Qué frío hace. No hay otro comentario que se haya escuchado más esta víspera de Reyes en Mataró que el sancta sanctorum de las conversaciones de ascensor de este país. Ha hecho frío. Mucho frío. Hace frío y hará más. Nadie ha dudado en ningún momento de que había que cumplir con toda la tradición, pero se ha hecho todo con la colección completa de invierno. Han salido abrigos, gorros y bufandas de los cajones de las grandes ocasiones. Han venido los Reyes, ha hecho un frío de narices, pero la Cabalgata lo calienta todo.
Mataró ya vive de manera intencionada y cómplice la magia autoengañosa de la noche de Reyes. La Cabalgata ha pasado, cálida a nivel humano y artístico, para compensar una temperatura que realmente calaba. Sobre los cinco grados durante buena parte del recorrido. Como la previsión ya lo apuntaba, nada ni nadie ha vacilado y la salida a la calle ha sido entusiasta. La de las grandes ocasiones, es decir, la del 5 de enero. Gente, gente y gente. Solo en la parte final del recorrido, donde a menudo quienes se concentran son ‘repetidores’, se ha notado quién se ha echado atrás por la helada.
La Cabalgata ha fluido, con elegancia. Avanzando a un ritmo que, si se quiere, puede parecer excesivo. Es como los caramelos. Si se quiere, que solo se lancen desde una carroza puede considerarse insuficiente. O notable. O la nota que se quiera. Que se vayan al diablo quienes, ante un acto como este, todo lo quieren contar a peso de caramelo lanzado. Quien quiera enfadarse con la Cabalgata siempre encontrará el cómo.
La música nueva
La principal novedad de este año eran las tres carrozas nuevas, con sus personajes. Como ya se habían visto en el Campamento Real, no se puede decir que hayan sorprendido, pero son realmente preciosas. El nuevo Tren, Barco y Avión, con sus personajes a bordo y cuerpo de baile alrededor, han brillado.
Cada una de las carrozas —todas— además estrenaba nueva musicalidad. Una propuesta de Llibert Fortuny con momentazos, como unos “ole” en la Oca sensacionales o los villancicos integrados en ritmos que poco a poco irán cuajando. ‘El disco de la Cabalgata’ tiene números para, cuando trascienda de un Soundcloud oficial, ganar ascendencia y resonancia. Pero, al mismo tiempo, la apuesta tiene un pero. En todo el desfile no hay ni un solo músico ni una sola pieza de música en directo. Lo que se puede ganar por un lado se pierde en parte por el otro.
Mérito enorme el de las 700 personas que han hecho frente al frío. Gratitud para las 21 entidades y para los tres Reyes, por todo el despliegue y por la coordinación y la gran puntualidad. Incluso al final, a un cuarto de diez, todo estaba servido. Cuando las cosas son puntuales parece que sorprendan.
Los Reyes y la paz en Oriente
Tras el Ayuntamiento, los discursos de los Reyes han tenido voz propia y contundente. Se ha venido arriba el Rey Blanco haciendo aquello que hacía Samaranch en cada clausura de Juegos Olímpicos y proclamando que la de hoy “¡ha sido la Cabalgata más mágica y luminosa de todas!”. Ha sido justo y contundente el Rey Rojo, recordando el genocidio en Palestina —sin citarlo— y pidiendo paz. Y ha rematado, como siempre, Baltasar con un colofón más que adecuado: “Deseamos que sigáis queriéndoos de la manera en que lo hacéis, dando la mano a quienes os la piden y pensando en cómo ser mejores con nosotros mismos y con los demás. Esta es la receta para que nuestra magia nunca se apague”. Que así sea.
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