Este 2025 ha sido un año intenso para la Fundación. ¿Cómo valoras la programación de exposiciones?
Destacaría sobre todo la de Neus Dalmau, que proviene del mundo underground, punk y psicodélico, y que mezcla poesía con referencias a Verdaguer, Maragall, Palau, Walter Benjamin y Nietzsche. Era una artista más bien desconocida dentro del mercado del arte, y aún viva, y eso es importante porque tanto ella como nosotros hemos podido disfrutarlo. La muestra también se ha relacionado con el tema de arte y salud, ya que la artista, a través de la pintura, ha podido trabajar traumas de infancia y ha contribuido a su propia sanación. Hemos propuesto actividades paralelas en torno a la sanación a través del arte, con la participación de médicos, psicólogos y profesionales del mundo del arte. La exposición ha tocado muchas vertientes y también ha funcionado muy bien con el público.
El año que viene dedicáis una exposición a Isidre Nonell, otro artista poco convencional.
Nonell se propuso retratar a personas al margen de la sociedad. Picasso lo admiraba; ambos eran conscientes de los submundos sociales que existían, como el de los gitanos, que eran marginados pero con normas propias. Analizaremos su relación con el dramaturgo Juli Vallmitjana, que también sintió una gran fascinación por el mundo caló y lo llevó a escena. La preparación de la exposición incluye obras cedidas por diferentes museos, como el MNAC, el Museo Picasso y Montserrat, y se ha hecho un trabajo de investigación muy riguroso de Julià Guillamon.
El Poesia i + ha estrenado dirección artística, con Gabriel Ventura y Leonardo Granados. ¿Qué valoración hacéis?
Ha sido un año de traspaso y consolidación. Los directores han tenido que entrar en contacto con los espacios del festival, que no conoces del todo hasta que no se ejecutan las obras. La programación me ha gustado mucho: poesía y palabra han tomado protagonismo, todo muy cuidado. Hemos tenido muchos espectáculos con entradas agotadas, aunque tuvimos que suspender uno de los días por mal tiempo, lo que afectó a la asistencia. También hicimos una campaña de comunicación muy interesante, analógica, con cartas y folletos, con el objetivo de resaltar la palabra. Un festival de poesía debe ser, sobre todo, un festival de la palabra.
Joan Rangel es el nuevo presidente de la Fundación. ¿Qué implica su llegada?
Rangel era el alcalde de Caldes cuando se creó la Fundación. Él se implicó mucho y ha sido clave en consolidar el proyecto, después de que Palau i Fabre eligiera este municipio para instalarla. Rangel es una persona relevante y con contactos, que nos podrá ayudar mucho a nivel institucional, especialmente en un momento de recortes presupuestarios. Ahora queremos organizar un encuentro con las entidades del pueblo por el aniversario de la muerte de Palau i Fabre, en febrero, para hacer un día dedicado a su memoria e implicar a la comunidad.
¿Cuáles son los mayores retos para un centro como la Fundación?
Trabajamos en condiciones muy precarias. En la cultura todos ponen vocación y muchas horas, pero faltan manos y recursos para hacer todo lo que nos gustaría. No tenemos presupuesto para grandes campañas publicitarias, preferimos destinar los recursos a las actividades. Damos trabajo a perfiles de todo tipo y de proximidad: traductores, editores, carpinteros, albañiles, personal de guías y limpieza, además de los artistas... Somos un motor para el territorio y reivindicamos este rol.

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