Carta del lector: Docents 83 se hace eco de los efectos de los desalojos en las aulas
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Cuando educar es hacer comunidad

El maestro Joan Puig reivindica en esta carta del lector las escuelas de una sola línea como una oportunidad para una educación más humana, coherente y de proximidad

Durante décadas he ejercido de maestro. Un oficio que considero, sin exagerar, uno de los más importantes que existen. No solo porque trabajamos con niños y niñas, sino porque trabajamos con personas. Y cuando tu trabajo consiste en acompañar a personas, acabas implicándote de manera profunda. Esa es la naturaleza de nuestro oficio.

La mayoría de profesiones forman parte de una cadena productiva. La escuela pública, en cambio, es un espacio humano. Un lugar donde la diversidad —de lenguas, de orígenes, de maneras de ser y de vivir— no es un obstáculo, sino una riqueza. Esa pluralidad es, precisamente, su mayor valor.

Por eso preocupa ver cómo se cierran líneas de escuela pública y cómo, tarde o temprano, esto puede conllevar el cierre de centros enteros. No es solo una cuestión de números: es una pérdida de oportunidades educativas y sociales. Cuando una escuela pública se reduce, también se reduce la posibilidad de educar en la convivencia real, aquella que no se puede simular en entornos homogéneos.

No se trata de oponer pública y concertada. Los maestros, en todas partes, aman su trabajo y quieren lo mejor para su alumnado. Pero sí es necesario señalar que muchas familias, a menudo sin mala fe, acaban eligiendo escuelas donde la diversidad es menor, convencidas de que eso equivale a más calidad. Y no siempre es así. Una escuela menos diversa es, también, una escuela menos representativa del mundo en el que vivirán los niños y niñas.

Reivindico, pues, el valor de las escuelas pequeñas, de una sola línea. Centros donde todo el mundo se conoce, donde los maestros saben el nombre de todos los alumnos, donde las familias forman parte de una comunidad real. Este modelo, lejos de ser una nostalgia, es una apuesta por una educación más humana y más coherente con la sociedad que queremos construir.

Cerremos líneas masificadas, si es necesario. Pero no cerremos la puerta a hacer escuela de verdad: una escuela que educa en la pluralidad, en la convivencia y en el respeto mutuo. Una escuela que, antes que instruir, crea comunidad.

Joan Puig, maestro (7-2-2026)

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