Hay pequeños detalles de Mataró que explican grandes historias. Solo hay que situarse delante del Ayuntamiento, levantar un poco la mirada y observar la fachada de uno de los locales comerciales de la Riera, actualmente ocupado por una popular zapatería. Allí todavía hay un diamante dibujado, testimonio discreto de un negocio desaparecido que formó parte de la vida de generaciones de mataronenses. Es el recuerdo de Can Diamant. Y detrás de este apellido se esconde una de las historias más singulares de la cultura popular local: la familia que durante décadas cuidó de los gigantes de Mataró.
Can Diamant, una tienda que era de todo menos convencional
La historia del comercio, recogida por el Museu Arxiu de Santa Maria a partir de las investigaciones de Pilar González-Agàpito, comienza con una barbería situada justo delante del consistorio. No era una barbería cualquiera: se confeccionaban pelucas destinadas a teatros de Barcelona, incluido el Liceu. Con el tiempo, Josep Maria Diamant transformó el negocio en un establecimiento que vendía prácticamente de todo según la época del año: figuras de belén, disfraces de Carnaval, material para verbenas y artículos de playa. Más adelante, el conocido como Pepito Diamant incorporó material deportivo, especialmente relacionado con el mar, una de sus pasiones.
- Can Diamant cerró definitivamente en 1989, pero su legado va mucho más allá del comercio.
Los Diamant, una estirpe imprescindible para los gigantes
El apellido Diamant aparece reiteradamente en la historia de la Familia Robafaves. Según la documentación gegantera recogida por el historiador Nicolau (Nico) Guanyabens, autor de Els gegants de la ciutat de Mataró, la participación de la familia en la conservación y transformación de las figuras se extiende durante varias generaciones. Ya en 1884, el peluquero Diamant intervino en la renovación de la imagen de los gigantes. En 1919, Manuel Diamant i Adrià coordinó una reforma que les devolvió una estética medieval. Y en 1930, Josep Diamant i Llobet ejecutó, bajo la dirección artística de Salvador Alarma, una de las transformaciones más importantes de Robafaves y la Giganta, que definió buena parte de su fisonomía posterior.
La aportación familiar no terminó aquí. Después de nuevas reparaciones de las tres figuras en 1949, Josep Maria Diamant i Montañés construyó a Maneló en 1950, siguiendo el diseño de Lluís Sabadell, y en 1964 reconstruyó completamente los cuatro gigantes utilizando estructuras de hierro y fibra de vidrio. De aquella intervención provienen las figuras de Robafaves y la Giganta actuales, a pesar de las restauraciones posteriores.
La pericia de los Diamant trascendió Mataró. Estas pasadas Santas, en TV Mataró, Nico Guanyabens, historiador y archivero, recordaba que en el año 1965 Terrassa encargó a Josep Maria Diamant la construcción de varios enanos, elaborados a partir de los moldes de las figuras mataronenses. Es por eso que algunos cabezudos egarenses se parecen extraordinariamente a los de Mataró. Una curiosidad que demuestra cómo el oficio artesano de los Diamant contribuyó a extender la imaginería festiva mataronense más allá de la ciudad.
Un pequeño diamante para recordar una gran historia
Hoy, Can Diamant ya no existe y la mayoría de peatones probablemente pasan por delante de su antiguo local sin conocer su historia. Pero aquel pequeño símbolo de la fachada recuerda una estirpe que contribuyó decisivamente a mantener vivos los personajes más queridos de Les Santes. Cada vez que Robafaves, la Giganta, Maneló y Toneta vuelven a bailar delante del Ayuntamiento, también hay un poco del trabajo de los Diamant. Y quizás esta es la mejor manera de entender el patrimonio: a veces, la historia más grande se esconde detrás de un detalle muy pequeño.
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