El riesgo de sufrir un ictus no ha disminuido entre las personas jóvenes en los últimos años, a diferencia de lo que ha ocurrido entre la gente mayor. Sin embargo, el número total de casos aumenta debido al envejecimiento de la población. Así lo ha explicado Marc Rodrigo, neurólogo intervencionista del Hospital Universitari Vall d'Hebron, que atribuye esta diferencia al aumento de factores de riesgo vascular entre los más jóvenes, como el tabaquismo, la diabetes, la hipertensión arterial, el colesterol elevado y el sedentarismo. A las puertas del día Mundial del Ictus, el 29 de octubre, el facultativo advierte que entre el 5% y el 15% de los ictus afectan a menores de 50 o 55 años, según los estudios.
Rodrigo ha remarcado que, aunque los ictus entre personas jóvenes representan una proporción minoritaria del total, las consecuencias pueden ser especialmente importantes porque afectan a personas en plena etapa laboral. El neurólogo ha advertido que sufrir un ictus en estas edades tiene un impacto social, laboral y económico elevado. Por este motivo, ha insistido en la necesidad de prevenir los factores de riesgo y detectar rápidamente los primeros síntomas para reducir las posibles secuelas.
El facultativo ha explicado que, mientras que entre las personas mayores se ha observado una disminución de la incidencia del ictus ajustada por edad, entre los más jóvenes no se ha logrado una reducción equivalente. "Se mantiene estable porque en esta población más joven tenemos un aumento de los factores de riesgo vascular", ha señalado. En este sentido, ha recomendado evitar el tabaco, controlar la presión arterial, el azúcar y el colesterol, y practicar ejercicio físico de manera regular.
Las secuelas dificultan recuperar la vida anterior
Según ha explicado Rodrigo, entre el 50% y el 60% de los pacientes que sufren un ictus recuperan la independencia funcional, es decir, pueden volver a desarrollar una vida autónoma. Sin embargo, esto no significa necesariamente recuperar completamente la situación anterior. "Aunque recuperemos la motricidad, recuperemos el habla, hay un componente que puede ser más psicológico, más cognitivo, que cuesta un poco más de recuperar", ha indicado.
Es el caso de Esther Pujadas Urrea, una mujer de 54 años que sufrió un ictus y que antes trabajaba conduciendo un camión de recogida de basuras. Pujadas ha explicado que no se había planteado nunca que pudiera sufrir esta enfermedad. El ictus se produjo mientras estaba en casa, después de levantarse de la cama para ir al lavabo. Recuerda que se cayó al suelo y que, a pesar de oír a las personas que le hablaban, no podía responder. "Era como otro mundo", ha relatado.
Desde entonces, asegura que su vida ha cambiado radicalmente. Aunque puede hablar y ha empezado a caminar más, explica que tiene dificultades para formular algunas frases y sufre un cansancio muy intenso. "Cuando tengo que pensar alguna frase, voy con retraso", ha relatado. También ha reconocido que actividades que antes hacía con normalidad ahora le representan un esfuerzo considerable.
Pujadas, que antes del ictus se consideraba una persona muy activa, ha explicado que está recuperando progresivamente la movilidad, pero que todavía se cansa mucho. "Sí, acabo muerta, pero es un progreso", ha afirmado. La paciente también ha querido transmitir un mensaje sobre la importancia de cuidarse: "Tienes que vivir y te tienes que cuidar y dejar de fumar", ha recomendado, reconociendo que antes ella fumaba mucho.
Diagnóstico y tratamiento en un mismo espacio
Vall d'Hebron dispone de la sala One Step Ictus, un espacio que permite hacer el diagnóstico por imagen y el tratamiento endovascular en un mismo lugar, con el objetivo de reducir el tiempo de intervención. El sistema incorpora una sala híbrida que facilita la exploración del paciente y la extracción del coágulo sin tener que seguir el circuito convencional entre diferentes espacios asistenciales.
Rodrigo ha destacado que reducir el tiempo hasta el tratamiento permite mejorar la recuperación funcional de los pacientes. Según los datos que el hospital hizo públicos en 2024, un año después de poner en marcha este modelo, el 48% de los pacientes tratados con trombectomía directa conseguían una recuperación clínica casi total, frente al 27% de los que seguían el circuito tradicional.
El neurólogo ha explicado que este modelo asistencial, innovador cuando se implantó, se ha empezado a extender a otras ciudades europeas, aunque todavía es poco frecuente.
Finalmente, Rodrigo ha insistido en que la prevención y la detección precoz son las dos herramientas fundamentales para reducir el impacto del ictus. Ha recordado que actualmente hay tratamientos que pueden disminuir la discapacidad, pero que solo se pueden aplicar dentro de unos márgenes de tiempo determinados. Por este motivo, ha remarcado la importancia de buscar atención médica inmediata ante cualquier síntoma sospechoso de ictus.
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