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Opinión de Oriol Bassa

Oriol Bassa

Urbanismo e inundaciones: ¿ha quedado obsoleto el planeamiento local?

El cambio climático, la impermeabilización del suelo y el aumento de los episodios de lluvia intensa obligan a cuestionar si los planes urbanísticos municipales están preparados para afrontar los riesgos de inundación actuales

 

Los planes de ordenación urbanística municipal (POUM) determinan cómo crecen nuestros municipios, qué terrenos se urbanizan y cómo se protegen los espacios naturales. Pero, ante los episodios de lluvia intensa y las inundaciones cada vez más preocupantes, hay que plantear una pregunta incómoda: ¿continuamos planificando el territorio con estudios de inundabilidad que ya no reflejan adecuadamente la realidad actual?

Muchos POUM se elaboraron a partir de datos hidrológicos, modelos de cálculo y escenarios de riesgo que respondían a las condiciones del momento. Desde entonces, sin embargo, el territorio se ha transformado, las superficies urbanizadas han aumentado y el cambio climático añade incertidumbre sobre el comportamiento de las precipitaciones extremas. Por eso, revisar el planeamiento no debería ser una opción reservada a los municipios que ya han sufrido inundaciones graves, sino una medida preventiva de responsabilidad pública.

Cuando los periodos de retorno no son suficientes

Los estudios de inundabilidad analizan habitualmente escenarios asociados a periodos de retorno de 10, 100 y 500 años. Estos cálculos son imprescindibles para delimitar zonas inundables y valorar la compatibilidad de los usos urbanísticos con el riesgo. Sin embargo, no constituyen una garantía absoluta de seguridad.

Un periodo de retorno de 100 años representa una probabilidad anual del 1% de superar el caudal de referencia, mientras que en un periodo de 500 años es del 0,2%. No significa que una avenida solo pueda producirse una vez cada cien o quinientos años. Estos episodios pueden repetirse en intervalos cortos y, en determinadas circunstancias, las inundaciones reales pueden superar los escenarios previstos por los modelos.

El problema no es que los periodos de retorno no sirvan, sino que no se pueden interpretar como una frontera infranqueable entre el territorio seguro y el territorio inundable. Hay que considerar las limitaciones de los datos, la incertidumbre de los modelos y la necesidad de actualizar los estudios cuando cambian las condiciones físicas de las cuencas.

Más impermeabilización, más escorrentía y más riesgo

Hay otro factor que a menudo no recibe suficiente atención: la impermeabilización progresiva del territorio. Carreteras, aparcamientos, polígonos industriales, urbanizaciones y nuevos sectores residenciales reducen la infiltración natural del agua y favorecen que una mayor proporción de la lluvia circule rápidamente por la superficie.

Esta agua llega a los arroyos y a los torrentes en menos tiempo y puede incrementar los caudales punta, especialmente cuando las transformaciones urbanísticas se acumulan dentro de una misma cuenca. El problema, por lo tanto, no se limita al terreno que se quiere urbanizar, sino que depende también de qué ha pasado aguas arriba y de cómo ha cambiado el conjunto del territorio.

Un estudio de inundabilidad redactado hace años puede no reflejar adecuadamente estas transformaciones si no incorpora los cambios de usos del suelo, las nuevas superficies impermeables y las modificaciones del drenaje. Analizar cada actuación de manera aislada puede dar una visión incompleta de los efectos acumulativos sobre el riesgo de inundación.

Riesgo de inundaciones. Foto: ACN


Planificar hoy con los conocimientos de hoy

La revisión de los POUM debería permitir actualizar los estudios hidrológicos e hidráulicos, analizar la impermeabilización de las cuencas, identificar los puntos críticos del drenaje y preservar los espacios que necesitan los cursos fluviales para absorber y transportar las avenidas. También hay que potenciar soluciones como los pavimentos permeables, los espacios verdes funcionales y las zonas de retención temporal del agua, cuando sean técnicamente adecuadas.

Los arroyos, las llanuras de inundación y las zonas naturales de laminación no son espacios residuales pendientes de urbanizar. Son elementos esenciales del equilibrio hidrológico y pueden contribuir a reducir los efectos de las inundaciones. Ocuparlos o alterar su funcionamiento puede aumentar la vulnerabilidad no solo de las nuevas construcciones, sino también de los barrios existentes y de los municipios situados aguas abajo.

No se trata de cuestionar el valor de los estudios técnicos ni de detener el desarrollo municipal, sino de evitar que las decisiones urbanísticas sigan basándose en diagnósticos que quizás ya no representan adecuadamente la realidad. La prevención exige revisar las previsiones, actualizar los datos y actuar antes de que una nueva avenida ponga en evidencia las limitaciones del planeamiento.

Los POUM deben ser instrumentos vivos, capaces de adaptarse a un territorio cambiante y a unos riesgos que no son inmutables. Continuar urbanizando sin revisar adecuadamente la inundabilidad y los efectos de la impermeabilización puede comportar costes humanos, ambientales y económicos muy superiores a los de prevenir a tiempo.

Porque, al fin y al cabo, los ríos no entienden de periodos de retorno ni respetan las líneas dibujadas en los planos. El agua sigue la topografía, ocupa los espacios disponibles y responde a las condiciones reales de cada cuenca. La responsabilidad del urbanismo es entender esta realidad y planificar en consecuencia.

Oriol Bassa i Vila. Dr. Ingeniero de montes. Consultor ambiental.

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