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No n'hi ha prou! Foto: R. Gallofré

Cugat Comas

La derrota más dulce de Mataró: un No n'hi ha prou! para enmarcar

La ciudad de las capgrossades la ha vuelto a hacer gorda en un acto abrumador y desbordante de plena madrugada en la Riera

 

Tempus fugit, que decían los clásicos. Tic-tac tic-tac, que hacían antes los relojes de pared. Cada cuarto de hora una campana gótica marca el tiempo desde el campanario de Santa María y en pleno tiempo de aplicaciones, alarmas y vidas monitorizadas el devenir temporal es algo inapelable. El calendario no se detiene y cada 60 segundos hacen un minuto. Por eso la simple presunción de intentar parar la cuenta atrás es, a efectos festivos, la mejor de las declaraciones posibles. Y si toda esta parrafada la traducimos a la realidad de Les Santes diremos que el ¡No n'hi ha prou!, que gobierna la penúltima noche de la Fiesta Mayor de Mataró, es precisamente eso: una derrota conocida porque el tiempo siempre gana y a la vez la mejor dulzura de la derrota porque durante bien bien una hora parece que esta vez sí que se pueda vencer.

El 29 de julio es un día que se levanta pesado pero con el regusto de otra madrugada mágica en Mataró. Con dos corazones latiendo por propuestas y generaciones diferentes —Marrinxa abajo en el mar, els Requisits en el Parc Central de toda la vida— y muchísima gente por todas partes, la combustión del ciclo festivo local se aprobaba en uno de los puntos culminantes. Si fuera una traca, uno de los truenos de más estrépito. Con una Riera donde no cabía nadie más, llena a rebosar, donde quien avanzaba lo hacía casi que a empujones, comenzaba en la 'no plaza' de delante del Ajuntament de Mataró un ¡No n'hi ha prou! de nota, para enmarcar.


Han hecho feria las tomas cenitales del espectáculo, porque permiten hacerse a la idea de lo que allí se produce. De donde no cabe nadie aparece —con gran colaboración de todos— un agujero hecho de brazos y corazones para que quepa justo una o dos figuras, una rotllana para un baile o un poco de camino para un giro. De lo imposible físicamente sale lo plausible emocionalmente. Y después de la salida alborotada, grupo a grupo, del Ayuntamiento vienen los bailes mezclados. Y al final la última Dormida de Les Santes. Todo pasa muy deprisa. Fluye, funciona, rueda. Es un juego perfecto y preciosista. Aquello futbolero de "jugar como nunca para perder como siempre". Cuando Robafaves ya hace visos todo el mundo quiere grabar el Virolai pero la guadaña temporal ya está a punto de cortar el acto. El 28 se convierte en 29 de repente. Y otra vez en medio del embrollo de la penúltima noche de Les Santes compartida aparece la sentencia del tiempo.

Mataró lo ha vuelto a hacer. ¡Un No n'hi ha prou! que es pura dinamita. Un acto electrizante y emocionante. Algo que parece que no pueda ser. Seguramente tres cuartos de capgrossada. Pero es genial. Y vale la pena la espera de todo el año para volver a intentarlo el próximo 28.
 

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