Por qué procrastinamos
Por qué procrastinamos

Por qué procrastinamos? La ciencia descubre el "freno" que nos hace dejarlo todo para más tarde

Un estudio japonés identifica el circuito neuronal que bloquea la acción ante tareas desagradables y demuestra que no es solo una cuestión de voluntad

Promocional Febrer 26 (2)
 

Dejar para mañana aquello que sabemos que deberíamos hacer hoy es una experiencia universal. La procrastinación a menudo se atribuye a la pereza o a la falta de disciplina, pero un nuevo estudio científico apunta en otra dirección: nuestro cerebro tiene un mecanismo específico que actúa como un “freno de la motivación”.

Investigadores del Instituto de Estudios Avanzados de Biología Humana (ASHBi) de la Universidad de Kioto han identificado el circuito neuronal responsable de este comportamiento. La investigación, publicada este enero en Current Biology, demuestra que procrastinar no es un defecto de carácter, sino una respuesta biológica arraigada en la evolución y estrechamente vinculada a la gestión de las emociones.

Antes de ponernos en acción, el cerebro evalúa el coste de una tarea: si prevé incomodidad, estrés o dificultad, la motivación puede caer en picado. Hasta ahora, muchos estudios habían analizado la motivación como una reacción a la recompensa o al castigo. El nuevo trabajo va más allá y revela la existencia de dos sistemas neuronales diferenciados que conectan el estriado ventral (EV) con el pálido ventral (PV), dos regiones de los ganglios basales.

Según el neurocientífico Ken-ichi Amemori, coautor del estudio, el EV se activa cuando anticipamos una experiencia desagradable, independientemente de la recompensa final. El PV, en cambio, es el “botón” que inicia y mantiene la acción. En otras palabras: una parte del cerebro valora el coste emocional, y otra decide si vale la pena empezar.

Para observar este circuito, los científicos entrenaron monos para que accionaran palancas a cambio de agua. En una de las pruebas, una recompensa mayor iba asociada a un soplo de aire en la cara. A pesar de obtener más agua, los animales a menudo evitaban esta opción: la incomodidad frenaba la acción.

Cuando los investigadores bloquearon químicamente la conexión entre el EV y el PV, el comportamiento cambió radicalmente. Los monos estuvieron mucho más dispuestos a actuar a pesar de saber que recibirían el soplo. El “freno de la motivación” se había relajado.

El descubrimiento tiene implicaciones importantes. Demuestra que pensar en la importancia de una tarea o en la recompensa no siempre es suficiente para ponernos en marcha, especialmente ante situaciones estresantes. Tampoco es solo una cuestión de fuerza de voluntad.

Aplicaciones terapéuticas

Además, abre la puerta a futuras aplicaciones terapéuticas para trastornos graves de la motivación, como la abulia, asociada a enfermedades como la depresión mayor o la esquizofrenia. Aun así, los expertos advierten que es necesario encontrar un equilibrio: un freno demasiado rígido puede conducir a la inacción, pero uno demasiado flexible puede favorecer conductas de riesgo o agotamiento.

En el futuro, técnicas como la estimulación cerebral o nuevos fármacos podrían ayudar a regular este sistema. Mientras tanto, para combatir la procrastinación cotidiana, siguen siendo clave las estrategias cognitivas y conductuales. Entender que el cerebro juega un papel central es, quizá, el primer paso para dejar de culparnos y empezar a actuar.

Fuente: www.3cat.cat/3catinfo


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