El Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil ha intervenido cuatro ejemplares de tortuga mediterránea en una finca particular de Alella, en el Maresme. Se trata de una especie catalogada “en peligro de extinción” en Catalunya y su tenencia está prohibida si no se dispone de la documentación y autorizaciones pertinentes.
El hallazgo se produjo en el marco de una investigación abierta a raíz de la denuncia de un vecino por un posible caso de perros desatendidos. Los agentes del Seprona inspeccionaron la vivienda y comprobaron que los animales se encontraban en buen estado, pero durante la revisión localizaron cuatro tortugas mediterráneas en un corral de la propiedad.
Según ha informado la Guardia Civil, el propietario de la finca, un hombre de 62 años, no pudo acreditar el origen legal de los ejemplares. El hombre explicó a los agentes que una tercera persona le había entregado las tortugas hacía aproximadamente dos años.
Los animales han sido trasladados al Centre de Recuperació de Fauna Salvatge de Torreferrussa, ubicado en Santa Perpètua de Mogoda, donde serán examinados y se determinará su estado y posible destino.
Una especie emblemática y muy amenazada
La tortuga mediterránea (Testudo hermanni) es una de las especies de reptiles más emblemáticas del país, pero también una de las más vulnerables. Antiguamente estaba ampliamente distribuida por el prelitoral catalán, pero con el paso de las décadas su presencia se fue reduciendo de manera drástica hasta el punto de que actualmente solo se conserva una población autóctona salvaje en la sierra de la Albera, en el Alt Empordà.
Según los últimos censos disponibles, esta población ocupa un espacio aproximado de 130 kilómetros cuadrados y estaría formada por entre 6.000 y 7.000 ejemplares, aunque muy fragmentados y con densidades bajas. El resto de núcleos presentes en Catalunya provienen principalmente de programas de reintroducción iniciados en los años ochenta o bien de liberaciones incontroladas y ejemplares escapados de cautividad.
Durante décadas, la tortuga mediterránea fue un animal habitual en mercados y tiendas de animales, especialmente en Barcelona, donde se vendían ejemplares procedentes de las Baleares y de diversos países de Europa del Este. A pesar de que este comercio se prohibió hace años, todavía hoy muchas personas conservan tortugas en domicilios particulares. Su elevada longevidad —puede superar fácilmente los 50 años— ha favorecido que muchos ejemplares hayan pasado de generación en generación.
La especie se caracteriza por el fuerte contraste entre los colores amarillo y negro del caparazón y por un tamaño de entre 13 y 20 centímetros en la edad adulta. Uno de los rasgos distintivos es la presencia de una uña o escama dividida longitudinalmente en el extremo de la cola. La tortuga mediterránea está incluida en el Catálogo de fauna salvaje autóctona amenazada de Catalunya, dentro de la categoría “En peligro de extinción”, que establece medidas específicas de protección y conservación de la especie

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