El nuevo curso escolar 2017/2018 ha empezado en Mataró con una novedad importante. Las instalaciones de la nueva escuela Angeleta Ferrer por fin han abierto sus puertas a su nueva sede, en las calles de Lepanto-Churruca. 5 años después de que la escuela situada en plaza de Cuba cerrara por problemas estructurales, ahora familias, alumnas y maestras vuelven a la normalidad.
El año 2012 alumnos y profesores de la antigua Angeleta Ferrer tuvieron que marchar deprisa y corriendo de la escuela cuando, de un día por el otro, se diagnosticó aluminosi a sus instalaciones. Esta semana, cuando han vuelto a la normalidad, los madres y padres compartían y recordaban como vivieron aquellos momentos de incertidumbre."Nosotros recibimos la noticia almorzando en casa, cuando nos llegó un mensaje diciendo que aquel día no podíamos ir a la escuela", explica Gemma, madre de una alumna que ahora cursa 6è de Primaria a la Angeleta Ferrer. "Fuimos ninguno allá y yahabía Tv3, la policía y todos los niños llorando porque no los dejaban entrar a sus clases", recuerda la Yema.
Aquel mismo fin de semana todos los alumnos fueron trasladados a la escuela Torre Llauder, al Plan de en Boet, donde han estado hasta día de hoy a la espera que se acabaran las obras del nuevo edificio. "Durante todos estos años yo pensaba que no llegaríamos a ver nunca la nueva escuela, pasaba por aquí y pensaba que esto no se acababa", apunta la Yema. Y es que ha sido una etapa larga dónde durante 5 años las familias han vivido con angustia todo el proceso para salir adelante y hacer realidad las nuevas instalaciones. "Bien es verdad que fue difícil, un camino muy largo con momentos de mucha incertidumbre porque lo iban alargando cada vez más", lamenta Esther, madre de un niño de 5è de Primaria, pero aplaude que "a pesar de que no sabíamos realmente como acabaría todo esto, ahora que ya estamos aquí vemos que realmente ha valido la pena".
Y es que ahora que por fin la nueva Angeleta Ferrer ha abierto sus puertas, todo el mundo parece que está encantado con el nuevo edificio. "Es todo precioso, han cogido baldosas de la antigua escuela y las han aprovechado aquí, han conservado el hierro de la antigua fábrica, hay madera... ha quedado muy bien", asegura la Yema. "Es muy espacioso, antes la zona de entrada y salida por donde tienen que pasar todos los niños era muy estrechada y ahora tenemos un espacio inmenso", agradece Esther, que apunta que "no todo el mundo puede decir que está en una escuela complemento nueva".
Aparte de las familias, quienes también ha agradecido el cambio de las nuevas instalaciones han sido las maestras de la escuela. Carme Colomer, actualmente tutora y antigua ninguno de estudios del centro, cree que ya lo necesitaban: "El edificio de la plaza de Cuba ya tenía unas carencias muy grandes, no cabíamos en el patio y las condiciones tampoco eran mucho buenas". Según Colomer, "pienso que aquí estaremos muy bien, tenemos de todo y, además, hemos vuelto a nuestro barrio".
Uno de los aspectos que más agradecen las maestras de la Angeleta Ferrer es el hecho de poder decidir sin tener que compartir espacios con otra escuela. Y es que, a pesar de que durante estos años la coordinación con la escuela Tueste Llauder ha sido ejemplar, no siempre tenían toda la libertad deseada. Para la maestra, "el hecho de compartir edificio con otra escuela ha sido enriquecedor porque nos ha requerido mucha coordinación y los niños han aprendido a compartir patio y espacios", pero apunta que "también ha comportado un poco de trasbals porque no siempre podíamos disponer de la pista o del gimnasio cuando queríamos".
Los niños, los protagonistas del día
"Estamos muy emocionados con este espacio, no estábamos acostumbrados en un patio tan grande como estos". Esta es seguramente la frase más repetida entre los alumnos del Angeleta Ferrer los primeros días del nuevo curso. Y es que los alumnos más grandes, especialmente los de 5è y 6è de primaria, han vivido de primera mano todo el proceso de cambio de escuela.
En Max ahora cursa 6è de primaria: "Cuando pasó todo yo hacía 1r y recuerdo que mi abuela me lo explicó de una manera que lo entendiera, hasta que crecí y me lo explicaron todo mejor". El mismo le pasó al Arlet, una niña que ahora tiene 11 años: "Recuerdo que estaba vistiéndome una mañana con la madre y la abuela y llegó un mensaje diciendo que no teníamos cuelo, pasó todo mucho golpe". Esta alumna recuerda como "al principio estábamos emocionados de ir a Torre Llauder porque haríamos nuevos amigos", pero lamenta que "a pesar de que estábamos en el mismo espacio, éramos dos escuelas separadas y teníamos algún conflicto con los otros niños al'hora de compartir el patio".
Para muchos de los niños y niñas la espera ha sido bastante larga. "Lo esperábamos antes, cada año preguntábamos si ya estaba acabada la nueva escuela pero nunca llegaba", asegura Maya, una alumna que también estudia 6.º Ahora que ya lo ha descubierto, "estoy muy ilusionada y emocionada de poder estrenarla, sobre todo porque es mi último año antes de ir al instituto".
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