Mataró se ha quedado sin agua pública en el centro de la ciudad. El cierre de la Piscina Municipal, anunciado a raíz de graves problemas estructurales, ha convertido una incidencia técnica en una cuestión de modelo urbano: ¿cuántas piscinas públicas necesita una ciudad de más de 130.000 habitantes? ¿Y qué pasa cuando el único equipamiento municipal de referencia cae de golpe?
Una ciudad grande con una oferta demasiado pequeña
La respuesta, en el caso mataronense, es incómoda. Durante los próximos 3 años, la ciudad tendrá que vivir con una oferta acuática pública reducida prácticamente al Complejo Deportivo Municipal El Sorrall, un equipamiento de titularidad municipal pero gestionado por un operador privado, Eurofitness. Es un recurso necesario, sí, pero también insuficiente para absorber toda la presión que deja el cierre de la Piscina Municipal, sobre todo para los usuarios del centro y los barrios norte, la gente mayor, las familias con niños y las escuelas que utilizaban el equipamiento como servicio de proximidad.
El calendario oficial ya es largo: redacción del proyecto, tramitación y obras. Pero en una obra de esta naturaleza, con refuerzo estructural, sustitución de cubierta y una inversión millonaria, la ciudad entra en una travesía que puede alargar la precariedad hasta los tres años y medio si se acumulan márgenes, retrasos o incidencias administrativas. No es una pausa corta: es media legislatura municipal con una carencia deportiva y social de primer orden.
Sabadell, Terrassa, Granollers y Manresa: el espejo incómodo
La comparación con otras ciudades catalanas es elocuente. Sabadell, con más población que Mataró, dispone de una red de piscinas municipales repartidas por varios puntos: La Bassa, Campoamor, Ca n’Oriac, Can Marcet, Olímpia y las Piscinas Municipales Joan Serra. Terrassa mantiene cuatro piscinas municipales de verano —Vallparadís, La Maurina, Sant Llorenç y Les Arenes— además de otras grandes instalaciones acuáticas vinculadas a clubes y concesiones. Granollers, mucho más pequeña que Mataró, concentra en su complejo de piscinas municipales dos piscinas descubiertas y tres cubiertas. Manresa, con unos 80.000 habitantes, cuenta con las Piscinas Municipales Manel Estiarte Duocastella y el Ateneu Les Bases, que también incorpora piscina climatizada.
La ratio habla sola. Mataró queda, de facto, con un gran equipamiento acuático público de referencia para más de 131.000 habitantes. Sabadell se sitúa muy por debajo si se reparte su población entre diversos espacios municipales; Manresa también presenta una proporción mucho más equilibrada; y Granollers, a pesar de tener un solo gran complejo, dispone de una lámina de agua muy superior y diversificada dentro del mismo recinto. El problema de Mataró no es solo tener menos piscinas: es tener demasiada dependencia de una sola pieza.
Las quejas de los usuarios son legítimas
El cierre de la Piscina Municipal también ha generado malestar entre los usuarios afectados, que consideran legítimas sus quejas tanto por la pérdida repentina de un servicio público como por las alternativas propuestas hasta ahora. Una parte de los abonados denuncia que todavía no se ha resuelto el retorno de la parte proporcional de la cuota trimestral en los casos en que no han tenido una alternativa viable, y reclama más concreción sobre cuotas, usos y desplazamientos mientras duren las obras. En este contexto, el Ayuntamiento tiene previsto reunirse el lunes con algunos representantes de los usuarios para actualizar la información sobre el calendario de la reforma y dar respuesta a las demandas planteadas, entre las que se encuentran reducir al máximo los plazos, adecuar las instalaciones del Sorrall, estudiar un transporte lanzadera y ajustar las cuotas durante todo el período de cierre.
La piscina, a menudo, se ve como un equipamiento menor, casi lúdico. Pero es mucho más que eso. Es salud comunitaria, educación, autonomía para la gente mayor, inclusión, natación escolar y vida de barrio. Cuando desaparece, la ciudad queda más seca de lo que parece.
Una crisis que obliga a repensar el modelo
El cierre de la Piscina Municipal ha destapado una realidad que ya existía: Mataró tenía una red acuática pública débil para su dimensión. Ahora, con el equipamiento fuera de servicio y una reapertura que no será rápida, el déficit ya no se puede disimular. La pregunta no es solo cuándo volverá a abrir la Piscina Municipal o barajar una nueva en la zona de Can Coll, como se ha anunciado. La clave aquí es, en comparación con los casos comparables, ver dónde está Mataró y su política de piscinas públicas en relación con otras capitales de comarca.
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