El título del artículo hace referencia a la diferencia entre las obligaciones estrictamente legales (competencia) y a la vez la responsabilidad ética, social y práctica de acción (incumbencia).
A nivel municipal no tenemos competencias en educación pero sí que nos hace falta involucrarnos y comprometernos con la planificación, porque nos incumbe la educación en nuestra ciudad. Así que no desfalleceremos en seguir trabajando para mejorar la planificación educativa.
Mataró no necesita más cierres: necesita planificación educativa para una escuela pública catalana y de calidad.
Cada primavera se repite el mismo ritual, sensación de déjà vu. Llegan las preinscripciones, se hacen públicas los datos de demanda y, casi de manera automática, aparece el anuncio del cierre de alguna línea de I3 en una escuela pública de la ciudad. La decisión se presenta como una consecuencia inevitable de la caída demográfica. Pero no es cierto. Lo que estamos viviendo no es una consecuencia inevitable de la baja natalidad; es el resultado de años de falta de planificación educativa.
La caída ya la sabíamos, no nos viene de nuevo. La disminución del número de niños era conocida desde hace mucho tiempo. Las administraciones disponían de datos demográficos suficientes para anticipar el escenario actual y preparar una respuesta consensuada con la comunidad educativa. Y no se ha hecho, lo de la incumbencia (porque nos ocupa y preocupa). En lugar de impulsar una planificación rigurosa de la oferta escolar, se ha dejado que la lógica de la libre elección de centro acabe determinando la organización del sistema educativo local.
Este planteamiento tiene consecuencias graves. Cuando la administración renuncia a planificar, las desigualdades entre centros aumentan, la segregación escolar se consolida y algunos barrios pierden progresivamente servicios educativos esenciales. La escuela deja de ser considerada una pieza clave de cohesión social y se convierte en una simple oferta sometida a las reglas del mercado.
En Mataró esta situación es especialmente evidente. Durante los últimos cuatro años, los ajustes de grupos han recaído exclusivamente sobre la red pública. Ningún centro concertado ha visto reducida su oferta, a pesar de que la caída demográfica afecta al conjunto del sistema. Además, los Servicios Territoriales del Maresme-Vallès Oriental han avalado la aplicación de ratios diferentes entre escuelas públicas y concertadas, alterando las condiciones comunes que deberían regir el proceso de escolarización.
Estas decisiones no solo generan desequilibrios entre redes educativas. También cuestionan el principio de prioridad de la oferta pública que establece la legislación educativa. El artículo 109.5 de la LOMLOE determina que las administraciones deben garantizar una oferta suficiente de plazas públicas. No parece coherente defender este principio mientras se producen los cierres exclusivamente en las escuelas públicas.
Cabe decir que Mataró, ha sido una ciudad ejemplar, pionera en lo que a la escuela pública se refiere, y en política pública cuesta mucho avanzar, consolidar y un suspiro en destrozar.
Así, el Ajuntament ha ido abandonando el liderazgo educativo que históricamente había ejercido. La ciudad había sido referente en políticas educativas innovadoras y en la construcción de consensos amplios. Hoy, en cambio, cuesta identificar una estrategia municipal capaz de influir sobre las decisiones de los Servicios Territoriales o de plantear una visión integral de la educación en la ciudad, que no por no ser competencia no debería ser de plena incumbencia.
Tan preocupante es el qué de la decisión como el cómo. Los mecanismos de participación han sido ignorados de manera reiterada. Las aportaciones del Consell Escolar Municipal y los posicionamientos aprobados por el Pleno del Ajuntament han tenido una incidencia prácticamente nula en las resoluciones finales. Los equipos directivos de los centros afectados reciben informaciones tardías y a menudo sin una justificación convincente. Las familias se ven obligadas a movilizarse año tras año para defender escuelas que forman parte del patrimonio educativo y social de sus barrios y ciudad.
La falta de planificación también se refleja en el estado de las infraestructuras. No existe un proyecto ambicioso de renovación y mantenimiento de los equipamientos escolares que permita afrontar los retos futuros. Cuando una ciudad deja de pensar su sistema educativo a medio plazo, acaba tomando decisiones de emergencia que no resuelven los problemas estructurales. "Pan para hoy, y hambre para mañana".
Por eso hay que cambiar de rumbo. La prioridad no debería ser cerrar líneas, sino construir una planificación educativa compartida. Antes de suprimir ningún grupo de I3, Mataró necesita disponer de una previsión de ciudad para los próximos cinco años que analice conjuntamente la evolución demográfica, la distribución territorial del alumnado, las necesidades de los barrios y el equilibrio entre las diferentes redes educativas.
La baja natalidad puede convertirse en una oportunidad para reducir las ratios en las aulas y afrontar con mejores condiciones los retos y complejidades. Si la reducción de grupos es inevitable, esta debe afectar al conjunto de la oferta sostenida con fondos públicos y no recaer sistemáticamente sobre la escuela pública. Hay que revisar los conciertos educativos en función de la realidad demográfica y abandonar la idea de que la planificación solo es exigible a una parte del sistema. Algunas propuestas al respecto:
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Establecer un calendario de trabajo conjunto entre Ajuntament y Generalitat que permita planificar la oferta educativa de 0 a 18 años con criterios de equidad, cohesión y sostenibilidad.
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Impulsar los cambios normativos necesarios para que esta planificación sea realmente integrada y adaptada a las necesidades de cada territorio.
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Y no menos importante es recoger la sensibilidad y el conocimiento de los docentes, y los nuevos retos sociales que también impactan en la educación, complejidades a las que hay que dar respuesta estructural y profesional.
La cuestión de fondo es sencilla: ¿queremos que la educación sea una política pública o una simple consecuencia de la competencia entre centros?
La escuela es un instrumento fundamental e indispensable para construir igualdad de oportunidades, cohesión social y futuro colectivo, la respuesta solo puede ser una. Mataró necesita menos improvisación y más planificación. Menos cierres y más proyecto de ciudad.
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