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Can Puig Palafolls

Redacció

Palafolls, el pueblo del Maresme que compra masías para salvarlas y convertirlas en equipamientos

Después del éxito de Can Batlle, Can Florenci y Can Gibert, Palafolls suma Can Puig a su patrimonio, consolidando un modelo pionero de recuperación y uso público de masías

 

Palafolls hace tiempo que ha convertido la compra, cesión y recuperación de masías en una manera concreta de proteger su patrimonio. En lugar de esperar que estos edificios históricos entren en un proceso irreversible de degradación, el Ayuntamiento apuesta por incorporarlos al patrimonio municipal y estudiar cómo darles una segunda vida como equipamientos públicos. El último ejemplo es Can Puig, una masía en desuso que ahora pasará a manos municipales. La filosofía es clara: evitar que las masías se pierdan y convertirlas, siempre que sea posible, en espacios útiles para el pueblo. Esta política permite conservar edificios con valor histórico, pero también reforzar la red de equipamientos de Palafolls aprovechando construcciones ya existentes y muy vinculadas a la memoria local.

La adquisición de Can Puig se anunció públicamente durante el pregón de la Fiesta Mayor, en el Palauet. El inmueble se encuentra actualmente sin uso y necesita una rehabilitación importante, de manera que la compra es solo el primer paso de un proceso que deberá definir tanto las obras necesarias como el futuro uso del espacio. Por ahora, el Ayuntamiento no ha concretado qué equipamiento podría acoger. El consistorio quiere estudiar las posibilidades del edificio, las necesidades del municipio y la viabilidad de su recuperación. El objetivo, sin embargo, ya está definido: preservar Can Puig, evitar su deterioro y ponerlo al servicio de la ciudadanía.

De masía histórica a equipamiento público

El caso de Can Puig no es una operación aislada. Palafolls ya ha aplicado esta misma lógica en otras masías del municipio, con resultados que permiten ver cómo estos edificios pueden pasar de formar parte del paisaje histórico a tener también una función social.

  • Uno de los ejemplos más consolidados es Can Batlle, una masía histórica que actualmente es uno de los equipamientos de referencia del Área de Juventud. La recuperación del edificio ha permitido mantener vivo un elemento patrimonial y, a la vez, darle una utilidad cotidiana.
  • También está Can Florenci, que hoy acoge el Casal de la Dona, otro ejemplo de cómo una construcción tradicional puede adaptarse a nuevas necesidades sin perder su valor como parte de la historia local.
  • Un caso diferente es Can Gibert, que se incorporó al patrimonio municipal mediante una cesión. Este espacio permite trabajar en proyectos de preservación y puesta en valor de sus valores naturales, históricos y sociales.

Patrimonio que no se queda cerrado

La compra de Can Puig refuerza, por lo tanto, una línea que en Palafolls va más allá de conservar edificios porque sí. La idea es que el patrimonio tenga uso, actividad y futuro. Cada masía presenta unas condiciones y unas necesidades diferentes, pero el criterio municipal es similar: intervenir antes de que estos espacios se pierdan y estudiar cómo reintegrarlos a la vida colectiva. En un municipio donde las masías forman parte esencial del paisaje y de la memoria, preservarlas es también preservar una manera de explicar Palafolls. Y, cuando después se convierten en equipamientos, esta memoria deja de ser solo un recuerdo para volver a tener vida.


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