“O lo cogía alguien joven o esto se cerraba.” La frase de Ángel Espartero no es solo una anécdota, sino un punto de inflexión en la historia reciente de la Casa de Andalucía de Mataró. El año 2023, con el relevo generacional en riesgo y una junta envejecida después de décadas de dedicación, la entidad se encontraba ante un dilema existencial. Hoy, tres años después, celebra su 50º aniversario con un nuevo impulso, una dirección renovada y la clara voluntad de seguir siendo uno de los grandes motores culturales y sociales de la ciudad.
Para entender qué representa esta efeméride, hay que mirar atrás. En la Mataró de los años cincuenta y sesenta, la llegada de miles de personas procedentes de Andalucía transformó la ciudad. Barrios enteros se construyeron con sus manos y con sus expectativas de futuro. “La gente que vino quería estar aquí… era una manera de reencontrarse, de juntarse y compartir la añoranza”, explica Espartero. En aquel contexto, en 1976, nace la Casa de Andalucía como una respuesta natural a una necesidad profunda: la de mantener las raíces, construir comunidad y no perder la identidad.

Romería Rociera del año 1977
Los orígenes, nostálgicos y políticos
Aquella entidad, impulsada por figuras como Paco Luque —su primer presidente durante tres décadas—, no era solo un centro cultural. Era, sobre todo, un espacio de vida. Un lugar donde revivir las tradiciones, compartir experiencias y, también, canalizar inquietudes sociales y políticas vinculadas a la tierra de origen. Con el tiempo, el relevo pasó a Cristóbal Echevarría, que mantuvo este espíritu, aportando su propia mirada más andalucista.
Pero cincuenta años después, el contexto es radicalmente diferente. Las generaciones han cambiado y con ellas también la manera de entender la identidad. “Ya no somos andaluces, somos catalanes, pero con raíces andaluzas”, sintetiza Espartero. Esta evolución, lejos de diluir el proyecto, lo ha obligado a adaptarse.

Una foto de la entidad el año 1988
La Casa de Andalucía de hoy ya no responde a la misma necesidad que la vio nacer. Si antes era un refugio emocional y comunitario para personas que habían tenido que dejar su tierra, ahora es un espacio de transmisión cultural y convivencia, abierto a todo el mundo. “La gente joven vive Andalucía de otra manera: más festiva, más cultural, más vinculada a pasarlo bien”, apunta el presidente.
Este cambio se percibe claramente en el perfil de los socios y en las actividades. Por un lado, hay los miembros más veteranos, que continúan vinculados a propuestas más tradicionales como conferencias o actos institucionales. Por el otro, una nueva generación que gira alrededor de la música, la fiesta y, sobre todo, el baile.

La Romería Rociera promovida por la entidad
El flamenco como motor
El flamenco se ha convertido en el gran motor de la entidad. Cada tarde, de lunes a viernes, la sede bulle de actividad con clases que reúnen más de un centenar de personas de entre 4 y 80 años. “Hay muchos niños y niñas, y eso es el futuro”, afirma Espartero. Lo que antes era una expresión identitaria hoy es también una disciplina artística abierta, que ya no requiere ningún vínculo directo con Andalucía. “No hace falta ser andaluz para bailar flamenco, es una rama más de la danza”, defiende.
Esta capacidad de apertura es una de las claves de su vigencia. Pero hay otra que se mantiene intacta: el sentimiento de comunidad. “Somos una familia: hay niños, gente mayor, todos nos conocemos y nos respetamos”, explica el presidente. No es una metáfora. Es una manera de funcionar que ha permitido a la entidad resistir el paso del tiempo.
También ha sido clave la renovación interna. La actual junta, con más mujeres que hombres y una media de edad más baja que nunca, simboliza un cambio de ciclo. “Somos de la misma edad que muchas familias que participan, y eso nos ayuda a entender la realidad actual”, dice Espartero. Porque si algo tienen claro es que, para sobrevivir, hay que evolucionar. “La vida ha cambiado y nosotros también hemos tenido que cambiar”.

Casa de Andalucía lleva la carroza de la Oca a la Cabalgata de Reyes
Romería, Cabalgata y otros eventos
Este espíritu se refleja en un calendario de actividades intenso y diverso, que sitúa la Casa de Andalucía como un actor central de la vida cultural de Mataró. Desde la participación histórica en la Cabalgata de Reyes hasta la organización de la romería del Rocío —integrada desde hace décadas en el calendario festivo de la ciudad—, pasando por la presencia en la Fira de Mataró con la única caseta de una entidad local.
La romería, de hecho, sigue siendo uno de los momentos más emblemáticos del año, aunque también refleja los cambios sociales. “El núcleo es la Virgen del Rocío, pero cada vez cuesta más implicar a la gente en la parte religiosa”, admite Espartero. Como en tantas otras tradiciones, la dimensión espiritual convive con una vivencia más lúdica. “La gente viene más por los conciertos que por la misa, pero tenemos que mantener estas cosas”, defiende.
La Casa de Andalucía no ha caminado sola. De hecho, ha sido la cuna de otras entidades similares en la ciudad. “Es un poco la madre de todo”, dice Espartero. Con los años, han surgido nuevas asociaciones, fruto de diferencias o de iniciativas propias, pero todas con un origen compartido. Hoy, la relación es de colaboración y complicidad, una muestra más de la madurez del tejido asociativo.

Un festival de la entidad, el año 1985
Un puente entre el pasado y el presente
En este recorrido, la Casa también ha contribuido a modelar la identidad de la ciudad. No es exagerado decir que la Mataró actual no se entendería sin la huella de la inmigración andaluza. Y en este sentido, la entidad actúa como puente entre pasado y presente, entre memoria y realidad.
A nivel personal, este vínculo con las raíces adquiere una dimensión aún más profunda. Espartero lo expresa con una sinceridad conmovedora: “Desde que ha muerto mi madre, quiero más la Casa de Andalucía, porque es lo que me queda de mis raíces”. Una reflexión que trasciende el ámbito asociativo y conecta con una experiencia universal: la necesidad de pertenencia. “Cuando pierdes cosas, te agarras más a las raíces”, añade.

El elemento religioso vinculado a la tradición también es importante
El 50º aniversario se ha planteado, precisamente, como una oportunidad para poner en valor todo este legado. Lejos de concentrarse en un solo acto, la celebración se alarga durante todo el año con una programación que combina memoria y proyección de futuro: actos institucionales, conferencias, una nueva imagen para la Virgen del Rocío, una cena de gala, un festival conmemorativo e incluso un documental que repasará la historia de la inmigración andaluza en la ciudad a través de la trayectoria de la entidad.
Todo ello, con un objetivo claro: reivindicar 50 años de historia, pero sobre todo garantizar muchos más. Porque si algo ha demostrado la Casa de Andalucía de Mataró es que las raíces, cuando se cuidan, no solo no se pierden, sino que evolucionan, se transforman y continúan dando vida.
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