La doctora Coral Cuadrada i Majó (profesora de Historia Medieval de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y directora del Archivo de los Marqueses de Santa Maria de Barberà (AMSMB) de Vilassar de Dalt) es una eminencia de la historiografía catalana: medievalista de referencia, especialista en archivos, mundo feudal e historia de las mujeres, y autora de una trayectoria académica larguísima que ha contribuido decisivamente a entender una etapa clave de todo nuestro país, incluido el Maresme medieval y los orígenes de Mataró. Con una obra sólida, rigurosa e influyente, Cuadrada ha sido durante décadas una voz imprescindible para escarbar en la historia. Y no ha parado de investigar y publicar. Uno de sus últimos artículos resuelve el embrollo alrededor de una etapa de la historia de Mataró donde se ha cavilado mucho de forma infructuosa. Cuadrada plantea que Civitas Fracta no sería un lugar diferente ni un topónimo autónomo, sino una denominación descriptiva de un momento de crisis o transformación de la misma comunidad urbana heredera de Iluro, la Mataró medieval.
Usted hace años que no vive en Mataró pero mantiene la relación.
Yo tengo una pata en Tarragona, donde vivo y una en Mataró, de donde vengo y de donde soy. He estado siempre vinculada al Maresme. He sido directora del Archivo de los Marqueses de Vilassar de Dalt desde desde 1984. He estado en la Universidad de Tarragona, pero a la vez siempre he mantenido este vínculo vivo con el Maresme. No lo he abandonado nunca.
Si vamos al principio de todo: ¿cómo la cautivó la historia?
La historia en general me viene de muy adentro. Mi padre era médico, pero dudaba entre hacer medicina o arquitectura. Él, en cambio, quería que yo fuera arquitecta. Pero yo fui hacia la historia. Cuando hacía arquitectura, en segundo, empecé a verlo claro. De muy joven, con 17 años, a través de la historia del arte descubrí la historia de otra manera. Llegué del todo por esta fascinación. Y finalmente decidí hacer historia.
Estudia el Maresme con una tesis que después gana el Premio Iluro.
Yo la quería hacer más bien de Mataró, pero cuando me puse con la documentación del castillo de Vilassar, me di cuenta de que allí no había entrado nadie. Y toda aquella documentación me condujo mucho hacia el castillo de Vilassar, más que hacia otro lado. La documentación que guardaba el castillo de Vilassar era totalmente inédita.
Y cómo pudo entrar allí?
Fue toda una historia como una película de acción y de suspense. Después de mucho intentarlo el nuevo propietario me empezó a enseñar el castillo, a pasearme por él, y todas las habitaciones estaban llenas de pergaminos. Era un tesoro.
Un archivo privado enorme.
Firmamos un contrato privado: me dejaron coger lo que necesitara para la tesis. Y a cambio nosotros nos comprometimos a ordenarlo. Después de presentar la tesis, estuvimos cinco años, con un equipo, trabajando en ello. Desde 1984 hasta 1989, viniendo y trabajando la documentación. Catalogamos unos 8.000 pergaminos. solo en la primera tanda...
Es un fondo importante.
Es una maravilla. Es de los archivos nobiliarios privados más importantes de Catalunya. Ahora es más accesible porque se hizo un convenio con el Ayuntamiento de Vilassar de Dalt.
Su Premio Iluro se nutre de archivos hasta entonces inéditos.
Abrí diecinueve archivos privados del Maresme. Me hice ‘famosa’ por eso. Era otra época: yo iba con una fotocopiadora portátil masía por masía. Primero íbamos a ver al rector o al cura, que me hacía de mediador, y después íbamos a trabajar. Y yo iba con aquella fotocopiadora, que debía pesar 30 kilos, con un carro de la compra y todos los cables. Había masías donde aún se llegaba medio bien, y a otras no. Fue una época especial. Entretenida y bonita.
Historiadora y profesora, pero también archivera.
Sí, sí. Yo he mantenido siempre las dos cosas. He hecho clases de archivística y me ha ido muy bien, porque no es lo mismo enseñar estas cosas si no las vives desde los archivos. Por eso he seguido en ello.
¿Y ahora todavía continúa activa?
Jubilada de la universidad, ahora estoy en el Barcelona Supercomputing Center. Allí tenemos un proyecto muy potente de transcripción automática de textos medievales de los siglos XIII al XV.
Y sigue publicando. El último artículo va sobre ‘Civitas Fracta’. ¿Mataró se llamó así?
No. Civitas Fracta no es un topónimo. Es una calificación. Significa una ciudad rota, una ciudad en ruinas. Si tú piensas en “fractura”, cuando te fracturas un brazo, el brazo sigue siendo el mismo brazo: lo que pasa es que está roto. Pues aquí igual. No es que la ciudad cambie de nombre; es que se describe su estado.
¿A qué conclusiones ha llegado?
Civitas Fracta era el nombre del lugar donde se levantó la parroquia de Santa María, y no el reflejo de una doble jurisdicción ni de dos comunidades diferenciadas. No hay división jurisdiccional entre castillo y parroquia, porque ambos dependían del mismo señor. Esto de ‘Civitas Fracta’ no es, como se ha dicho, la prueba de una dualidad política o comunitaria.
¿No había una ciudad dividida en dos?
Había más de dos, de núcleos poblacionales. La realidad feudal de Mataró y de su entorno no respondía a dos poderes enfrentados, sino a una multiplicidad de dominios bajo una misma señoría principal.
¿Cómo lo ha averiguado?
Comparando toda la documentación. Toda. Qué significa “fracta”, dónde aparece, cómo aparece... Y vi que este “fracta” aparece en otros lugares, por lo tanto no es algo genuinamente nuestro. Cuando se utiliza, normalmente se está hablando de situaciones traumáticas, de ciudades rotas, pasadas, en ruinas.
¿Qué pasó?
Hay un momento en que Iluro entra en una fase de ruptura, de destrucción. Después hay una derivación hacia Alarona. Hay una catástrofe que derriba la ciudad. Pero eso no quiere decir que no haya nadie. Hay gente en Valldeix, en Mata, hacia Argentona… y después se vuelve a bajar y se rearticula el poblamiento. De aquel proceso sale esta idea de ciudad rota, de ciudad pasada, una ciudad antigua.
Y por qué se ha estado tanto tiempo dando vueltas a esta cuestión?
Porque yo he tenido una ventaja muy grande que otros no habían tenido: la cantidad de información que tenemos hoy, en el Corpus Documentale Latinum Cataloniae, por ejemplo. Ahora tenemos una visión mucho más panorámica, mucho más grande. Antes no se podía hacer así. Ahora puedes comparar mucho más, puedes ver mucho más el conjunto.
En Mataró hay tendencia a discutir mucho el propio pasado.
Sí, y eso a mí me gusta. Quiere decir que la historia está viva. Ca la Madrona todavía hace correr tinta, ahora. Unos dicen que aquello quedó abandonado del todo y otros dicen que no. Y están todo el día discutiendo. A mí eso me gusta, porque quiere decir que la historia importa.
Después de Ca la Madfrona cree que todavía hay arqueología por hacer en la zona?
Sí, sí. En Mata sobre todo. Y más zonas también. Se ha excavado, pero no lo suficiente. Los castillos y estos espacios son siempre muy amigos de dar sorpresas. Yo pienso que todavía hay cosas que encontrar, pero yo no soy arqueóloga. Ellos lo sabrán mejor que yo. En Mataró también: cada vez que se hace alguna excavación, siempre sale algo. Aquí sería más fácil.
¿Cómo era la Mataró medieval? ¿Era una ciudad importante?
No, no. Era muy pequeña. Con relación a Catalunya, era muy pequeña. Mataró crece sobre todo más adelante, especialmente a partir de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX. Aquí es cuando crece muchísimo.
El año que viene ya hará 40 años de su Premio Iluro. ¿Se quiere volver a presentar?
En Mataró se hace muy buen trabajo con el propio Premio Iluro, con los grupos de historia o con iniciativas como Maresme Medieval, en diferentes formatos. Hay que tener presente que hoy en día la gente se lee 20 páginas, pero no 400. Estamos muy condicionados por la rapidez. Y esto también influye. Hay gente que hace artículos más breves, muy bien hechos, y también hace muy buen trabajo.
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