Hay edificios que son mucho más que cuatro paredes. El Delme es uno de esos lugares en Sant Vicenç de Montalt. Por su ubicación, por su historia y sobre todo porque durante décadas ha sido escenario de la vida cotidiana de muchas generaciones de vecinos. Ahora, después de años cerrado y de haber pasado a manos municipales, el pueblo deberá decidir qué quiere que sea en el futuro. El Ayuntamiento de Sant Vicenç de Montalt ha abierto un proceso participativo para definir los nuevos usos de El Delme, uno de los edificios más emblemáticos del municipio. La idea es sencilla pero relevante: que su nueva etapa no se decida solo desde los despachos, sino escuchando a la ciudadanía, las entidades y el tejido asociativo.
El edificio fue adquirido por el consistorio en 2023 al Arzobispado de Barcelona y recientemente ha sido declarado Bien Cultural de Interés Local (BCIL), una protección que reconoce formalmente su valor arquitectónico, histórico y social. Una vez garantizada su preservación, llega ahora el momento de plantearse qué debe contener.
Construido entre 1925 y 1926, El Delme está situado en la calle Sant Antoni, junto a la rectoría y la iglesia. Su importancia no deriva solo de la arquitectura. Durante casi un siglo ha ido adoptando funciones diferentes según las necesidades de cada momento. Ha sido escuela parroquial, centro cultural, teatro, cine, sede del Orfeó, biblioteca y Museo del Pessebre, entre otros usos. Esta sucesión de actividades explica por qué el edificio ocupa un lugar especial en la memoria colectiva de Sant Vicenç. Para muchos vecinos, hablar de El Delme no es hablar de un inmueble, sino de un espacio asociado a recuerdos personales, actividades culturales, encuentros, infancia y vida comunitaria.
Precisamente por eso, el proceso participativo incorpora también una vertiente de recuperación de memoria. El Ayuntamiento anima a la ciudadanía a aportar fotografías antiguas, recuerdos, experiencias y anécdotas relacionadas con el edificio. El material podrá servir para construir un relato compartido sobre el pasado de El Delme mientras se decide su futuro.
¿Qué debe ser El Delme?
La primera fase del proceso es una encuesta digital abierta hasta el 12 de octubre a través de la plataforma Participa311. El cuestionario pregunta a los vecinos qué usos consideran prioritarios: educativos, culturales, artísticos, sociales, comunitarios, juveniles, familiares, para la gente mayor, religiosos o empresariales.
También se pide qué querrían encontrar físicamente en el edificio. Entre las opciones hay una sala de artes escénicas con patio de butacas y escenario, espacios para las entidades, una ludoteca, salas para las personas mayores, una sala diáfana para actos, una zona de arte y exposiciones o un espacio de innovación, emprendimiento y trabajo compartido.
No se trata, por tanto, de una consulta con una única respuesta posible. El planteamiento es dibujar qué papel debería asumir El Delme dentro del mapa de equipamientos municipales y cómo puede complementar espacios ya existentes como el Centre Cívic El Gorg y la Biblioteca, el Casal de Cultura, el Espai Jove El Cau o la Escola Municipal de Música l’Oriola.
Una decisión ciudadana, pero con criterios de viabilidad
La segunda gran cita será el 21 de noviembre, con una jornada participativa presencial en el Casal de Cultura. Será un espacio para poner en común ideas, discutir prioridades y profundizar en las propuestas surgidas durante la encuesta. La participación ciudadana, sin embargo, no implica que cualquier propuesta pueda convertirse automáticamente en realidad. Paralelamente, el Ayuntamiento estudiará la viabilidad técnica, jurídica y material de las diferentes opciones. Este equilibrio es una de las claves del proceso: escuchar qué necesita y qué imagina el pueblo, pero también determinar qué es posible hacer en un edificio patrimonial de estas características.
El debate sobre El Delme tiene una fuerza especial porque llega después de un proceso largo de recuperación. Primero hubo que conseguir que el edificio volviera a ser patrimonio público. Después, garantizar su protección. Ahora llega la tercera fase: volver a llenarlo de vida. Y es aquí donde la consulta adquiere todo su sentido. Un edificio que durante décadas cambió de uso según las necesidades de Sant Vicenç puede volver a hacerlo ahora, pero esta vez con una pregunta directa a sus vecinos.
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