Oír hablar de la “pacificació” de la N-II a su paso por el Maresme me saca de quicio, y oír hablar de ella a los “míos” aún más.
Puedo hablar un poco. Nací en Cabrils, tengo familia repartida en los pueblos de alrededor. He vivido siempre en Mataró manteniendo mis lazos natales ya que tengo casa y comparto vida en ambos lugares. Soy ya mayor, y he visto semáforos en el Camí Ral de Mataró cuando era parte de la N-II para regular la circulación en ambos sentidos. Mi actividad política, ahora ya acabada, se ha desarrollado, como es bien conocido, en este territorio del Maresme.
Siempre he dicho que esta comarca no existe. Esta afirmación la he hecho desde el punto de vista político-administrativo. Su historia y realidad humana: dos obispados, con dos vírgenes patronas; dos partidos judiciales, el de Arenys de Mar saltando hasta hace poco la carena hasta el Baix Montseny; su actividad marinera, con “negreros” incluida; su extensión, Pla dixit, a Badalona y Barcelona; la inexistencia de un mercado central propio;..., lo demuestra. Otra cosa es que haya quien se empeñe en pretenderlo. Cuando Pau Vila hace la división comarcal de Cataluña con la Generalitat Republicana, pronto hará cien años, yo lo puse de manifiesto.
Su realidad física sí que es evidente: una estrecha franja de territorio, marismas, humedales y rieras, protegido por la cordillera litoral que crea un microclima muy suave y históricamente abocada al mar.
Cuando se establece la N-II en el marco de las carreteras radiales españolas que tienen a Madrid como punto central, la carretera de “Madrid a Francia por La Junquera” pasa por el Maresme. Desconozco, no sé mucho, el porqué, aunque intuyo algo que puede ser la continuidad del trazado desde los tiempos de los romanos, de la Vía Augusta, o de uno de sus ramales.
Pero desde aquella decisión ha bajado mucha agua por nuestras rieras, mucho más concretamente de unos cincuenta años hacia aquí. El asentamiento humano sobre el territorio, la extensión de la "urbanización", el crecimiento y dispersión de la "urbs" y la movilidad facilitada por los "automóviles" ha comportado que reventaran las viejas costuras que encorsetaron los territorios que -durante mucho tiempo para la mayoría de los que estaban asentados- eran estancos, casi bien autárquicos.
Hoy, si alguien quiere ir de Madrid a Francia por La Jonquera no se le ocurrirá pasar por El Maresme, tiene otras alternativas. Puede, viniendo de Aragón, coger en Cervera el Eje transversal (la C-25), complicado y quizás largo, pero posibilita ahorrarse la Región Metropolitana de Barcelona y salir ya cerca de Girona. Si viene de tierras tarraconenses o ilerdenses puede intentar saltarse el Área Metropolitana de Barcelona cogiendo en El Papiol la continuación de la AP-7 hasta Mollet. Si ya está dentro de Barcelona y quiere ir hacia el norte probablemente intentará ir por la avenida Meridiana arriba a buscar la C-33 y empalmar en Montmeló con la AP-7. También, este último, puede salir hacia Badalona y coger la C-32 e ir a buscar la vieja N-II (ahora sí) en Palafolls, al final de El Maresme, pasando por las espaldas de los pueblos de la comarca del Maresme a pie de mar.
La gratuidad de las autopistas catalanas (ACESA) derivada de haber llegado al término de sus concesiones administrativas (ampliadas muchas veces) ha remachado los clavos del ataúd que contiene el muerto en que se ha convertido la N-II de “Madrid a Francia por la Junquera” a su paso por Cataluña. Sí, administrativamente aún debe existir la N-II a su paso por el Maresme, pero en realidad es un “zombie”, un muerto no enterrado.

De aquí, que la vieja demanda de “pacificació” de la N-II en el Maresme se tenga que mirar con otros ojos, los ojos de la actual realidad territorial y de sus necesidades de movilidad.
Los 30 municipios del Maresme albergan hoy unas realidades urbanísticas muy diferentes. La densidad de población ha crecido mucho (1.189,49 hab./km²) frente a una densidad media en Cataluña de 254 hab./Km2. Muchos de sus municipios son de hecho barrios de la conurbación barcelonesa. Somos 472.572 habitantes ahora mismo, que con la media en Cataluña de 690 vehículos por cada 1.000 habitantes (seguramente en el Maresme algunos más) dan unos 326.000 vehículos. Las características de urbanización dispersa (sprawl) que tienen muchos municipios, especialmente los de arriba (Cabrils tiene 27 urbanizaciones, algunas de Tordera miran desde arriba la carena a Calella,...) comportan unas necesidades de movilidad extraordinarias: escuela, trabajo, ocio, compra, salud y cuidados, ... que provocan repensar la “pacificació” en estos términos. Ya no se trata de “pacificar” la N-II que de hecho ya no existe, sino de convertir la C-32 en una carretera comarcal, enlazar la comarca con un Camí del Mig bien hecho y cumplido y convertir la vieja N-II no en un paseo sino en unas verdaderas Rondas urbanas que ayuden a sacar la circulación de unas calles interiores de muchos de los pueblos que ya no dan para más.
Es buena la idea de hacer más salidas a la C-32 ya que no es una autopista que ha de tener unos determinados requisitos técnicos, sino que es una carretera comarcal. Es buena la idea de facilitar la circulación ciclista, ¡ojo!, no para ir en bicicleta como elemento de movilidad de un pueblo a otro, sino para el ocio y el deporte tal como ya es muy utilizada, dejemos para los jóvenes si quieren este desiderátum. Sería muy buena la concreción de un auténtico Camí del Mig, al menos desde Montgat hasta Mataró, aunque este tema es mucho más complicado que los dos anteriores especialmente por las dificultades de trazado. Ahora bien, ¡ojo con lo que comportaría convertir la vieja N-II en un bulevar cívico, no sea que se creen unos cuellos de botella que estrangulen el tráfico intermunicipal o incluso el propio municipal.
Algunas poblaciones lo tienen más fácil que otras, véase el ejemplo de Mataró (o de Calella): que ha conseguido con tiempo y esfuerzos una convivencia exitosa: calzadas laterales, rotondas, medianas arboladas, pasos subterráneos decentes, semáforos, giros a la izquierda,.. Otras lo tienen más difícil, quizás por la evolución histórica de su urbanismo incluso lo tienen imposible (Caldes d’Estrac?). Pero un bulevar no es una ronda que es lo que se necesita.
Hay que atenderse a la realidad de hoy, con sus potencialidades, posibilidades e imposibilidades. Puede ser que esta realidad no nos guste del todo, pero debemos saber hasta qué punto es posible cambiarla. No tiremos piedras a la Luna que nos podrían caer encima.
Otro día tendremos que hablar del trenc (tren en mataroní).
Las noticias más importantes de Mataró y Maresme, en tu WhatsApp
- ¡Recibe las noticias destacadas en tu móvil y no te pierdas ninguna novedad!
- Entra en este enlace, haz clic en seguir y activa la campanita

Comentarios