Con 'La semilla del diablo', Roman Polanski nos dejó muy claro hasta dónde es capaz de llegar una madre para proteger su film. La madre-coraje de 'Tenemos que hablar de Kevin' (película que se proyecta jueves, día 10, al Teatro Monumental) también tiene que criar un monstruo diabólico, con la diferencia, este golpe, que la película no se inscribe en el género fantástico sino en el drama realista. El conflicto madre-hijo gana aquí en dimensión y profundidad y plantea un difícil debate moral: de qué parte se pone la madre de un asesino?
La película está dirigida por la cineasta independiente Lynne Ramsay, quién despuntó con 'Morvern callar' pero que desde entonces no había prácticamente hecho nada más. La directora se ha querido focalizar en el personaje de una madre que renuncia a su trayectoria profesional y casi a la vida personal para criar un hijo que se le resiste, pero con el que acabará para crear un extraño vínculo de sangre que al mismo tiempo la condena y le salva la vida.
Durísimo drama psicológico que por temática se emparenta a films como 'Elephant' o 'Bowling for Columbine', pero que cinematográficamente se sustenta en la notable interpretación de Tilda Swinton, en un papel que le valió una larga lista de nominaciones y reconocimientos. A nivel formal, destaca la apuesta de Ramsay para generar atmósferas claustrofóbicas y sensaciones angustiosas a través de los efectos de sonido, y de un interesante montaje que sobrepone acciones pasadas con el presente de la narración.
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