María José Marín, vecina del barrio de Premià
María José Marín, vecina del barrio de Premià

Santa María-Santa Ana-Tió: un barrio que ha aprendido a reivindicarse

A caballo entre Premià de Mar y Premià de Dalt, ha dejado atrás los prejuicios que arrastraba el nombre de 'Cotet' para erigirse en un barrio donde los vecinos y vecinas ondean con orgullo el sentimiento de pertenencia

patrocini FinquesGuillem Desembre 25 (3)
 

Maria José Marín recuerda un barrio que hoy cuesta imaginar: "Yo he nacido aquí. Mi familia fue una de las primeras en llegar". La casa de su abuelo fue de las primeras en levantarse en el espacio que hoy conocemos como Santa Maria-Santa Anna-Tió, a caballo entre Premià de Mar y Premià de Dalt. La familia materna venía de Alicante y la paterna, de Calasparra (Murcia). Como muchas otras, habían llegado al Maresme en los años cincuenta y sesenta buscando un futuro mejor, en plena ola migratoria procedente del sur del Estado.

El barrio fue creciendo sobre las tierras del señor Cotet: primero, con familias que compraban parcelas y se construían ellas mismas la vivienda; después, con una urbanización más masiva. Pero aquel crecimiento fue acompañado de carencias: calles sin asfaltar, problemas de agua, pocos servicios y un torrente que se convertía en amenaza cada vez que llovía con intensidad. "La gente lo tiene muy marcado. La riera se había llevado personas, coches y de todo. Cuando llovía, todo el mundo estaba en alerta", recuerda Marín.

El vecindario tuvo que plantar cara para conseguir aquello que hoy parece básico. Durante años, se organizó para reclamar agua, luz, alcantarillado, calles dignas y equipamientos. La consolidación fue lenta, con el papel activo de los dos municipios. El gran salto, sin embargo, llegó con el Pla de Barris, que permitió invertir cerca de diez millones de euros en infraestructuras y accesibilidad. "Hace 25 años no era así", resume Rafa Navarro, alcalde de Premià de Mar. El alcalde pone el acento también en la conexión con el resto del municipio: "La gente siempre decía 'voy a Premià' cuando salía del barrio. Las diferentes actuaciones urbanísticas que hemos llevado a cabo han ayudado a hacer más permeable esta frontera". Hoy, dice, "es un lugar muy amable para ir".

BARRI Santa Anna Premià 4

La arteria principal del barrio

Desde Premià de Dalt, el alcalde Josep Triadó pone en valor el peso del barrio dentro del municipio: "El barrio aporta el 25% de nuestra población". Recuerda que, más allá de las actuaciones urbanísticas, se han ido concentrando servicios como la escuela infantil, los servicios sociales, el servicio de empleo, la ludoteca o el Espai Santa Anna. Y señala uno de los retos de futuro: "Con la futura balsa de laminación queremos dar una respuesta definitiva a uno de los grandes problemas históricos del barrio, la canalización del agua".

Con todo, la transformación más profunda no es la visible a simple vista. Maria José pone el foco en el cambio social: “El Pla de Barris dio un empuje muy grande para visibilizar colectivos que no se veían, especialmente las mujeres”. Muchas, que hasta entonces habían vivido de puertas para adentro, encontraron nuevos espacios para relacionarse, participar y tener voz propia. De aquel movimiento surgieron iniciativas que todavía hoy mantienen vivo el tejido vecinal, como el grupo de teatro o la Coral del Barri Santa Anna, que la misma Maria José dirige desde hace quince años. “No somos la mejor coral del mundo, pero ya llevamos quince años funcionando”, bromea. Han cantado por Navidad, en actos contra la violencia machista y, hace poco, incluso en Montserrat. La coral es así el símbolo de un cambio que va más allá del urbanismo: el paso de un barrio que reclamaba servicios básicos a una comunidad con red y actividad propia.

Esta evolución explica también por qué el nombre ‘Cotet’ todavía genera incomodidad entre el vecindario. El término, asociado a las tierras de Salvador Cotet, fue adquiriendo una connotación negativa vinculada a la precariedad y al conflicto. “Todo el mundo decía que esto era el Bronx”, recuerda Marín. Ella, que ha nacido y ha vivido siempre allí, ama el barrio pero quiere dejar atrás aquella etiqueta: “Lucho mucho por desconectar del nombre ‘barrio Cotet’. Si todo el mundo le llama barrio Santa Anna, la percepción cambiará”. Es una cuestión de nombre, pero sobre todo de identidad y de orgullo.

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