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4 de 9 de los Capgrossos en Les Santes

Cugat Comas

30 años con los Capgrossos, 20 años sin Mariona

La colla volverá a homenajear a su castellera en el 20º aniversario de su muerte en el marco de una diada de Les Santes entrada con calzador en la liturgia del 25 de julio

 

La diada castellera de Les Santes 2026 no es, en clave mataronina, una actuación normal como la de cualquier otro año por la Fiesta Mayor. Volverán a hacerse castells en la plaza de Santa Anna, volverán a estar los Capgrossos de Mataró, los acompañarán como es ya costumbre de los últimos años los Castellers de Vilafranca y los Minyons de Terrassa. Sí, los ingredientes de la receta son los de toda la vida. Pero este 2026 hay tres factores que patentan con matiz diferente la diada: cómo llegan los Capgrossos, la fecha que se ha escogido y sobre todo la efeméride que se conmemora.

Esta es la temporada de los 30 años de los Capgrossos. Los aniversarios redondos son lo que son: aniversarios como todos los demás pero con una cierta trascendencia añadida por la cifra redonda y por lo que suelen comportar estas celebraciones. Los Capgrossos cumplen 30 años y la diada castellera de Les Santes tiene menos. Antes los castells se levantaban deteniendo la Passada. La historia del acto en el seno de Les Santes es un éxito incuestionable de estas tres décadas y la importancia del acto dentro del programa de la Fiesta Mayor y dentro del calendario casteller de referencia es más reseñable. La cobertura mediática que se hace cada año lo demuestra.

Decíamos que este año la diada es diferente por tres motivos. Uno de ellos es porque los Capgrossos van a marcha más corta y nivel inferior a los últimos cursos. Cosas de relevos y ciclos castellers, en todo caso. El segundo factor es la fecha y el horario, que cualquier mataroní entiende que se ha decidido e introducido con calzador: los castells se harán el 25 de julio a las cinco de la tarde. Sí, insertado dentro del 25 de julio, jornada inaugural de Les Santes y hito del calendario sentimental de todos. El 25 más repleto de la historia, quizás, al caer en sábado. Un día que vendrá atestado de por sí.

El tercer motivo que convierte en diferente esta diada de Les Santes es una efeméride relevante y que se recordará en la plaza, en público, y bien adentro de los capgrossos y capgrosses durante toda la jornada. Este año se cumplen 20 de la muerte de la joven castellera de 12 años Mariona Galindo Lora, canalla de los Capgrossos. El 4 de agosto de 2006 es una fecha funesta de la historia mataronina y como ya hicieron en otros aniversarios redondos, los Capgrossos quieren ligar el final de la diada de Les Santes con un acto de recuerdo de Mariona.

El golpe más duro que lo cambió todo

La de Mariona Galindo Lora es una de esas heridas que el paso del tiempo no cierra, sino que enseña a llevar con respeto, ternura y responsabilidad. El 23 de julio de 2006, durante la diada castellera de Les Santes, una caída del quatre de nou amb folre dels Capgrossos de Mataró dejó a la joven castellera gravemente herida; murió el 4 de agosto, después de días de hospitalización. La noticia estremeció al mundo casteller entero y cubrió Mataró con un silencio difícil de explicar: la ciudad decretó tres días de luto y las actuaciones castelleres de aquel fin de semana quedaron suspendidas. Para los Capgrossos, sin embargo, el golpe fue aún más íntimo y profundo, porque detrás de la camisa azul marino, detrás de los ensayos, las plazas y los castells, había una compañera, una niña querida y una familia que formaba parte de su propia familia. Aquella tragedia obligó a los castells a mirarse de cara, a asumir su fragilidad sin renunciar a su esencia y a entender que el amor por una tradición también se expresa protegiendo al máximo a aquellos que la hacen posible.

El proyecto del casco casteller para la canalla ya había empezado a estudiarse y algunas colles iniciaban las pruebas, pero la muerte de Mariona convirtió el debate en una urgencia imposible de aplazar y aceleró su implantación generalizada. Desde entonces, el casco forma parte del paisaje casteller y simboliza un cambio profundo en la cultura de la prevención: una protección nacida del conocimiento y de la voluntad de que ninguna plaza tenga que volver a vivir un dolor parecido.

El pilar de Santa Maria, cada año antes de la diada de Les Santes, para recordar a Mariona. Foto: Capgrossos


Los Capgrossos han aprendido a recordar a Mariona sin quedar inmovilizados en la tristeza, haciendo de su nombre una presencia serena que acompaña a la colla cada vez que vuelve a levantarse. Desde el 2011, la jornada que cierra la temporada en noviembre lleva el nombre de Diada Castellera Mariona Galindo Lora. Antes de la jornada de Les Santes, cada año además, los Capgrossos también levantan un pilar en la plaza de Santa María, en un momento recogido y catártico, de recuerdo. El nombre de Mariona también da identidad al pasaje donde los Capgrossos tienen su sede, otro gesto con el que Mataró convirtió el recuerdo privado en memoria de ciudad. Así, Mariona sigue formando parte de la historia de los Capgrossos, no únicamente por el dolor irreparable de su pérdida, sino por todo aquello que su recuerdo ha ayudado a transformar. Es en esta estrella, en aquel pilar silencioso y en la jornada de noviembre donde la colla dice, año tras año, que recordar es seguir haciendo piña.

La familia Galindo Lora, en la inauguración del mural en el Passatge que lleva el nombre de Mariona. Foto: Capgrossos


Un silencio y una tristeza enormes

La muerte de Mariona se vivió primero como un silencio imposible de ordenar, como una grieta que atravesaba a la vez una familia, un grupo de amigos, una ciudad y todo el mundo casteller. Raquel Sans, vicepresidenta del Parlament de Catalunya y que aquel verano de 2006 se había hecho cargo de las crónicas castelleras de El Periódico de Catalunya, estaba en la plaza cuando cayó el cuatro de nueve con folre. Recuerda haber dictado por teléfono una crónica prudente, cuando solo se sabía que Mariona se había hecho daño, y la indignación que sintió al día siguiente al ver que el diario había señalado la caída con un círculo en la portada, en un tratamiento que consideró sensacionalista y que no correspondía con el texto que ella había escrito. De aquellos días conserva sobre todo "mucha incertidumbre, mucho dolor, mucho sufrimiento y mucho impacto", pero también el recuerdo de un mundo casteller que supo leer la magnitud de lo que había sucedido. "No fue una muerte solo de los Capgrossos de Mataró, sino que tuvo un impacto colectivo brutal", explica Sans, que todavía evoca los pilares de luto y el calor compartido de un universo acostumbrado a celebrar y sufrir conjuntamente, pero no preparado para afrontar la pérdida de una criatura. También pone en valor la madurez con la que la colla, con Xevi Castellví al frente de la técnica y con personas como Carles Guanyabens o Albert Rubí asumiendo responsabilidades, hizo frente a una situación para la que no existían manuales ni precedentes comparables. La respuesta de los Capgrossos, afirma, combinó la empatía y el respeto por el luto con la necesidad de seguir caminando, sin esconder el dolor pero sin permitir que aquel dolor acabara borrando todo aquello que Mariona había amado.

Para Jordi Rovira, periodista, documentalista y miembro de los Capgrossos, lo que sucedió fue "un trauma colectivo", una mezcla de estupor, tristeza, rabia y sensación de injusticia. Los Capgrossos eran entonces una de las collas grandes con mejores registros de seguridad, conocida por la prudencia con la que llevaba los castells a plaza y por no afrontar construcciones si no existía el convencimiento de que se podían descargar. Que la fatalidad les golpeara de aquella manera hizo todavía más difícil encontrarle alguna explicación. Pero, junto al dolor, Rovira recuerda el abrazo de todo el mundo casteller: "Entendí que no solo los Capgrossos éramos una familia que se volcó en cuidar de la familia Galindo, sino que había otra familia, más extensa, la del conjunto de collas, que cuidó de los Capgrossos". Aquel calor se hizo visible en el funeral, en el Concurs de Tarragona y en las plazas donde la colla fue reapareciendo, lentamente, aprendiendo a volver a levantar castells sin dejar a nadie atrás.

Años después, cuando Rovira codirigió con Clack Produccions el documental 165 Regent Street, la historia de los Capgrossos no se podía explicar sin abordar la muerte de Mariona. Lo hicieron con transparencia y sin miedo, pero también "con todo el cuidado, la sensibilidad y la medida posible", dando voz a la familia Galindo y a los castellers que habían vivido los hechos desde dentro. Porque una parte imprescindible del duelo, defiende, consiste en poder verbalizar lo que pasó, construir un relato sincero y transmitirlo también a quienes se han incorporado posteriormente a la colla. El mismo espíritu ha guiado otros momentos de memoria colectiva, como la gala del trigésimo aniversario: recordar los hechos tal como fueron, escuchar a la familia y explicar a las nuevas generaciones por qué los Capgrossos llevan una estrella que siempre les acompaña.

Xevi Castellví, jefe de colla entre 1999 y 2007, no habla de aquellos hechos como de un recuerdo que reaparece solo en los aniversarios, sino como de una presencia cotidiana. "El recuerdo de Mariona lo vivo, sin exagerar, día a día", afirma. Para él, el apoyo de la familia Galindo desde el primer momento fue determinante, tanto para la colla como en el ámbito personal, y aún conserva especialmente las palabras de los padres de Mariona, que temían que el recuerdo de su hija se desvaneciera si los Capgrossos dejaban de hacer castells. Continuar, por lo tanto, no significó olvidar ni relativizar la tragedia, sino precisamente preservar su memoria. "Creo que hay mucha gente en la colla que ha seguido haciendo castells con este recordatorio", explica Castellví. Durante todos estos años, la gestión de la memoria se ha sostenido sobre este equilibrio delicado: recordar sin convertir el dolor en una losa, hablar de ello sin banalizarlo y mantener la colla viva como una manera de honrar a Mariona. Han cambiado los jefes de colla, los equipos técnicos, las presidencias y las juntas; la colla ha "ido mutando la piel", pero el poso de aquella experiencia se ha transmitido de una generación a la siguiente. Que los Capgrossos continúen activos y hayan seguido creciendo casi dos décadas después es, para Castellví, un hito extraordinario, especialmente en una ciudad situada fuera de la zona castellera tradicional. Es

también la prueba de que una entidad puede sobrevivir al peor de los golpes sin negarlo, haciendo de la memoria una forma de responsabilidad y de futuro. En cada camisa nueva, en cada castell y en cada persona que aprende la historia de la colla, Mariona no es únicamente el recuerdo de una ausencia: es una parte esencial de aquello que los Capgrossos son y de la manera como han aprendido a cuidarse.

Pilares en recuerdo de la Mariona. Foto: Capgrossos

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