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Vern Bueno

Ana Ahora: 'El teatro puede transformar el mundo'

La nicaraguenca, miembro del Colectivo de Mujeres de Matagalpa, mujer clases de teatro social al aula de Teatro de Mataró

Ana Ahora forma parte del Colectivo de Mujeres de Matagalpa, un grupo de Nicaragua con 20 años de trayectoria que entiende el teatro mucho más allá del simple espectáculo, y lo usa como una herramienta para transformar la realidad de personas, sobre todo mujeres, oprimidas y discriminadas. Durante este último trimestre del año, Ahora se encuentra en Mataró dando clases de teatro social al aula de Teatro. Su objetivo es formar personas porque usen el teatro como medio formativo hacia las comunidades más desfavorecidas de nuestro entorno. “Las problemáticas sociales en Nicaragua y aquí no sueño paso muy diferentes”, asegura.

En qué contexto nace el colectivo de mujeres de Matagalpa?
En plena época de la revolución sandinista, con muchas prometidas para las mujeres que al final no se cumplían. Por eso echamos por el derecho y formamos el col•leciu, con el objetivo de tomar conciencia de la situación y roles sociales de las mujeres.

En una Nicaragua asediada por la extrema pobreza...
Un médico no llega a ganar 300 dólares al mes. Imagínate qué es el que puede llegar a cobrar una mujer que se pasa todo el día limpiando casas. Y esto quienes tienen suerte de tener trabajo, porque a las comunidades rurales los campesinos no tienen ni tierras para cultivar. Todo se va deteriorando y la pobreza y la injusticia social no para de crecer.

La pobreza, la injusticia social, la violencia... sueño hechos que queréis erradicar a través del teatro. Cómo lo hacéis?
Hay temas conflictivos, tabú, como pueden ser la violencia de género, la homosexualidad, los abusos sexuales, la discriminación racial... que si se tratan en frío, la persona que los sufre se repliega en sí misma y calla. A través del teatro, pero, la gente se identifica con los personajes que representamos y que sufren el mismo que él, se ven reflejados y después se atreven a hablar. El teatro tiene la capacidad de transformar el mundo, dar la vuelta a la realidad de la gente oprimida.

Qué técnicas utilizáis
A diferencia del teatro tradicional basado en un texto ya escrito, nosotros construimos la obra, a partir de una creación col•lectiva. Utilizamos todo tipo de técnicas, teatro debate, máscaras para trabajar la identidad de un mismo, leyendas de nuestra tierra para no perder nuestras raíces, zancos para mejorar la autoestima...

Zancos?
Sí. La idea no parte de ningún estudio psicológico. Simplemente hicimos un taller porque los niños de familias desestructuradas y con una autoestima por los tierras, supieran hacerse sus propios zancos y andar con ellos. Pero al ver como reaccionaban cuando ya las sabían usar, todos los elementos positivos que esto los comportaba, el cambio de perspectiva del mundo que esto los comportaba, tuvimos la idea de usarlo como metodología para mejorar la autoestima. Siempre funcionamos así, la práctica nos mujer imputs para saber qué se válido para ayudar a las personas.

Y que haced cuando alguien se atreve a expresaros lo qué le pasa?
El teatro sólo es una parte de nuestra metodología de trabajo. También nos acompañan profesionales de la atención a la salud y un equipo de asesoría legal. Así, cuando vamos a una escuela o una comunidad rural y entre el público surge alguien que se identifica con uno de nuestros personajes que es objeto de una situación de violencia, puede recurrir a nosotros para que le damos una salida.

Sufrís reacciones negativas a algunas comunidades?
Hay casos muy curiosos. A la compañía todo somos mujeres, y a algunas nos toca hacer el papel de mujer. Yo hacía de maltratador a uno de los montajes. A la comunidad, la mayoría de hombres se identificaban conmigo, con la figura de maltratador. Decían “así así, pégale más fuerte”. Cuando me sacaba la máscara y veían que era una mujer, seguían denominándome Juan, como el personaje. El nivel de identificación era brutal. También nos hemos encontrado que muchos de estos hombres machistas se protegen en las religiones, básicamente la católica. Cuando aparecíamos por la comunidad, iban a la iglesia para denunciar qué queríamos poner las mujeres en contra de los hombres. Una cosa es la espiritualidad y la otra evitar que cada persona pueda decidir por sí misma.

Cómo se traslada toda esta experiencia al aula de Teatro?
Trabajamos igual que en Nicaragua, en la investigación de las emociones, de la propia vivencia y la sinceridad. Si quieres hacer teatro social y no eres sincero contigo mismo y con tus contradicciones, no vale para nada. Si quieres usar el teatro para transformar el mon, primero te tienes que poner a cuerpo descubierto, no tener miedo a encontrarte cómo eres. Todos lo sabemos, como somos, si eres simpático, agresivo, malhumorat, carinyós... la gente lo sabe y tú también; entonces, por qué tantos miedos?

Tu objetivo, entonces, es formar profesores de teatro social en Cataluña
Mi sueño sería formar gente para tener varias herramientas y técnicas para usar en trabajos con niños y niñas, adultos, mujeres. Que valga por cualquier ámbito, por las mujeres, por la gente mayor, por los inmigrantes, para las personas discriminadas por las barreras arquitectónicas... Formar un grupo de personas en el mundo del teatro que se cuestione la vida, que no crea que todo se perfecto, que tenga una visión abierta y quiera construir poco a poco un sistema más justo.

Porque las realidades que se viven en Nicaragua y en Cataluña en el fondo no son tan diferentes.
En absoluto. Allá aquí hay problemas de racismo, de clase social, de discriminación a los homosexuales, de violencia doméstica, de abuso sexual... El único que cambia es el contexto, que aquí es más abierto, pero las problemáticas sociales acaben siendo las mismas

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