
La frustración, la espera y la renuncia forman parte del aprendizaje y pueden contribuir al desarrollo de la autonomía y de las herramientas personales para afrontar las dificultades.
Educar a los hijos no es una responsabilidad exclusiva de las familias
Otro de los grandes ejes de la jornada ha sido la necesidad de recuperar y reforzar las redes de apoyo a la crianza. Educar no es una tarea sencilla y las familias no deberían tener que afrontarla solas. El encuentro ha reivindicado la corresponsabilidad entre familias, escuelas, servicios de salud y profesionales de la atención precoz, con el objetivo de construir entornos educativos coherentes y capaces de acompañar las diferentes etapas del desarrollo infantil. También se ha abordado el papel de la escuela en una sociedad que cada vez le atribuye más responsabilidades. Las intervenciones han alertado del riesgo de que la atención creciente a las emociones acabe desplazando la función educativa de los centros y han invitado a clarificar qué corresponde a cada uno de los agentes implicados.
Las familias necesitan ser escuchadas, no juzgadas
Lejos de presentar un manual de instrucciones sobre cómo educar correctamente, la jornada ha defendido una mirada más comprensiva hacia las dificultades de la crianza actual. "No hemos salido con recetas, sino con preguntas compartidas, porque tener en cuenta la complejidad nos ayuda a navegar mejor", se ha destacado durante la clausura. Esta reflexión resume una de las principales conclusiones del encuentro: las familias necesitan profesionales que las escuchen sin juzgarlas, que las ayuden a pensar y que las acompañen en las decisiones educativas cotidianas.
Con esta 26ª edición, el CDIAP del Maresme y la Fundació Maresme continúan impulsando el debate y la formación en torno a la primera infancia, reivindicando una crianza respetuosa que no confunda poner límites con imponer autoridad. Porque educar también es saber decir que no, sostener una frustración y ayudar a los niños a entender que el mundo no siempre responde a sus deseos. Y hacerlo desde el afecto, el acompañamiento y la responsabilidad compartida.
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